Para conmemorar el 90º aniversario de la Guerra Civil, José Ángel Mañas recrea en Zenda, día por día en esta sección, lo que aconteció en 1936, quizá el año más trascendental de toda la historia reciente de España. En los dos primeros meses cuenta con la colaboración de Íñigo Palencia.
Martes, 14 de enero de 1936: El tataranieto de Darwin
Nobody understands why you’re doing this, John. You don’t have to prove anything. Those people are not your family!
—But you’re not a working-class lad, John. I’m not, either.
—It doesn’t matter… as long as you believe in them and in the revolution.
Aquel grupo de estudiantes de Cambridge, pese al frío, salió a pasear por uno de los campos que rodeaba la prestigiosa universidad. Allí seguían acudiendo los retoños de la aristocracia y la alta burguesía inglesa. Con sus bufandas y abrigos, los jóvenes de mofletes sonrosados y ojos claros se detuvieron al pie de un roble en cuyas ramas más altas jugueteaban dos ardillas. John Cornford, el tataranieto de Darwin y el único que llevaba una provocativa cazadora de cuero, fijó la vista en el cielo plomizo, encapotado. Había llovido esa mañana. Siempre llovía en Inglaterra y el clima tan sostenido hacía que los inviernos británicos resultaran largos y antipáticos…, especialmente para quien soñaba con viajar a otros países.
—Pero lo tuyo no es Marx —insistió Bernard Knox, que lo conocía bien—. A ti lo que te atrae, John, no es Rusia. Es la aventura. Estás deseando conocer otros mundos. Siempre lo quisiste. Solo buscas una excusa. Tu alma, como dice el poema, solo estará contenta en algún lugar fuera de este mundo. Eres como Byron, y por eso reniegas de tu familia y de tu país. Tú estás a disgusto con todo, John. Admítelo: eres un romántico más que un revolucionario.
—¡Pero cómo voy a estar a gusto aquí, con todo lo que está sucediendo en Europa! ¿Acaso no os dais cuenta? Ahora Mussolini, mañana Hitler, ¡y Dios sabe qué será lo siguiente! En España se habla de que se está preparando un golpe de Estado. Avanza el fascismo, con una sombra tan negra como esos nubarrones, y tarde o temprano habrá que intervenir. La política miserable de Stanley Baldwin nos está hundiendo en la más profunda miseria. ¡Y este país nunca fue cobarde! Cuando los españoles nos enviaron su Armada, nos opusimos y los batimos. Cuando Napoleón nos quiso invadir, nos opusimos y lo batimos. Y ahora que los nuevos tiranos se agitan en Europa para someternos a su yugo, ¿no haremos nada por impedirlo?
—¿Eso habéis hablado en la reunión del Partido, John?
—No. Hemos hablado de la situación en España y de cómo las izquierdas se están organizando para echar a las derechas del poder. Desde que se desalojó a Azaña del Gobierno, los contrarrevolucionarios no se cansan de poner palos en las ruedas de la República: han paralizado la reforma agraria, las leyes de educación, las congregaciones religiosas están recuperando su poder, y actúan de tal manera que todo lo legislado anteriormente queda en papel mojado. Se está organizando, al igual que en Francia, otro Frente Popular. Y nosotros los vamos a apoyar. Y, si no ganan las elecciones, los camaradas españoles andan preparando la revolución que no pudieron culminar en octubre del 34, y también les ayudaremos. No permitirán que las derechas sigan en el poder. Es ahora o nunca: o gana el Frente Popular o habrá guerra abierta en España, amigos míos. Y no sé vosotros, pero yo lucharé en ella.


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