Estás condenada.
Pero hay un problema. O, pensándolo mejor, una ventaja. Porque tú no deberías estar allí.
Te has pasado la vida siendo sensata, prudente y demasiado precavida como para hacer nada que se salga de lo considerado correcto. Así que no. El infierno no parece el lugar que te corresponde.
¿Y a quién se lo explicas? Porque, seamos sinceros, la comprensión no figura precisamente entre las virtudes de sus habitantes. Son demonios. Y estos seres, como bien sabemos, no acostumbran a hacer favores sin esperar algo a cambio.
Así que acabas compartiendo coche con un chico que te resulta sospechosamente familiar y ligeramente atractivo —hagamos hincapié en esto último—, después de haber estampado tu único medio de transporte nada más llegar. Todo esto mientras intentas averiguar qué demonios haces allí.
Bienvenida a Condenados: El amor de mi muerte.
María R. G., ganadora del Premio Fandom Books 2025 con esta novela, propone una comedia romántica paranormal que convierte el camino al infierno en un viaje tan disparatado como entretenido. Y lo hace con una premisa que juega constantemente con nuestras expectativas: ¿qué ocurre cuando alguien que ha seguido las reglas toda su vida termina en un lugar reservado, en teoría, para quienes las han quebrantado?
La autora tiene una pluma divertida, ligera y especialmente ágil. Los capítulos, muy breves, imprimen un ritmo vertiginoso a la lectura y favorecen una sucesión de situaciones que parecen competir por ver cuál resulta más terroríficamente absurda.
Los demonios merecen una mención aparte. Irreverentes, burlones y bastante aficionados a complicarles la existencia a los condenados, convierten el trayecto en una experiencia imprevisible. Su presencia aporta buena parte del humor, pero también recuerda que este infierno, por pintoresco que resulte, continúa siendo un lugar peligroso. Una sonrisa no garantiza buenas intenciones y una mano tendida puede esconder una trampa.
La novela se apoya también en un recurso apreciado por los lectores de comedia romántica juvenil: la proximidad forzada. Compartir un coche durante un viaje del que ninguno puede escapar ofrece el escenario perfecto para las pullas, los malentendidos y esa convivencia que obliga a dos desconocidos a conocerse mucho más de lo que tenían previsto.
La autora integra el romance en una aventura que apenas concede tiempo para recuperar el aliento. La relación se desarrolla entre peligros, encuentros inesperados y revelaciones, sin que la trama principal quede relegada a un segundo plano. El humor sirve para aliviar la tensión, mientras que la incógnita latente introduce preguntas que impiden reducirlo todo a una sucesión de escenas cómicas.
Resulta muy llamativa la construcción de su particular inframundo. La autora toma como una de sus referencias el infierno de Dante, reinterpretándolo desde una estética marcada por los años noventa y con claros ecos de Sobrenatural, la serie protagonizada por los hermanos Winchester. El resultado es un escenario con personalidad propia, donde lo cotidiano y lo demoníaco conviven con una naturalidad desconcertante.
La novela nació además de una manera muy diferente a las anteriores.
María, que también cuenta con un Premio Imagin-Neo y acostumbra a planificar minuciosamente sus libros mediante escaletas, decidió dejarse llevar por una historia que parecía reclamar ser escrita más que estructurada. Y no fue hasta aproximadamente la mitad del manuscrito cuando se detuvo para construir con mayor detalle el mundo y establecer sus reglas. Primero llegó la diversión; después, la necesidad de poner orden en aquel infierno.
Esto ayuda a comprender parte del carácter espontáneo de Condenados: las ganas de jugar con sus personajes, de complicarles el camino y de llevar las situaciones un poco más lejos de lo esperado. Esa combinación de desenfado, aventura y un trasfondo emocional que va ganando presencia sin abandonar el tono humorístico es una de sus grandes virtudes.
También hay espacio para momentos más sensibles. Bajo las bromas y las amenazas demoníacas aparecen preguntas sobre las apariencias, las decisiones y lo que creemos saber de nosotros mismos.
Condenados: El amor de mi muerte demuestra que una eternidad de castigos también puede convertirse en el escenario de una historia romántica, alocada y sorprendentemente entrañable.
Al fin y al cabo, estar condenada no significa necesariamente que todo esté perdido.
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Autor: María R. G.. Título: Condenados: El amor de mi muerte. Editorial: Fandom Books.


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