Foto: Leandro Teysseire.
Santiago Loza es escritor y cineasta, nacido en Córdoba, Argentina, en 1971. Entre sus últimas películas se encuentran La paz, Si estoy perdido no es grave, Malambo, el hombre bueno, Breve historia del planeta verde, y Amigas en un camino de campo. Participó en diferentes festivales y fue premiado en Cannes, Berlín, Rótterdam, Bafici, entre otros. Además, ha sido distinguido con el Premio Konex y con el Premio Nacional de Cultura 2021. Participó en el Programa Internacional de Escritura (IWP) de la Universidad de Iowa y en el Programa de Escritores de Shanghái. Ha escrito una veintena de obras teatrales que se han estrenado en Argentina, Uruguay, Brasil, España, Francia y Estados Unidos. Publicó las novelas Yo te vi caer, El hombre que duerme a mi lado, La primera casa y Un espíritu modesto; sus textos teatrales en Textos reunidos, Obra dispersa y Empiecen sin mí, también los libros de no ficción Nadadores lentos, Diario inconsciente, Pequeña novela de Oriente y del libro de poemas híbrido Archivo Madre, publicado por Vinilo Editora en 2025 con ilustraciones de la arquitecta y dibujante Júlia Barata. Presentamos una selección de poemas de Noventa y nueve naturalezas muertas, libro de poemas publicado por Gog & Magog en 2023.
***
Arbolito
Aquí les dejo
este arbolito que pinté.
Tiene raíces entreveradas
poco espacio para el follaje
ramas marrones.
No tenía ganas de pintar
me obligué, me di maña.
Allá lejos
los árboles dorados de Monet
y otros ejemplos ilustres.
Pinté algunas hojas con la punta del pincel
gotas verdes sobre el blanco.
Patricia me aconseja que haga un soporte
una base
un piso
una tierrita
algo.
Habla de acuarelas orientales
manchones
donde crecen arboledas de otoño
se agrupan, se amontonan
un bosque se adentra en el borde oscuro.
Yo sigo, insisto.
Es el segundo árbol de mi vida.
El primero fue en un test
hace años
lo hice temeroso
de que las formas me delataran.
Porque un árbol nunca es
tan sólo un árbol.
Húmedo sobre seco
sigo
hago el entorno
también el cielo
aguado
neutro.
***
Una vez
No hicimos el Camino del Inca
tampoco nos preparamos para el sol
que estaba muy cerca de las ruinas
compramos unas gorras
caminamos en fila
sacamos pocas fotos
en el tren que nos devolvía al Cuzco
nos reímos de otros turistas
que hacían más o menos
lo mismo que nosotros
las camareras dejaron de vender comida
y se pusieron a desfilar ponchos
me levanté para estirar las piernas
fui al baño
y en la ventanita chica
vi de pronto un cielo rutilante
desmesurado
estrellas agolpadas estallaban la noche
y me quedé mirando
eso que los antiguos veneraban
y llamamos firmamento
con todo su misterio
y algunas esperanzas
***
Terraza
Tenés un perrito diminuto, Sultán
en la terraza, esa estepa verde, pintura seca
buscábamos un poco de sol en invierno
cada quien por su cuenta
nos encontramos y te di charla
pregunté por tal o cual
hablamos del portero y los vecinos
después silencio
pregunté más
a qué te habías dedicado
en la vida anterior
bióloga especialista en hormigueros
me contaste de tus viajes al Chaco
las formas perfectas que crean los insectos
esa arquitectura abajito en la tierra
se te puso luminosa la cara
habías trasladado infinitos hormigueros
en cajas, bolsos, aviones y colectivos
dijiste más, guardabas
algunos debajo de tu cama
no los querías tirar todavía
te felicité por la vida pasada
y en otro silencio me disculpé
tenía que hacer cosas
lo cual no era cierto
un gusto encantada
hasta pronto
y me quedé con ganas de charlar
cuando bajaba me pregunté
si nos haríamos amigas
en la próxima decrepitud
si compartiríamos alegrías y desdichas
o tan sólo nos volveremos a encontrar
casi sin querer
cada tanto
algún otro día
***
Despedida
Como voy a morir esa mañana
miro todo de más
camino por veredas otoñales
admiro el sol tenue
y todo el tránsito de gente
escucho demasiado
el corazón golpea
entro a una librería
compro un cuaderno
es un acto de fe
hojas blancas
de marca “Maratón”
220 pe
(el que cobra se llama Juan)
hay un cartel
dólar cambio a 220 pe
sigo temblando
una madre reta a un niño
le dice Manuel quedate quieto
sigo temblando
pienso
con este miedo escribiré un poema
eso me calma
un rato
sigo
el amigo que me acompaña
me cuenta que varias veces
entra un pichón desorientado a su casa
no lo puede sacar
se choca con las paredes
cuando lo olvida, sale
vuela, desaparece
la enfermera se llama Esther
hay otra pero no retengo el nombre
es enorme, como una montaña
son amables
antes de apagarme quisiera nombrar todo
me duermo
sobrevivo como siempre
tengo un resto
me asusto mucho
no soy una persona estoica
prometí no quejarme más
prometo mucho en el apuro
después me olvido
pasamos una mañana linda
dice el amigo
claro, repetimos alguna vez
digo por decir algo.


Zenda es un territorio de libros y amigos, al que te puedes sumar transitando por la web y con tus comentarios aquí o en el foro. Para participar en esta sección de comentarios es preciso estar registrado. Normas: