“Era el principio del fin de los tiempos”. Un comienzo épico capaz de llamar la atención de cualquiera. Desperta Ferro Ediciones rescata para sus fieles lectores una historia apartada de la Historia, desconocida, pasada por alto, olvidada o como quieran calificarla: la de un hombre, un guerrero, un héroe, a caballo entre el mito y la realidad, y a la altura de Robin Hood y de tantos otros. La historiografía moderna acepta, a grandes rasgos, que Hereward existió. Un personaje perteneciente a la aristocracia sajona como base histórica, y rodeado de leyenda, al que la pluma de James Wilde, seudónimo del escritor británico Mark Chadbourn, un galardonado novelista conocido por sus novelas de ficción histórica y género fantástico, dota de vida y nos invita a acompañarlo en sus aventuras. Hereward: El Proscrito es la primera de las novelas en las que recrea la juventud de un guerrero sajón y de la resistencia contra la conquista normanda en la Inglaterra medieval. Esta primera entrega corresponde al inicio del relato y está ambientada en 1062, cuatro años antes de la batalla de Hastings, en los momentos previos a la invasión de Guillermo el Conquistador y finaliza con el héroe convertido en un caudillo rebelde en los pantanos del este de Inglaterra. Esta novela muestra la resistencia inglesa frente a los normandos y la oposición al poder que se repite a lo largo de los siglos. “El último sajón”, lo apodó la tradición. El mal contra el bien, el honor, la defensa del territorio, de la familia, del pueblo en contra de los opresores, se llamen como se llamen y vengan de donde vengan. En este caso, el protagonista encarna la oposición frontal contra la invasión del duque de Normandía, Guillermo el Conquistador, y la lucha por la sucesión del rey Eduardo el Confesor. Y Hereward se erige en un personaje sensible, irascible, leal, contradictorio y creíble que nos invita a continuar con sus aventuras. Es la propuesta perfecta para abrir el camino a un rebelde, expulsado de su casa y repudiado por su padre, que se convierte en un temido mercenario. Una historia épica, con todos los ingredientes necesarios para los que gustamos del género: amistad, traición, honor, amor, venganza… y todo aderezado con una buena dosis de golpes, saqueos y luchas encarnizadas. Pero el matiz que diferencia al autor es su capacidad de profundizar en el alma del personaje, más allá de la adrenalina destilada en la batalla. El interés del lector persigue la historia como en una película, gracias a breves descripciones según lo requiere el momento. A destacar las descripciones que sirven para situar en contexto al lector: “El viento gélido soplaba a lo largo del muelle. El hielo bordeaba la cinta negra del río que se adentraba en la ondulada llanura blanca mientras los dos hombres encapuchados salían de las sombras. Sus pies solo aminoraron el paso cuando pudieron oír el chapoteo del agua contra las orillas. Todo estaba en silencio, más allá de los ruidos naturales del cauce fluvial”. Visual, preciso y potente. Para apuntalar el interés por el relato, nada mejor que el tándem héroe-amigo, que funciona una vez más en el personaje de Alric, un monje empeñado en rescatar al héroe de sí mismo y que no duda en escarbar en sus sentimientos, a veces incluso demasiado. Conforman una pareja que arrastra fantasmas del pasado, con crímenes que cometieron o no y de los que se sienten culpables; y ambos emprenden un viaje con la necesidad de recuperar aquello que les fue arrebatado y de enfrentarse al enemigo. La historia fluye sola, sin duda por el exhaustivo trabajo de contextualización histórica llevado a cabo por el autor. Respecto a los personajes femeninos, Wilde los dota del grado de relevancia preciso para la época y sin caer en los tópicos de damiselas en apuros rescatadas por el héroe. Son compañeras de viaje, con más o menos poder y por las que el héroe siente respeto. El posfacio de Yeyo Balbás, que recomiendo leer encarecidamente, incide en las diferentes imágenes de Hereward a lo largo de la historia. Las recreaciones de los personajes con una base ficticia se justifican en un intento de llenar lagunas históricas. Valga como ejemplo Harald Dientes Rojos, un caudillo vikingo, o la caracterización del hermano, este histórico, de Harold, Tostig. La novela es un ejemplo de cómo ficcionar la historia sin caer en el presentismo, pero dotándola del frescor narrativo que requieren este tipo de relatos épicos. Me permito incluir una última reflexión que seguro comprenderán los lectores habituales: no solo es relevante la primera frase que abre una novela; les invito también a quedarse con la última: “El Diablo de los Pantanos. El Fantasma que surge de la Niebla. Hereward, el más grande de los ingleses. El Rey del Terror”.
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Autor: James Wilde. Título: Hereward, 1: El Proscrito. Traducción: Ricardo García Herrero. Editorial: Desperta Ferro. Venta: Todos tus libros.


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