Aunque Hamnet se preocupa de advertirnos en su prólogo que en el terruño de William Shakespeare lo mismo da Hamnet que Hamlet, existe algo precioso en asistir al film de Chloé Zhao sin tener ni idea de su argumento, de la clase de poco académico biopic de la primera figura de las letras británicas que está acometiendo la producción de Steven Spielberg. Imagino descubrir, cual giro a lo El sexto sentido, de qué está hablando Zhao, la verdadera identidad de los personajes de la hipnótica película, en alguno de los momentos clave de su segundo acto. La sinopsis oficial del film y la lógica campaña de promoción del film se encarga de romper la ingenuidad del romance.
Lejos de facturar un drama familiar depresivo, la película de Zhao explora las fronteras entre la realidad y la ficción, entre leyenda y verdad, igual que lo hace con las grietas de un matrimonio auténtico. La sensación de lucha contra un mal augurio invisible es constante, como también una cualidad mágica, irreal, que se inicia con la sensualidad de Paul Mescal y Jessie Buckley y que las imágenes fotografiadas por el polaco Łukasz Żal, habitual de Paweł Pawlikowski (Cold War) se encargan de continuar. La directora está desquitándose de la complicada experiencia de dirigir para Marvel The Eternals, el que, por otro lado, podría ser el único film de la factoría que intenta hacer algo genuino en los últimos años.
Zhao rompe clichés de biopics femeninos otorgando una hondura poco habitual al partenaire masculino, al que Mescal presta toda su vulnerabilidad, y precipita un desenlace catártico pocas veces vivido recientemente. Por el camino, la atmósfera misteriosa y un poco tenebrosa de sus imágenes sostiene un relato sensorial, elegante y poco pretencioso.
Pero es Jesse Buckley quien se lleva la palma (de oro) en secuencias como el del relato de Orfeo y Eurídice inserto en la historia de Agnes y Will, o en un abrumador desenlace teatral que prefiere lo sentimental a lo cerebral, emociones fuertes antes que reflexiones abstractas. Calificar en pleno mes de enero a Hamnet como uno de los films del año suena aventurado, sobre todo con una contendiente tan a la moda en los Oscar, pero el relato de muerte, amor y mito que propone Hamnet se nos antoja menos político y más universal que el de Paul Thomas Anderson.


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