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La mirada hacia el abismo

«Alguien me llama desde Seír: “Centinela, ¿qué es de la noche, cuándo se acabará? ¿Qué es de la noche, cuándo se acabará?”. Y el centinela responde: “Ya llega la mañana, pero pronto volverá la noche. Así que si quieres saber más, regresa más tarde y pregunta de nuevo”». (Isaías 21, 11-12)

Lo que la noche esconde es el título de la última novela de María Jesús Mingot, profesora, poeta y filósofa. En su escritura va enraizándose lo inhumano del hombre animal. Con su excelso vuelo reflexivo, lo teje y lo despliega en su demasía y en su merma. Y con un respeto casi sagrado para mirarlo en lo más y en lo menos de sí mismo. Palabras e ideas que estallan en racimo para llegar hasta lo grande que hay dentro de lo minúsculo. Palabras y nombres que nombran a los hundidos en un gesto inmarcesible de piedad. Un anhelo de memoria frente al olvido, contra la prohibición de la promesa. De ahí la enorme trascendencia que adquiere el trasfondo de la infancia en esta excelente novela.

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Adentrarse en la trama de este libro hace sentir al lector una extraña comunión, pues el mundo donde ramifican esas raíces es como la tierra de Seír, una tierra de tormentas y de silencio. Un mundo de terribles dualidades; habitado por seres cuya existencia es una cruda errancia por los abismos fronterizos de la noche, donde lo exterior y lo interior se confunden y confunden. Seres disímiles y semejantes a la par, que juegan al juego de las distancias y que viven sometidos «a ganarse el pan con el sudor de sus pasos”.

Fascinante y estremecedora fábula onírica. Un sueño dentro de otro sueño sin sueño. Viaje a un mundo siniestro: espacio y tiempo de vidas dañadas, horrores y maleficios. Donde se intercambian lo invisible y lo visible, la realidad y su fantasma, el odio y el amor, la confianza y el recelo, la luz y la oscuridad, la noche y la mañana, la bondad y la maldad. Diafónicos cruces de pesadillas, sueños, sombras y claros; crueldad, compasión, venganza y perdón; poderío, servidumbre, amistad y discordia; silencio, voz, olvido y memoria; fuerza, debilidad, miedo y esperanza…

"El logos que se explaya en la escritura de Lo que la noche esconde se deja ver en su carácter sensitivo. Su voz narrativa no es ajena a la naturaleza corporal de la felicidad y del sufrimiento"

¿Cómo se cuenta o se narra, entonces, dando testimonio por todos y de todo? ¿Quién, con qué palabras o tropos se activa la memoria? Pues lo que la noche esconde, la palabra lo destapa, nombra y revela; e interrumpe su sortilegio, sin disolver el misterio. «Vuelve más tarde y pregunta de nuevo», tal que dice el oráculo.

Pienso que la narración de esta novela retiene la mística poética y el ethos filosófico que caracterizan la escritura de Mª Jesús Mingot. Su narrativa está impregnada de una sabiduría oracular y una experiencia ocular, es decir: su voz tiene un tono mistagógico, o sea, que llama y conduce hasta el misterio del hombre, pero con una mirada hacia el abismo. Sabe que la palabra puede crear el mundo, pero igualmente destruirlo: lo mismo lo hace florecer que lo simienza de fatalidad.

Con respecto a esto, no es casual que Mª Jesús Mingot haya expresado una veneración especial por un poema de Zbigniew Herbert, del cual rescato los siguientes versos: Sobre las palabras nos dormimos / nos despertamos en las palabras // es menester soñar pacientemente / teniendo esperanza en que el texto se complete / que las palabras que faltan / se integren en esas frases tullidas / y que la certeza que esperamos / eche ancla

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Justamente, el logos que se explaya en la escritura de Lo que la noche esconde se deja ver en su carácter sensitivo. Su voz narrativa no es ajena a la naturaleza corporal de la felicidad y del sufrimiento. ¡Hasta el cosmos mismo suda miedos y se estremece! Lo cual es de gran mérito por cuanto la sensiblería victimista, dominante en cierto ambiente literario y no literario, ejerce una fuerte presión.

De manera que atreverse a sentir y hacer sentir de ese modo, con un encarnado sentido ético, es una de las excelencias principales de la escritora María Jesús Mingot. Y lo es especialmente en esta novela que revela —sin desvelar ni rasgar— lo que la noche esconde en la hora de la responsabilidad plena. Por eso, me atrevo a referirle un tipo de sensualidad que la aproxima a lo existente —en su siniestralidad— con voluntad de palparlo, olfatearlo, paladearlo y mirarlo en lo abismal del mundo que lo engloba. En definitiva, lo real y el lenguaje estrechándose en el imaginario del ser humano. En ese lugar recóndito e inhóspito donde se proyectan las sombras de lo que la noche esconde; y donde la esperanza se ofrece como en fortuna.

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En una sentencia titulada «Sangre de nuestra sombra», Juan Ramón Jiménez dejó escrito lo siguiente: «Un aforismo, un poema, un libro, contienen, echan, arrastran, recojen (sic) siempre una sombra, su sombra; que lleva dentro nuestra sombra; que lleva dentro como en todo lo nuestro, algo así como sangre de alma». De algún modo, estas palabras del poeta de Animal de fondo conectan con una exhortación de Nietzsche que las hace más apropiadas para terminar esta reseña de Lo que la noche esconde: «Escribe tú con sangre y te darás cuenta que la sangre es espíritu».

Y ciertamente, gracias al espíritu de María Jesús Mingot, al sentimiento de extraña comunión antes considerado, el lector puede apreciar además la sensación de qué hermoso es no estar solo allá donde la voz de «las necesarias sombras del bosque» clama con su silencio.

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Autora: María Jesús Mingot. Título: Lo que la noche esconde. Editorial: R. E. Editores. Venta: Todos tus libros.

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