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Síntomas: Acción directa de la juventud, por María Zambrano

Síntomas: Acción directa de la juventud, por María Zambrano
La pensadora expuso con frecuencia sus ideas en la prensa. En este artículo, publicado con solo 26 años, María Zambrano aborda dos de sus temas recurrentes: la juventud y la mujer, que consideraba dos fuerzas que transformarían la humanidad. Sección coordinada por Juan Carlos Laviana.
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El cambio que en la técnica de la sociedad moderna está produciendo la intervención de la juventud será debido —se nos parece— quizá más que a lo que de sustantivo nos traiga su actuación, al modo y forma en que ésta se efectúa.

Creer que la juventud no se manifestó hasta ahora con energía y entusiasmo es padecer una cortedad de vista tal que bien puede confundirse con la ceguera absoluta. Siempre se manifestó la juventud como tal, es decir, como masa y como tal juventud. Cuando alguien aún perteneciente por su edad a ella se individualizaba, dejaba de ser joven, es decir, de sentirse miembro a parte integrante de la juventud, de la «generación», como ahora es moda decir, para ser él mismo, él solo, diverso e intransferible.

"Predominaba de manera exclusiva la masculinidad madura, y sus notas, los caracteres típicos de obrar del adulto varón, eran considerados los caracteres esenciales de toda acción"

La diferencia está únicamente —creemos— en que antes la juventud como tal, es decir, como grey, masa o grupo, no actuaba directamente más que por explosión, es decir, en esas formas violentas y momentáneas, quirúrgicas, del mitin, la rebelión, la subversión temporal.

En lo demás, es decir, en la continuidad de los días, también actuaba la juventud, mas de manera difusa e indirecta, lo que podríamos llamar por irradiación. Actuaba a la manera femenina, y es que ambas, juventud y feminidad, estaban disminuidas en su valoración. Predominaba de manera exclusiva la masculinidad madura, y sus notas, los caracteres típicos de obrar del adulto varón, eran considerados los caracteres esenciales de toda acción. La juventud y la feminidad —hermanas en indeterminación y resistencia— no llegaban a obrar, a accionar, irradiaban, influían más que humana, física, cósmicamente.

Hoy es el momento en que el ámbito de lo humano se enriquece con estas aportaciones nuevas, inauditas, del joven y de la mujer. Estas dos fuerzas, que en la Historia humana habían sido algo así como el fondo de reservas que todo avance necesita dejar detrás de sí: riqueza indisponible y recinto donde es siempre posible volver después del fracaso (la pasividad de esas fuerzas era tanta como tener la retirada cubierta), han decidido ahora incorporarse a la acción, al cuerpo de ejército que está en la línea cerrada del combate.

"¿Hasta dónde es posible que lo indeterminado sea capaz de acción precisa y continuada?"

Y ante este fenómeno peligroso como todo lo profundo, surgen por lo pronto estas dos preguntas. ¿Hasta dónde es posible que lo indeterminado sea capaz de acción precisa y continuada? La acción verdadera siempre es engendrada por un fin concreto y claro; ¿hasta dónde es posible que lo todavía informe y cáustico sea capaz de acción en su estricto sentido? ¿No será una imposibilidad vital este ansia de acción directa de la juventud —y de la feminidad—?

El otro problema sería: dado que sea posible esta incorporación total al ejército actuante de estas dos fuerzas hasta ahora dormidas, ¿no sería, no cabe pensar que fuera una catástrofe?

¿No cabe pensar, por el contrario, que fuera la mayor complejidad y enriquecimiento de la vida humana que hayan contemplado los siglos? Trataremos de averiguarlo.

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Artículo publicado en Nueva España el 1 de noviembre de 1930
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