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Todos los Berti

Foto de portada: Wictoria Bosc

El fútbol es siempre una buena excusa para seguir conversando, para buscar argumentos donde no los hay. El fútbol en un país como Argentina es tal vez más que un simple tema de conversación: es una metáfora de la vida. La estrella y la memoria (2025, Impedimenta), la más reciente novela de Eduardo Berti es hija de esa idiosincrasia y reconoce algo que está estrechamente ligado a su cultura. El fútbol es una figura literaria y tiene una influencia idiomática hasta el punto de haberse arraigado en el habla. Eduardo Berti asiente y añade: “Las metáforas de fútbol se usan para las cosas más alejadas del fútbol y Maradona fue un generador de expresiones. Las más conocidas, me cortaron las piernas, la pelota no se mancha y todas las que quieras.

Dejando lo futbolero de lado, sin restarle importancia, de un escritor como Berti me apasiona el tema de la lectura y la figura del lector; la creación de mundos posibles y ese juego necesario de armonizar la realidad con la ficción o como decía Marcelo Cohen: “A veces para llegar a la realidad hay que dar rodeos…” Berti ha sabido emplear la máxima de Cohen en ambas direcciones, es decir, afrontando también la ficción valiéndose de la realidad.

Eduardo Berti conversó conmigo sobre su nueva novela, su obra y sus prácticas creativas. El intercambio estuvo guiado más por la curiosidad y la admiración. El artilugio periodístico ha sido siempre un flirt, un modo de convocar encuentros y acortar distancias. Mis preguntas quisieron abordar una carrera ejemplar, extensa y multifacética; para un lector como yo representó la concreción de un sueño: poder sentarme y dialogar con uno de mis escritores favoritos.

Eduardo Berti nació y creció en Buenos Aires. Actualmente vive en Francia, luego de unos años en España. A veces, irse es el modo más idóneo de estar cerca de eso que se deja atrás; creo que estoy parafraseando a Charly García o, tal vez, un sentir colectivo que aúna a quienes emigran. La Argentina que resuena en las páginas de Berti tiene un “qué sé yo” de nostalgia.

En historias como La sombra del púgil, Faster (cuando entrevistó a Fangio a los catorce años) o Un padre extranjero, el elemento autobiográfico interviene de manera consciente, con una sutileza que le permite al lector transitar un descampado cubierto de niebla donde pueden coexistir, sin conflicto, la realidad y la ficción. Son, claro, ejercicios literarios, y bajo ese embrujo todo queda justificado.

En ese mismo registro entre inquietud y probabilidad se inscribe su mirada sobre la inteligencia artificial. No le produce el terror que despierta en algunos, pero tampoco el entusiasmo ciego de otros. La diferencia —y parte de la inquietud que genera— radica en que, durante mucho tiempo, las máquinas tendieron a reemplazar trabajos que nadie quería hacer. Hoy, en cambio, avanzan sobre territorios que le dan placer y sentido a la humanidad.

En La estrella y la memoria Berti nos invita a explorar la ausencia a través de un coro de voces que ofrecen una versión a muchas manos de Eliseo Alegre, un chico que sabía jugar al fútbol como ningún otro, un talento que todos ansiaban y que Eliseo detestaba.

La estrella y la memoria es un texto inusual dentro del género de la novela. Es original y alternativo. Tenemos en nuestras manos un guion de edición para un documental. De dónde surge la idea y el modo de narrarla?

"Para mí el desafío pasa por probar otras formas, otras técnicas, incluso otro punto de vista, otra escritura, otro ritmo de escritura, otra velocidad, otra música"

 —A mí me gusta a veces meterme con formas que no son literarias, entre comillas, y ver qué sale de eso. Apareció casi como una idea abstracta al principio. ¿Qué ocurriría si a alguien le toca un don o un talento para algo que no le interesa en lo más mínimo? A eso después le añadí una segunda pregunta que lo empezó a volver más concreto. ¿Qué pasa si a mí me toca o a vos te toca el talento para algo que no te interesa lo más mínimo, pero es justo el talento que todos los demás sueñan con tener? Y ahí se empezó a encarnar y apareció el fútbol, casi como una evidencia. Intenté escribir algunas cosas durante años, pero no me convencía el punto de vista, el narrador. ¿Lo escribo desde un amigo de infancia? ¿Lo escribo desde un biógrafo? Cualquier punto de vista me parecía insuficiente. Lo dejé en un cajón, abandonado. Y hace unos ocho años, ordenando papeles encuentro una carpeta con viejos guiones de los documentales de historia del tango que yo hacía para el canal Volver. Yo venía del mundo de la gráfica y me improvisé como realizador de estos documentales. No tenía la menor idea de cómo se hacían los guiones y me inventé este método que era como se muestra en esta novela. Y viendo eso dije: esto podría ser una forma para un libro. Para mí el desafío pasa por probar otras formas, otras técnicas, incluso otro punto de vista, otra escritura, otro ritmo de escritura, otra velocidad, otra música.

—Lo que en un principio se manifestó como una limitación se tradujo en expansión.

Salgo del punto de vista único, puedo jugar a las versiones contrapuestas, a las versiones que se ignoran, a los puntos de vista que se complementan. Me permitió mezclar voces de distintos ámbitos sociales, profesiones, generaciones, edades, sensibilidades distintas. La gente que lo conoció realmente, la que creyó haberlo conocido y los que no lo conocieron en absoluto. Lo que abona también a la idea de mito. También me abrió la mirada y me permitió contar también el pueblo. Y volvemos un poco a esta idea tan de OuLiPo que las restricciones liberan…

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Eliseo, el protagonista de ese proyecto documental, es una figura envuelta en el misterio. El realizador de la cinta es un moderador, si se quiere, que ordena una multitud de voces que cuentan a Eliseo y su relevancia para un pueblo perdido de la Patagonia. No hay material grabado, ni cámaras super 8, ni nada de la tecnología de la que hoy disponemos. Queda confiar en los testimonios, en las historias de sus amigos y sus compañeros de equipo, en la gente que lo fue a ver a la cancha. Podría decirse que esa ausencia lo hace aún más plausible.

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—El primer impulso cuando uno empieza a leerla es irse a Google y ver quién es Eliseo Alegre. Existió, no existió.

Google nos cagó la vida a los escritores. Borges nos mandaba caballos de troya por todas partes y nos metía dentro de un escritor que existe un libro que no escribió, o dentro de una enciclopedia un artículo que no existe. No teníamos Google para sacarnos la duda de inmediato y teníamos que trabajar mucho para saber si era verdad.

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El primer Berti, si se le puede llamar así, es más cercano a la influencia de un Borges de los mundos posibles. Hay un distanciamiento aposta entre el autor y la nomenclatura de los protagonistas; hay una separación geográfico-temporal que permite que tanto el autor como el lector puedan perderse o dejarse llevar hacia esas versiones de realidades posibles. El pacto ficcional de la suspensión de la incredulidad es un acuerdo recíproco para mantenerse sobre el sendero narrativo.

Cuando uno revisa la bibliografía de Berti, particularmente sus novelas, se nota un punto de inflexión que establece un claro cambio de dirección, aunque su voz y su estilo se mantienen como guías de su propio catálogo. Como dice Alessandro Baricco: “El estilo es aquello que une el cielo y la tierra – el cielo de las historias y la tierra de la realidad. Por lo cual, narrar es el arte de largar una historia, una trama y un estilo bajo la fluidez de un gesto único.”

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—Después de El país imaginado, que fue como la antípoda a todo nivel, sentí que algo se había quebrado. Tal vez por convicción estética, o por inseguridad, yo no me permitía usar primeras personas más cercanas a mi biografía y empecé a permitírmelo. Me gusta más lo que ocurre en esta especie de segunda fase donde todo es un poco más híbrido en muchos sentidos. Me parece una mezcla de autobiografía y ficción. Y eso se dio, porque me costaba mucho escribir el libro que yo quería escribir después de El País Imaginado, que era Un padre extranjero, me costaba mucho escribir sobre mi viejo. A eso se sumó la invitación de un hospital en Burdeos, y yo iba a escribir un textito y terminé escribiendo un libro que es Una presencia ideal. Todas esas cosas me conmovieron y me corrieron de eje. Crecí leyendo a Borges, a Cortázar, donde creo que la invención era enorme y siguen siendo escritores fundamentales para mí, pero fui abriendo mi paleta y salí de esa cosa de pensar que el camino de la literatura estaba en la invención o en lo estrictamente imaginativo. Me autoconvencí en un momento en el cual necesitaba separar al periodista del escritor.

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La entrevista avanzaba y los tópicos se diversificaban. Una pregunta llevaba a la otra. Hablamos de su imperiosa curiosidad por aquellas épocas que no había vivido, “por los tiempos idos”. El tema de la diáspora y la correlación con el tema de la amistad como un valor dentro de la cultura argentina, una red que equilibra los desbalances de otra índole. Hizo mención al ensayo de Eduardo Mallea Historia de una pasión argentina (1937) donde la amistad se presenta como un espacio vital para la sensibilidad y el combate contra la soledad. Borges estaba convencido que se trataba de una apología de la amistad. (Encontré una foto del aniversario de la revista Sur donde está Mallea junto a Borges, Bioy y Ocampo, entre otros)

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—Hay una tendencia mucho más marcada en el mundo anglo, casi un sub-género de textos sobre cómo escribir. Tengo la impresión de que los escritores latinos (e incluyo a italianos y portugueses) prefieren verse primero como lectores. Alberto Manguel dice que la lectura precede a la escritura. Pienso también en Ricardo Piglia, que lleva al lector a un lugar privilegiado. Sobre tu libro Círculo de lectores hablaste, en otra entrevista, sobre la singularidad de cada lector y los efectos que tiene la lectura en cada uno. Enfatizaste la idea de la lectura como depósito de la imaginación. ¿por qué crees que se dan estas tendencias tan opuestas?

"Nabokov no me promete, no me vende un atajo. Al contrario, me estaba diciendo, anda y ve qué te pasa, a ver si encuentras lo mismo que vi yo, o ver qué encontrás vos"

Es cierto. Tengo un amigo inglés que leyó mi libro Método fácil y rápido para ser lector (2023) o la versión española Maneras de leer – Pequeño obrador de lecturas potenciales (2025) y estaba sorprendido, me decía que (un libro así) es raro en el mundo de habla anglófona. Pocos libros me iluminaron más que las lecciones de Nabokov, que son las lecciones de un lector. No te dice cómo hay que hacer un libro, te dice cómo él leyó esos libros. pero pocas veces yo aprendí tanto y me admiré tanto y entendí tanto y me dio tantas ganas de probar cosas como ese libro. Nabokov no me promete, no me vende un atajo. Al contrario, me estaba diciendo, anda y ve qué te pasa, a ver si encuentras lo mismo que vi yo, o ver qué encontrás vos. Y lo que me daba es ganas de seguir leyendo otros libros, un poco en su clave, y también para ver cuál era la mía, que era lo que yo encontraba como lector.

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Hay muchos Berti, eso está claro, Me pregunto si abordarlos todos o concentrarme en los trazos más emblemáticos. Está el Berti periodista donde adquirió fuero y le permitió ser testigo de vivencias únicas: por ejemplo, el libro-entrevista con Luis Alberto Spinetta. (Si nunca escuchaste al flaco te invito a que lo hagas ya.) El Berti documentalista que excava en las profundidades de la historia contemporánea, donde aprendió métodos de organización que ha trasladado a su trabajo literario, del mismo modo que Murakami se relaciona con el jazz a la hora de escribir. El Berti posmoderno donde ficción y realidad, sueño y fantasía participan del mismo relato. El Berti extranjero que elije Francia y no España. El Berti amigo, hijo, padre y su constante búsqueda por esos tiempos idos. El Berti innovador que propone vías alternativas… Bueno, también se viene el Mundial, podemos seguir por ahí.

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