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¿Pero tú te has leído el guion?

¿Pero tú te has leído el guion?

Es curioso lo que ocurre con los guiones de películas. El mejor guion posible es aquel que da lugar a la mejor película posible. Eso es evidente. Sin embargo, la vida del guion se enfrenta a mucho más que al reto de dar lugar a una película.

El guion es leído. El que lo escribe podría cometer el error de pensar que ha de escribirlo de forma que contenga todo lo necesario para que siguiéndolo se obtenga esa película que se pretende al escribirlo. Tremenda equivocación.

En la industria del cine, para poder terminar siendo una película, un guion primero ha de ser leído por mucha gente. Pero ninguna de estas personas va a ver al leerlo la misma película que ve el autor del guion. Y sin embargo, sobre todo cuando el autor del guion termina siendo también el director de la película, la impresión que todas estas personas tengan al leer el guion va a ser importante a la hora de decidir si este nunca pasa a ser película o si, por el contrario, tiene luz verde.

"El guionista escribe un guion que pretende ser visto en forma de película, pero lo hace pensando en que será leído por terceros"

Por lo tanto, el guionista escribe un guion que pretende ser visto en forma de película, pero lo hace pensando en que será leído por terceros. Lo escribe a sabiendas de que nunca va a llevarles al mismo lugar exacto al que él pretendía que les llevase al escribirlo, y en el que lo más importante es que la impresión que genere sea más positiva que acertada.

El guionista no quiere que todo el mundo termine de leer el guion con la idea exacta de la película, lo que quiere es que terminen de leer el guion convencidos de que merece la pena que esa película se lleve a cabo.

Esto tiene como resultado que los guiones, a menudo, terminan siendo cómodos de leer, pero parcos en detalles sobre cómo han de plasmarse en la pantalla.

Esta existencia conflictiva del guion como algo necesario a la vez que engañoso a lo largo de la historia de nuestro cine ha alcanzado cotas difíciles de entender si no se conoce la doble naturaleza del mismo.

Por ejemplo, había quien en guion siempre incluía una escena de una corrida de toros para que fuese tenida en cuenta en la planificación y, más adelante, poder prescindir de rodarla para hacer uso del tiempo asignado a la escena taurina para rodar otras secuencias.

"Ahora bien, ¿Qué es un tratamiento? Algo que dista mucho de ser un guion y que se lee en menos tiempo"

Otra peculiaridad, un tanto trágica en mi opinión, de la vida del guionista, es el tratamiento. Uno crece viendo películas, guiones plasmados en imagen y sonido, y así va moldeando su imaginación y su creatividad de acuerdo con sus gustos. Si ha prestado suficiente atención, ha visto suficientes películas y tiene capacidad para trasladar todo lo inconsciente y conscientemente adquirido, dará forma a buenos guiones y, sobre todo, a guiones personalmente suyos. Le habrá llevado una veintena de años de ver películas y otros muchos años de escribir y escribir.

Con suerte, después de todo este esfuerzo logrará escribir un gran guion. Y con ese guion irá a hablar con productores y distribuidores. Y tendrá confianza e ilusión en su guion. Será entonces cuando aprenderá que muchos no quieren leer el guion, quieren leer un “tratamiento”. No es este el caso de los actores. Con ellos ocurre lo contrario: todos quieren leer el guion. Emociona al verlo.

Ahora bien, ¿qué es un tratamiento? Algo que dista mucho de ser un guion y que se lee en menos tiempo. Entonces, ese guionista se enfrentará a la triste realidad actual de la industria: Él, su talento y su capacidad, entrenados durante una vida entera para dar forma a buenos guiones, serán juzgados tanto como lo será su guion en la escala de todos los guiones que se han escrito, no por el guion que ha escrito, sino por el tratamiento de este último.

"¿Cuántos grandes guiones nunca han llegado a rodarse por pecar de tener un mal escritor de tratamientos al frente?"

Porque leer un guion lleva demasiado tiempo para nuestra industria. Esta, junto a la crítica y los espectadores parecen estar de acuerdo en que la mayoría de las películas que se hacen, es decir, la mayoría de los guiones a los que se les da luz verde, que, en muchos casos es lo mismo que decir la mayoría de los guiones que no son leídos enteros por según quien (a menudo solo el tratamiento), son malas películas y, probablemente, antes fueron malos guiones. ¿No sería mejor leerlos?

¿Cuál es la respuesta de la industria? En los cursos de guionistas se incluye la formación sobre cómo escribir un tratamiento.

Salvando las distancias, es como juzgar a un asesino, no por los hechos, sino por su capacidad para contarnos lo que, aunque no sean los hechos, a él, sin duda, le gustaría que fuesen.

¿Cuántos grandes guiones nunca han llegado a rodarse por pecar de tener un mal escritor de tratamientos al frente? ¿Y cuántas películas malísimas, con guiones pésimos, sí han visto la luz gracias a un hábil escritor de tratamientos?

Es curioso como en la vida del guion, solo después de haber servido para todo lo demás, sirve para hacer la película. Y, sin embargo, esta última ha sido siempre su única labor real

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David
David
1 hora hace

Creo que el hecho de que un guion cinematográfico se convierta en película, depende de tantos factores externos y ajenos a la calidad de la obra, que conseguir llevar a cabo un film, es harto complejo. Hay, ante todo, factores comerciales en juego, se vende mejor lo nuevo que lo bueno, como siempre. La industria se vuelca antes por una idea comercial, que por una idea inteligente o interesante. Tal vez sea también, porque el público que acude a ver esas obras tampoco busca nada más allá del simple entretenimiento. Huimos de lo complejo, de lo que nos haga pensar, buscamos que nos den hecho todo, sentarnos y no tener que pensar. Como en todos los campos de la vida, la degradación está servida.