Hijos de España fue naciendo y creciendo durante bastantes años. Mas de un cuarto de siglo le ha costado convertirse en lo que ha surgido ahora, aunque algunos esquejes ya había ido dejando por los caminos.
La semilla la sembró en mi cabeza, en una de aquellas expediciones en que tuve el privilegio de acompañarle, mi añorado maestro, Miguel de la Quadra. En cada lugar tanto de las Américas como de las Españas el me fue descubriendo personajes e historias cargadas de emoción y aventura.
Muchas veces lo hacía en el lugar mismo que había sido el escenario de sus hazañas, de sus glorias o de su tragedias. Pongamos, por ejemplo, que hablo de Hernando de Soto a lomos de su caballo ante el Inca Atahualpa en su inmenso campamento sobre Cajamarca (Perú), de un niño que luego se llamaría Juan de Austria llevado ante el Emperador Carlos en su retiro de Yuste, sin saber que era su hijo y menos aún que un día derrotaría al que parecía imparable e invencible imperio otomano en Lepanto, de una bellísima tuerta paseando por los jardines del Escorial, paisana y que tuvo malos amores con un tocayo que hasta comparte mi primer apellido conmigo o del gallardo Balboa llegando al Pacífico sin imaginar que aquello iba dejarlo no mucho después sin cabeza.
Leyendo sus vidas y siguiendo sus pasos, intentando comprenderlos en su tiempo, momento y valores es como fui aprendiendo a querer nuestra historia, de la que somos hijos y herederos. Intentado, en suma, estudiar la asignatura pendiente que de una vez por todas deberíamos conseguir aprobar los españoles
Era pues tan solo cuestión de tiempo que emergiera la necesidad de aderezarlo todo y vestirlo con las galas de libro, que es al cabo lo que ha venido a acaecer ahora. Y aquí tienen ustedes ya este primer tomo. Que adelanto que no estará demasiado tiempo solo. Porque seguro que muchos lectores echarán en falta a protagonistas que deberían estar y no aparecen. Pero no están olvidados sino que esperan su turno para salir a escena porque ellos la tienen aparte, dado su personalidad y desempeño, y en su propio Corral de Comedias. Si dejo aquí el decir de Garcilaso “Ora con la pluma, ora con la espada quizás les de una pista
Desde que a unos y a otros comencé a recopilarlos y ordenarlos, todos responden, y no voy a ocultarlo, a un objetivo y que tiene que ver con ese suspenso colectivo del que antes hablaba. . Mas aún cuando en estos últimos años, hay empeños contumaces y gubernamentales para que ni siquiera la estudiemos, para que sigamos ignorándola o en todo caso lo hagamos bajo un sesgo ideológico que la vitupera y condena, o simplemente la niega y la cancela. Porque lo que pretenden de fondo es sumirnos en la peor ignorancia, inducirnos a despreciarla, a avergonzarnos de ella y, sin casi, deber pedir perdón por ser sus herederos.
El empeño, sin embargo, no les está resultando nada fácil. Al contrario, la respuesta está siendo muy potente y hasta diría que se les ha torcido la batalla y que, me meto en ella, la vamos ganando. Diría que cuanto más se nos intenta ocultar y tergiversar más se ansía conocerla. Al cabo, lo que hacen de manera sistemática no es otra cosa que insultar a nuestros abuelos. Y a los abuelos, aunque sean muy lejanos, las gentes del común, los queremos mucho.
Que eso es de lo que en realidad de lo que se trata. Que aprendamos , conociéndola, a sentirla como propia y a considerarla como algo a lo que pertenecemos y nos pertenece Asumirla en su grandeza y en sus miserias, sin leyendas negras ni rosas, sin fanfarrias ni flagelos . Como sus hijos. Que es lo que somos
Por ello titulé así el libro Hijos de España y, con toda humildad, intentar abrir ventanas a conocer nuestras raíces, nuestras ramas, flores y frutos, unos dulces y otros amargos. Humanos, al fin, todos.
Y para ello me decidí a hilvanar en ese inmenso y hondo escenario a toda una galería de personajes, un total de 58 en este tomo, que la recorrieron y protagonizaron, desde el más remoto pasado prehistórico de Miguelón de Atapuerca, por los Sénecas y Trajanos de la Hispania romana y la Roma Hispana, por las invasiones y las reconquistas, los descubrimientos y los imperios, los cenit y los ocasos hasta llegar ya solo a hace cien años atrás y las siete cargas del Alcántara, limite que fijan los historiadores para considerar que la “memoria”, no pocas veces bisoja y de parte, se decanta ya en Historia.
No tiene, vaya esto por delante, pretensiones de sabidurías de las que carezco ni de ofrecer primicias y revelaciones que revuelquen los momentos más trascendentales de nuestra Historia. Pero aún menos verán en ella rastro de lo que cultiva y engorda una muy reconocible parva. La de quienes tienen como meta única y esencial la de negarla y borrarla contra toda evidencia, testimonio o documento, y concluir en que nunca fuimos nada o en todo caso muy malos. La peste del Mundo, a su sectario juicio.
Mi propuesta es sencilla y humilde: hacer un viaje por nuestra historia de la mano de los hombres y mujeres que de una u otra manera la forjaron.
He optado por glosar y destacar a quienes considero que lo merecían aunque algunos hayan caído en injustos olvidos o en señalamientos torticeros. Es palpable la predilección por quienes con su peripecia me han emocionado personalmente, y con quienes me hubiera gustado compartir un momento, pasear por sus ciudades, navegar en sus barcos caminar con sus caminos y que alguno llevara a Santiago, calentarme en una de sus hogueras la noche antes de la batalla, acercarme a sus palacios cuando Toledo o Valladolid fueron capitales del Mundo, o hasta disfrutar de una velada con alguna de aquellas damas y parecer que tengo de juglar la gracia que no quiso darme el cielo.
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Autor: Antonio Pérez Henares. Título: Hijos de España. Editorial: Roca. Venta: Todostuslibros.




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