Detrás de muchas de las obras que admiramos cuando visitamos el Louvre, el Museo Británico o el Met de Nueva York se oculta un pasado incómodo. Son piezas que desaparecieron de su lugar de origen, arrancadas de templos, tumbas o palacios, y que hoy se siguen reclamando. Este libro sigue el rastro de seis piezas emblemáticas —de los mármoles del Partenón al penacho de Moctezuma, los bronces de Benín y el busto de Nefertiti— para contar cómo llegaron a las salas de exposición en las que reposan y para abrir el debate sobre su restitución.
Hace unos días publicamos el making of de Katia Franch Gómez, una de las autoras de Arte secuestrado (Península), y ahora publicamos el de su compañera Catharine Titi.
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¿Por qué la mitad de las esculturas del Partenón están en el Reino Unido? ¿Por qué un penacho mexicano que pudo haber pertenecido al legendario emperador Moctezuma se encuentra en Austria? ¿Existe hoy en día alguna lógica universal que justifique la separación de estos objetos de su lugar de origen? Al fin y al cabo, ¿a quién pertenece el patrimonio cultural?
Por mi parte, llevo muchos años trabajando en el campo del derecho de patrimonio cultural y el concepto de «justicia» en el ámbito del derecho internacional. En mi trabajo académico, he explorado la forma de lograr lo que se denomina «justicia cultural», como un principio rector que pudiera guiar la restitución del patrimonio cultural a sus legítimos dueños. En 2023, publiqué una monografía académica sobre la controversia entre Grecia y el Reino Unido sobre los mármoles del Partenón. Poco tiempo después, empecé a involucrarme en los esfuerzos internacionales para que los mármoles sustraídos de Atenas hace más de dos siglos regresen a su lugar de origen.
Hay que decirlo: un objeto en su lugar de origen puede contarnos muchas cosas, pero un objeto separado de su historia y sin contexto, no suele decirnos nada. En Atenas, los mármoles del Partenón se ven como lo que son, parte de un templo antiguo. Sin embargo, en el Museo Británico se ven como meras esculturas sin historia ni pertenencia.
Cuando empecé a escribir sobre el Partenón, pensaba que su historia era única y, en cierto modo, cada historia es única. Con el tiempo, mi interés se concentró en otros casos de piezas icónicas que desaparecieron de su lugar de origen en circunstancias hoy consideradas inaceptables.
Cuando se empieza a investigar estos casos, uno se da cuenta rápidamente de que la cantidad de desinformación que hay es tanta, que hace aún más importante la necesidad de relatarlos, lo que conlleva una gran responsabilidad. También me di cuenta de que no basta con escribir un libro para el público académico, ya que estos temas nos conciernen a todos. Lo que esperamos de nuestros museos, lo que consideramos aceptable y lo que no, es una decisión que debe tomar cada uno por su cuenta, pero al final, es una decisión que nos concierne a todos.
Así empecé a acariciar la idea de escribir un ensayo que no se limitara a los mármoles del Partenón, sino que también abordara otros casos, como el del penacho de Moctezuma, que pude ver hace poco tiempo en un museo vienés. La sala donde se exhibe este majestuoso objeto de arte plumario mesoamericano del siglo XVI parecía recibir únicamente visitantes mexicanos, tomándose fotos con el penacho. Esta imagen me conmovió mucho. También me llamó la atención la aparente ausencia de austriacos y de turistas de otros países. Quizá fue una coincidencia. Quizá no.
Sin embargo, también hay otros casos que dan esperanza. Un ejemplo es el de los Países Bajos, que están diciendo «basta ya», los objetos culturales que tomamos sin consentimiento, debemos devolverlos, es una cuestión de «justicia».
Como griega que vive en París y que se desenvuelve principalmente en inglés, es verdad que el idioma supuso un reto para mí. Descubrí el castellano un poco tarde, pero fue un descubrimiento maravilloso, que me dejó encantada con la idea de escribir un día en este idioma.
Cuando Katia propuso que escribiéramos este libro, todo encajó. Katia y yo nos conocimos hace varios años, a través de nuestra actividad académica y, desde entonces, hemos colaborado en muchos proyectos. Sin embargo, no pensamos en escribir juntas un ensayo hasta que descubrimos nuestro interés común en este tema, la devolución del arte «secuestrado», aunque este interés surgió por razones distintas.
Todos tenemos que elegir nuestras batallas. Esta es la mía.
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Autoras: Katia Fach Gómez y Catharine Titi. Título: Arte secuestrado. Editorial: Península. Venta: Todos tus libros.


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