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Adosinda, Gusvinta, Teodora, Constanza de Sicilia, Viguée Le Brun… en el certamen de novela histórica de Úbeda

Adosinda, Gusvinta, Teodora, Constanza de Sicilia, Viguée Le Brun… en el certamen de novela histórica de Úbeda

Un momento de la recreación histórica Sufragistas, la lucha de las mujeres por sus derechos. El policía que dialoga con las manifestantes es Pablo Lozano, el director del certamen. J. M. Plaza

La novela histórica nos da el poder de transitar por la Historia de otra manera. Quizás por ello, las obras de este género siguen siendo muy queridas por los lectores y proliferan las webs, encuentros y congresos específicos. Uno de ellos es el de Úbeda, ciudad patrimonio de la Humanidad, cuyo certamen internacional de novela histórica, que cumplió diez años, se ha ido afianzando y ampliando en este tiempo. Es un certamen con unas señas de identidad propias, ya que además de los encuentros, presentaciones de libros y debates, pretende  mantener la conexión con el pueblo; y para ello, las sesiones intelectuales se acompañan de recreaciones históricas en el centro de la ciudad, de modo que ningún habitante de Úbeda es ajeno —incluso, a su pesar— al acontecimiento cultural. Lo tuvo muy claro, desde el principio, su creador Pablo Lozano, que es, a su vez, director del Museo de las Navas de Tolosa.

En esta décima edición no se ha buscado a un autor estrella que pusiera la guinda al certamen (en un tiempo se pensó en Ken Follett, que no consideró la oferta al conocer que le separaban 150 kilómetros del aeropuerto más próximo), sino que se decidió por duplicar la nómina de invitados. Y hubo otras dos novedades: la presencia de narradores del otro lado del Atlántico (en esta edición, de Uruguay y de Chile) y una feria del libro para que los escritores firmaran y charlaran más personalmente con el público, como se pudo ver a Lorenzo Silva, Jorge Molist, Luis Zueco, Jesús Maeso, José Ángel Mañas o Espido Freire.

"No olvidemos el protagonismo que ha adquirido la mujer en los últimos años en este género, quizás más que en ningún otro"

Este año, las recreaciones históricas —continuas durante tres fines de semana y con una cuidada reproducción de los trajes y las armas— trataron varios periodos: la lucha de gladiadores en el anfiteatro de Salari en la Roma imperial; el tiroteo en el O. K. Corral de 1881 entre forajidos y funcionarios de la ley; la escenificación de la vida en un pueblo del Oeste; tres momentos claves de la Guerra de Sudán (1881-1899), y las Sufragistas, esas mujeres que entre 1848 y 1918 salen a la calle a luchar por sus derechos con discursos feministas (de entonces), actos de desobediencia civil y enfrentamientos con sus maridos. Pese a carecer del olor de la pólvora, como otras recreaciones, fue la que más curiosidad y expectación levantó y la que animó al público a participar, apoyando a unos u otras. Todo tan vivo que no sabía ya cuál era la representación y cuál la realidad.

Un momento de la recreación histórica Sufragistas, la lucha de las mujeres por sus derechos. JESÚS DELGADO

Si tuviéramos que resumir, de una manera anecdótica y espontánea, lo sucedido en el certamen nos decantaríamos por tres palabras: Mujeres, Juego-de-tronos y Godos. Los personajes femeninos han sido las protagonistas de una buena parte de las novelas presentadas, como veremos; la alusión a la serie Juego de Tronos se repitió en los debates al hablar de las tramas de ciertos títulos, lo que no es extraño, ya que las luchas y muertes alrededor del poder han sido una constante histórica; mientras que la España visigoda es un periodo al que han empezado a mirar los novelistas; en estas jornadas hubo, al menos, tres novelas sobre godos. Y godas. No olvidemos el protagonismo que ha adquirido la mujer en los últimos años en este género, quizás más que en ningún otro. Y es que, a la hora de elegir un personaje histórico, y tal como nos recordó Jorge Molist, cuya novela La reina sola está protagonizada por Constanza de Sicilia: «Los hombres son más famosos, pero las mujeres más fuertes, y nos vienen mejor a los novelistas para hablar de emociones».

"El premio a la mejor obra inédita recayó Elena Barguess por El encargo del Maestro Goya, que publicará Pámies"

Espido Freire, la más joven ganadora del Planeta, llegó como presidenta del jurado del premio de novela histórica Ciudad de Úbeda, y nos dio una clase magistral sobre Jane Austen, ya que su último libro está dedicado a la autora de Sentido y sensibilidad. Se titula Tras los pasos de Jane Austen. En lugar de escribir una novela —que sería más comercial— sobre un personaje que admira tanto, Espido Freire se decantó por el ensayo narrativo sin un gramo de ficción. Si alguien no ha leído ninguna obra de la Austen, Espido le aconsejaría que se iniciara con Orgullo y prejuicio, o mejor y más breve, Persuasión, precisamente la última novela de la escritora inglesa.

Un momento de la recreación histórica Sufragistas, la lucha de las mujeres por sus derechos. JESÚS DELGADO

El premio a la mejor obra inédita recayó Elena Bargues por El encargo del Maestro Goya, que publicará Pámies, cuyo editor, Carlos Alonso, le entregó el premio, dotado con 10.000 euros, junto a la concejala de cultura del Ayuntamiento, Elena Rodríguez, muy implicada en el certamen desde su creación. La novela, que aúna historia, aventuras y romanticismo, sucede en Cantabria, en 1810, cuando una alumna sordomuda de Goya viaja a Santander con su hermana. De fondo, la invasión napoleónica, la resistencia, las guerrillas, y el amor.

"Todos los historiadores están de acuerdo en que el personaje tuvo interés en ocultar sus orígenes. En un caso así, se cogen indicios. Y la teoría gallega los aporta: Pontevedra era el único sitio en el siglo XV donde existía el apellido Colón"

También es este periodo —y un poco antes— el que toma Luis Zueco para desarrollar El cirujano de almas, una visión de la Medicina en aquellos tiempos en los que existían los boticarios, los cirujanos (asuntos de sangre) y los médicos, más próximos a los filósofos; unos tiempos sin anestesia, donde el hospital era el último lugar al que quería llegar un enfermo. «Estaba mal visto lavarse las manos. Era un deshonor», dice el autor, quien señala que, como una cebolla, su novela tiene capas: la Historia, las historias personales y el arte y la medicina, todas ellas necesarias para hacer avanzar la trama.  La novela se sitúa en el momento en que se empieza a estudiar cirugía en las recién creadas escuelas de Cádiz (allí estaba la Armada), Barcelona (el Ejército) y Madrid (la Corte), y como telón de fondo, las tropas de Napoleón.

Dos escritores que presentaron dos novelas sobre el mundo godo: José Ángel Mañas y José Zoilo, ganador del premio Cerros de Úbeda a la mejor novela histórica publicada este año. J. M. PLAZA

Junto a Elena Bargues, en esta edición del certamen coincidieron los dos anteriores ganadores del premio Ciudad de Úbeda: el chileno Alan Pitronello por La segunda expedición, una historia sobre la expedición de Alvarado al Yucatán, y el gallego Rodrigo Costoya, con El custodio de los libros, el libro más vendido los premiados. Esta obra forma parte de una trilogía independiente, cuyo nuevo título en castellano presentó el autor en Úbeda: Portosanto, el enigma de Colón, un grueso volumen que recrea una antigua y poco conocida teoría que sostiene que el descubridor de América era gallego y tiene nombre: Pedro Alvárez de Sotomayor, un hijo bastardo de la familia más poderosa de Galicia, que en 1486 finge su propia muerte y renace convertido en Cristóbal Colón. «Todos los historiadores están de acuerdo en que el personaje tuvo interés en ocultar sus orígenes. En un caso así, se cogen indicios. Y la teoría gallega los aporta: Pontevedra era el único sitio en el siglo XV donde existía el apellido Colón; el idioma que usaba Colón era un castellano con más de 500 giros gallego portugueses; los topónimos que adjudicó en las Antillas pertenecen a la costa gallega; la Pinta regresó a Bayona…» Y así, Rodrigo Costoya nos habla de esos indicios, que expone en su novela: «Si al final todo encaja o no, es algo que tendrá que juzgar cada lector».

"Tras la muerte de Alejandro, su amigo, el general Ptolomeo se convierte en el gobernador de Egipto y en el fundador de una nueva dinastía. Sobre este personaje trata Cuando fuimos dioses, la última obra de Olga Romay"

El premio Ivanhoe, en homenaje a Walter Scott, que reconoce toda una trayectoria literaria, recayó en el escritor alemán Gisbert Haefs, quien no pudo asistir al certamen por un accidente doméstico. El año anterior, en plena pandemia, Santiago Posteguillo acudió a recoger su galardón, tras superar las restricciones y fronteras autonómicas, en una edición heroica —aún la recordamos— que se desarrolló bajo el confinamiento y con cierre público a las 6 de la tarde.  Fue una lástima la ausencia del autor alemán, que ha traducido (y editado) a Borges, y también, las canciones de Bob Dylan; incluso él mismo grabó un disco con canciones propias. En sus novelas, casi todas editadas por Edhasa en español, Haefs se ha centrado en el mundo griego, cartaginés y romano, con títulos como Troya, Aníbal, César, Las cenizas de la República o su trilogía sobre Alejandro Magno.

El novelista Jesús Úbeda modera el encuentro con los autores chilenos invitados: Patricia Cerda y Carlos Tromben. JESÚS DELGADO

Tras la muerte de Alejandro, su amigo, el general Ptolomeo se convierte en el gobernador de Egipto y en el fundador de una nueva dinastía. Sobre este personaje trata Cuando fuimos dioses, la última obra de Olga Romay, autora que también se ha especializado en la historia antigua. En la novela se recrea el choque entre la cultura egipcia y a helenística, dos mundos tan distintos que se alternan y confluyen en Ptolomeo, el protagonista, pero en el que cinco mujeres son personajes importantes en la historia.

"Si Mañas habla del año 711 en el norte de la península, José Zoilo recrea ese trascendental y breve periodo en el sur, se centra en la batalla de Guadalete y sus consecuencias en El nombre de Dios"

El joven macedonio, conquistador de medio mundo, también sedujo a José Ángel Mañas, quien dejó a un lado sus ficciones de actualidad, tipo Kronen y Karen, para adentrarse en la novela histórica (es historiador) con Alejandro, en una gruesa novela titulada El secreto del Oráculo. Después, alternando con el realismo, prosiguió con este género, y en Úbeda presentó ¡Pelayo! (así, entre exclamaciones), en donde sigue indagando en los grandes hitos de la historia de España. Una España (y una Europa) «que hubiera sido muy distinta sin el personaje de Pelayo», caudillo hispanorromano o godo. La novela está contada —y es todo un hallazgo— por su hermana Adosinda.

El historiador José Soto Chica, premio Edhasa de novela histórica por El dios que habita la espada JESÚS DELGADO

Si Mañas habla del año 711 en el norte de la península, José Zoilo recrea ese trascendental y breve periodo en el sur, se centra en la batalla de Guadalete y sus consecuencias en El nombre de Dios, obra que fue distinguida con el premio Cerros de Úbeda a la mejor novela histórica publicada durante el año. Los godos, otra vez, y al leer la obra comprendemos mejor aquella pregunta que nos hacíamos de niños al estudiar la historia de España: ¿Cómo un pequeño ejército, que acaba de entrar por Gibraltar, es capaz de derrotar, en un abrir y cerrar de ojos, a todo un país?, ¿al reino godo?  El autor juega, asimismo, con las leyendas y se sirve de la mesa del Rey Salomón para incluir una reliquia que tal vez pueda cambiar el curso de las batallas. La novela tiene una segunda parte distinta, un viaje a Roma de Hermigio, que a algunos críticos presentes les recordó el viaje de los Argonautas.

"Y dejamos para el final a José Soto Chica, el autor que más nos sedujo. Fue un placer escucharle hablar con tanta sabiduría, memoria y amenidad sobre el mundo visigodo, del que es una autoridad"

Una novedad de este certamen fue la visita de narradores hispanoamericanos para tomar el pulso a la novela histórica al otro lado del Atlántico. En esta edición, y con la colaboración de la Agencia Española para el Desarrollo y la Cooperación, los autores invitados fueron los uruguayos Marcia Collazo y Valentín Trujillo, que hablaron de sus obras —no editadas en España— y del poco interés que ese tipo de novela suscita en su país; algo que no sucede en Chile, donde la novela histórica goza de mayor acogida, tanto entre autores como lectores, según explicaron Carlos Tromben y Patricia Cerda. Moderó el debate Jesús Maeso, un autor que días antes había presentado Teodora, la crisálida de Bizancio, y quien recordó sus encuentros con Umberto Eco, y la frase: «Una novela histórica ha de reflejar el espíritu de la época».

Los tres últimos galardonados con el premio de novela histórica Ciudad de Úbeda: Rodrigo Costoya, Elena Bargues y Alan Pitronello. J. M. PLAZA

No vamos a extendernos muchos más. Tan sólo recordar que por el certamen pasaron también Lorenzo Silva, que ha saltado de lo policíaco a lo histórico, con Castellano; Fernando García Pañeda, quien, en La pintora, recupera la vida de la interesantísima Elisabeth Vigée LeBrun, la pintura francesa más famosa del siglo XVIII, retratista de los personajes más importante de su tiempo; Jorge Molist, uno de autores más premiados y vendidos, que nos dio un lección de Historia —diapositivas incluidas— sobre la expansión de Aragón hacia el Mediterráneo.

"Es una época de transición, como la nuestra, que también está cambiando. Debemos luchar para que la Historia no nos pase por encima"

Y dejamos para el final a José Soto Chica, el autor que más nos sedujo. Fue un placer escucharle hablar con tanta sabiduría, memoria y amenidad sobre el mundo visigodo, del que es una autoridad. Su ensayo Los visigodos. Hijos de un dios furioso resulta imprescindible para comprender la historia de este pueblo que llegó a la península tras la caída del Imperio Romano, y que se ha convertido en una obra de consulta para cualquier novelista —como nos confesaron— que escriba sobre el mundo godo. Tras varios ensayos históricos, ha dado el salto a la novela con El dios que habita la espada, que obtuvo el Premio Edhasa; una obra que nos descubre a un personaje femenino de auténtica grandeza, Gusvinta, «la mujer más poderosa de su época en todo Occidente», según el autor, la esposa de Hermenegildo y luego de Leovilgido, ‘el primer rey de España’.

Soldados británicos coloniales en uno de los momentos con pólvora de la recreación histórica de la Guerra del Sudán. JESÚS DELGADO

«Leovigildo tiende a la unificación en un mundo que se está derrumbando y se trata de construir otro estado. Es una época de transición, como la nuestra, que también está cambiando. Debemos luchar para que la Historia no nos pase por encima», señaló Soto Chica, quien quiso recordar una de las consignas del rey godo: no dejar vivo a ningún enemigo con edad suficiente para orinar en la pared. El mundo del siglo VI es un mundo de fantasía auténtica, según escuchamos, y Soto insiste: «Mi novela parece increíble, pero todo lo que cuento es real. Sin traicionar mi faceta de historiador, he escrito una historia de aventuras y fantasía que podría encajar, y gustar, perfectamente, a los seguidores de Juego de Tronos».

"Antes de que concluyera el certamen, este cronista preguntó a los comensales algo que le inquietaba desde el primer día: ¿Cuál es la línea temporal que separa la novela histórica de la contemporánea?"

La novela histórica nos da el poder de transitar por la Historia de otra manera, ya lo advertimos; y un certamen de novela histórica, como el de Úbeda, nos ofrece la posibilidad de una convivencia cordial entre nombres consagrados y autores que defienden sus primeras obras, además del contacto continuo con el público dentro y fuera. Fue tal ese ambiente de cercanía que un joven autor, David Gómez —ingeniero de minas— llegó a Úbeda con varias cajas de pimientos cultivados en su huerta para todos los invitados. Nos presentó su primera novela Fuego sobre Igueriben, una obra sobre la guerra de Marruecos —tema que le apasiona—. El protagonista es Luis Codrán, un corresponsal de la Crónica de España que se verá envuelto en una terrible batalla entre los soldados españoles y los rifeños; y a su vez, tal como señaló el autor, es un canto a los valores de la amistad, el valor y la lealtad.

Antes de que concluyera el certamen, y ya en el cóctel de despedida en el hotel Alvar Fáñez, este cronista preguntó a los comensales algo que le inquietaba desde el primer día: ¿Cuál es la línea temporal que separa la novela histórica de la contemporánea?, o lo que es lo mismo: ¿Hasta qué año se puede considera a una novela como histórica? Se dieron respuestas muy variadas, pero al final hubo una que nos convenció totalmente y comentaremos más adelante en el blog de Zenda ‘Pasaba por aquí’.

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