Inicio > Series y películas > La cuarta pared > ¿Adaptar o morir?

¿Adaptar o morir?

¿Adaptar o morir?

Parece haber un consenso casi universal sobre la necesidad innata que tenemos los seres humanos de contar historias. Es un consenso del que la mayoría participamos de forma inconsciente cada vez que nos levantamos por la mañana y le contamos a otro o a nosotros mismos casi cualquier cosa. Básicamente, nos explicamos a nosotros mismos y al resto, ante nosotros mismos y ante el resto, de forma narrativa. Nada nuevo por aquí. Uno mira hacía atrás, siglos y siglos de historia y prehistoria, y resulta evidente que entre las condiciones necesarias de nuestra especie se encuentra la narrativa. Somos seres narrativos. Se podría decir que el ser humano o es narrativo o no es.

Y ahí entra el cine. En el siglo XX se construye una industria gigante en torno a una nueva forma de hacer lo que siempre hacemos, narrar. Y rápidamente, en los años 20, aparece una diferenciación entre dos formas de hacer cine. Forma uno: el cine del dinero (el que se explica desde la rentabilidad). Forma dos: el cine independiente (el que se explica desde la posibilidad). Uno se hace dentro de una estructura de grandes empresas, tiene más fondos, arriesga más dinero y, por lo tanto, responde en mayor medida a intereses económicos de esta o aquella empresa. El otro, buscando huir de las trabas que se encontraban muchos para dar rienda suelta a sus ideas, para poder narrar lo que quieren narrar en ese sistema de grandes cheques, acepta existir fuera de la comodidad material que otorgaban las grandes empresas y su enorme capacidad de financiación. Narremos, pero narremos nuestras historias.

"¿Y si tienes una buena historia que no es una adaptación? Si tienes una historia que no es una adaptación, no tienes el público que ya conoce el libro"

Y pasan casi 100 años y yo empiezo a asistir a conferencias, charlas y eventos sobre cómo sacar adelante una película independiente. Una de esas películas que ya aparecían en los años veinte. Y para mi sorpresa descubro que en el cine independiente, igual que en el nada independiente, está más extendida de lo que uno esperaría la idea de que para que un proyecto eche a andar, el primer paso es adquirir los derechos de una IP (Intellectual Property). Esto significa adquirir los derechos de una obra o marca preexistente, es decir, comprar los derechos de un libro, de un guion, de otra película, de unos personajes, etc. Adaptaciones.

¿Y si tienes una buena historia que no es una adaptación? Si tienes una historia que no es una adaptación, no tienes el público que ya conoce el libro, el personaje o la película que precede a la tuya. Y cuando hablas con alguno de estos productores tan interesados solo en adaptaciones te hablan de «apuestas seguras» o de «garantías». Las garantías y la seguridad que encuentran en tener ya cierto público asegurado. Al menos así lo ven los muchos, que no todos, fieles a esta idea de hacer cine. Valiente afirmación la de que en el cine existen las apuestas más o menos seguras.

Garantías y seguridad económicas. Garantías y seguridad que se supone que tienen sentido cuando tu prioridad es el resultado del ejercicio en la parte final de la cuenta de pérdidas y ganancias. ¿Pero no se suponía que el cine independiente no existía al servicio de la contabilidad de una empresa y solo al servicio de la historia que se quiere contar?

"El dinero para comprar los derechos es el dinero que al cine independiente le falta, es el dinero que gastan en contar la historia, no en comprarla"

Spider-Man: Brand New Day y La Odisea son adaptaciones y han funcionado genial en taquilla. Por eso a mí no me habría sorprendido oír la predicación de las adaptaciones en una reunión de las de sala de reuniones, pared de cristal y planta 38. Pero la oí en festivales y foros bajo el estandarte del cine independiente. ¿No se suponía que a las producciones independientes les faltaba el dinero y les sobraba alma? Entonces, ¿cómo puede ser que, según más de uno y más de dos, el primer paso para llevarlas a cabo sea gastar dinero en unos derechos en vez de las horas casi gratis de un guionista que aspira a contar algo? El dinero para comprar los derechos es el dinero que al cine independiente le falta, es el dinero que gastan en contar la historia, no en comprarla.

No quiere decir esto que yo esté en contra de las adaptaciones. Al contrario, adoro El Padrino, La trilogía de El Señor de los Anillos, La red social, Mujercitas o las series de Orgullo y prejuicio y Retorno a Brideshead. Más aún, hay varios libros que por adaptarlos a la pantalla estaría dispuesto a dar no sé el qué, pero algo, y algo mío. Tampoco estoy en contra de los productores independientes que compran los derechos de una obra y hacen adaptaciones o películas basadas en libros. Lo que me parece inaceptable es pretender establecer en la industria del cine independiente que solo encontrarán apoyo las películas que partan de una IP adquirida.

El cine independiente es aquel en el que se apuesta por la voz de alguien con talento para contar historias sin prestar demasiada atención a las garantías económicas, y mucho del mejor cine no independiente también hace lo mismo. Ahí tenemos el ejemplo de Casablanca, basada en una obra de teatro que nunca se había representado, es decir, una obra que no ofrecía ninguna garantía. Warner apostando a lo loco por una historia en la que creían. Podríamos decir que es un buen ejemplo de un gran estudio actuando como se le supone a un productor independiente. Más «Casablanca», por favor.

"Ojalá tenga razón Nolan y esta ola de adaptaciones no termine en la desaparición de las historias originales, de esos guiones radicalmente originales y atrevidos"

Este pulso entre historias originales y la garantía financiera lleva en marcha desde los comienzos del cine. Esto decía hace unos años Christopher Nolan, guionista, director y productor de películas y guiones tanto originales como adaptados, hablando de esta época nuestra en la que las franquicias y las adaptaciones dominan casi por completo las salas:

«Soy muy optimista en cuanto al devenir del cine y cómo va a desarrollarse gracias a la aparición de nuevas voces e inspiraciones. Y hay algo que muchas veces se olvida: todas las franquicias empiezan como una historia nueva. Nadie recuerda lo radicalmente original y atrevido que fue George Lucas cuando dirigió Star Wars en 1977. Mi deseo es que los cineastas puedan encontrar los medios para llevar a cabo proyectos originales de gran factura».

Ojalá tenga razón Nolan y esta ola de adaptaciones no termine en la desaparición de las historias originales, de esos guiones radicalmente originales y atrevidos. Ojalá haya sitio para todo, sitio para disfrutar de nuestro amigo y vecino Spiderman y también para ir a ver las originales historias de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña o Alauda Ruiz de Azúa.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios