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Ángulos infinitos

Desconozco si el tres es o no el número mágico, pero cuenta con un brillante departamento de marketing. Ahí tienen a la Santísima Trinidad y a los Reyes Magos. Tierra, mar y aire. Sólido, líquido y gaseoso. Planteamiento, nudo y desenlace. El bueno, el feo y el malo. Tres anillos para los Reyes Elfos bajo el cielo. Los tres tenores, las tres marías, los mosqueteros y hasta los tres cerditos. Incluso la teoría platónica dividió el alma humana en tres partes: racional, irascible y concupiscente, ubicada en el bajo vientre esta última. ¿Son tres multitud? Los tiempos han demostrado que en los designios del corazón —o del dormitorio— apenas hay leyes escritas. Ahora bien, la ecuación del amor sigue —¿seguirá?— atada a variables tanto o más irracionales que el deseo, y a priori exógenas: origen social, mochila familiar, experiencias pasadas, país de nacimiento, inquietudes artísticas, espirituales o políticas…

Johanna Hedman (1993) aborda esas variables en Trío (Gatopardo Ediciones, 2022), un llamativo bautismo literario donde traza con precisión los ángulos del amor, mira de frente a ese totum revolutum al que llamamos juventud, y ofrece un retrato punzante y entretenido de la clase alta sueca.

"Lo de estos tres no responde a los cánones de una relación convencional. Pero tampoco puede llamarse triángulo amoroso, noviazgo, aventura, rollo de una noche ni poliamor"

En un lado del ring encontramos a Hugo, de procedencia humilde y recién llegado a Estocolmo para comenzar sus estudios universitarios; en el otro, a Thora, hija de una rica e influyente familia local y poseedora de una inteligencia afilada. Pero no están solos: August, alma artística y cercano a Thora desde la infancia, es el tercero en discordia. Tres amigos, tres amantes que fluctuarán a través de veranos, cafés, sábanas y conversaciones desde la capital de Suecia hasta Berlín, Londres o Nueva York. El último lado del cuadrilátero lo defiende una surtida colección de personajes secundarios ―madres de personalidad apabullante, hermanos absorbidos por la vida adulta, parejas desparejadas y ufanos compañeros de clase― que se cruzan con el trío protagonista para constatar que lo suyo es de otro planeta.

Y es que lo de estos tres no responde a los cánones de una relación convencional. Pero tampoco puede llamarse triángulo amoroso, noviazgo, aventura, rollo de una noche ni poliamor; Hedman domina el juego del desconcierto al plantear un escenario que escapa deliberadamente a las etiquetas. Hugo y Thora serán nuestros ojos en esta novela cimentada sobre cruces de miradas y silencios tan sugerentes que sostienen más de trescientas páginas con una facilidad pasmosa. También el cambio de punto de vista está bien hilado, en tanto en cuanto no se utiliza para completar huecos ni contar dos veces lo mismo; más bien parece que ambos narradores estuviesen inmersos en una melancólica partida de Jenga ―ese juego consistente en retirar pequeños palos de una torre hasta que la estructura cede a la inestabilidad― con el paso de los años como único espectador. De este modo, superponiendo capa tras capa de emociones innominadas, preguntas legítimas y expectativas a medio dibujar, Hedman logra situarnos alternativamente de parte de uno u otra sin que nos demos cuenta.

"Propongo un ejercicio: cuando leamos Trío, hagámoslo desde la —difícil, que no imposible— silla de la neutralidad"

Trío combina las bondades de una novela ligera —capítulos amenos, una trama ágil que no obliga a complicados ejercicios mentales, perfecta para leer en cualquier lugar y situación— con el uso eficaz de recursos narrativos propio de autores más experimentados, porque el reino de Hedman es el de la sutileza y la percepción. Hugo, el eterno invitado, parece pisar arenas movedizas mientras Thora lo observa con la fascinación de quien ha dado con un nuevo divertimento. ¿Se invertirán los papeles? ¿O nos habrán engañado desde el principio? Sus diálogos nunca son obvios, tampoco sus reacciones, sus consecuencias. Tampoco parece gratuito el esbozo de la alta alcurnia de Estocolmo, pretendidamente moderna a la par que insensible a lo que acontezca fuera de su burbuja, cómodamente instalada en el salón de la posverdad; individuos que semejan salidos de un cuadro familiar de tonos ocres, apellidos longevos que desprenden un aire de frivolidad casi sorrentiniano, todo contribuye a esa atmósfera decadente que extiende sus zarpas invisibles hacia los últimos retazos de inocencia de los jóvenes protagonistas.

Propongo un ejercicio: cuando leamos Trío, hagámoslo desde la —difícil, que no imposible— silla de la neutralidad. Pensemos en cómo amábamos antes de que la vida enseñase sus cartas, en el fuego previo a la etapa adulta, reflexionemos sobre cómo lo hacemos ahora. Y luego, si les quedan fuerzas, atrévanse a decirme que los ángulos del amor no son, en verdad, infinitos.

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Autora: Johanna Hedman. Título: Trío. Editorial: Gatopardo Ediciones. Traductora: Gemma Pecharromán Miguel. Venta: Todostuslibros, Fnac, Casa del Libro, Amazon.

 

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