¿Y si se apagaran las luces y se prendiera el infierno? ¿Hasta qué pozo emocional puede descender una persona? ¿Qué es lo que condena nuestras acciones? Quizás sean algunas de las cuestiones que se hacen aquellos que se encuentran detrás de los muros de la prisión de Pademba, en Sierra Leona, país cuyos habitantes están entre los que ocupan peor lugar del ranking de desarrollo humano (IDH). En Pademba los reclusos se hayan en condiciones inhumanas por delitos que, en muchos casos, no han llegado a cometer. No tienen agua, comida, luz eléctrica ni asistencia legal. Muchos padecen abusos sexuales, mientras que otros manifiestan una alta desnutrición, llegando a pesar tan solo treinta kilogramos. El cineasta Raúl de la Fuente expuso estas condiciones en el documental Libertad, donde se aprecia la profanación de la vida de estos reclusos, entre los que se encuentran niños y adolescentes. El misionero salesiano Jorge Crisafulli, quien ha tenido acceso a los presos, llegó a decir: “Tratamos de ofrecerles un poco de paraíso en medio del Infierno”.
La Parroquia se concibe como una rationem carceris, un calabozo metafísico que, a través de reverberaciones comunicantes, adopta las formas y horrores de territorios vecinos. Este término presuntamente se le atribuye al Papa León l en sus escritos personales —en los días de inquietud previos a su encuentro con el caudillo Atila—, como una región donde los seres más densos de la creación habitan.
Y es que el destino último de este camino es hallar al Cavador, una entidad antropomórfica que influye en el caos de la existencia, puesto que Agnés busca lograr un cierto equilibrio entre fuerzas maniqueístas. Así, el lector discurre por una cosmogonía con decenas de imágenes en las que confluyen planos de realidades divergentes, desde monasterios desolados, bosques de llamas sempiternas y mansiones subterráneas, sin pasar por alto la cárcel de Pademba. Un peregrinaje atestado de seres oníricos, de errantes y abominables engendros que aguardan para abordar cuestiones morales: la dríade Cárcava, el cruzado Toro de Acre, el religioso Arcadio, el demiurgo Aherrojado, etc.
El mecanismo que hace funcionar lo anterior se asienta en una prosa barroquista pero funcional, que permite dinamizar las líneas argumentales sin caer en la plena confusión literaria. En todo momento se juega con los tiempos narrativos y lo que se revela argumentalmente —siguiendo el principio del rifle de Chéjov—, con el propósito mismo de que el lector acepte dicha extrañeza como reto en su lectura. No entraré a valorar lo que la obra de Aparicio le puede deber a la literatura expresionista, pero sí quiero dejar constancia de la influencia del absurdo existencial de Franz Kafka en el desarrollo de esta novela, a la hora de plasmar atmósferas, circunstancias y sucesos:
Pese a la inesperada ferocidad de su llamamiento, la campanilla no produjo más que un susurro…, incluso cuando, soltada con aprensión, rodó por la barra, lo hizo con un siseo hueco y cayó al suelo. Pero el Vicario supo interpretar la urgencia de quienes lo convocaban. Emergió por el hueco de la puerta que había tras la recepción, una suerte de trastienda envuelta en sombras. Diríase humano, mas antropomórfico bastaría para definirlo a simple vista. Su cabeza, desproporcionadamente grande y ancha, asomó coronada por un gorro cónico de tela raída y descolorida, alto y desproporcionado también, a tenor del tamaño de su cuerpo, apenas un palmo mayor que Agnés.
Basta leer una página para percibir el constructo que ha formado Aparicio: la realidad es confusión, un lienzo sobre el cual la humanidad plasma sus actos, muchos de ellos cuestionables. Con el avance de Octavio y Agnés en su viaje se delibera acerca del suicidio, el asesinato, la pederastia o la violencia sexual, dictaminando hasta qué punto merece la pena la redención o salvación humana. Por ello, Señora de los caídos es una obra de contrastes, de regresiones y evasiones espaciotemporales que nos sumerge en la más profunda y capciosa dimensión: la mente humana. A veces, en esto radica el verdadero infierno.
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Autor: Álvaro Aparicio. Título: Señora de los caídos. Editorial: El Transbordador. Venta: Todos tus libros.


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