La última novela de Desirée Baudel nace de la admiración por un personaje que trascendió tanto a la obra como para llegar a cambiarle el título delante del gran público. Y es que la Celestina, tal y como apunta el brillante prólogo de Emilio de Miguel, se ha convertido en un personaje universal.
Baudel nos regala una novela oscura y con un profundo sentimiento trágico, que sorprende por la capacidad para conectar con los lectores actuales, hasta el punto de llegar a conmover ante la mayor de las desgracias de su protagonista, la soledad. Por supuesto están presentes los hechizos, los amores, la lujuria y el sexo, y también la importancia del poder femenino negado pero imposible de borrar una vez se ha descubierto y que Celestina sabe dirigir porque aprendió en este mundo por las malas, a base de lecciones de esas que no se olvidan.
La novela mezcla realidad y ficción hasta lograr que el lector se pregunte si Celestina realmente existió, tanto ella como alguna de las mujeres que la rodean a lo largo de su vida. Y lo consigue gracias a una prosa limpia que se funde con una ambientación impecable que recorre las sombras de la ciudad de Salamanca.
En una época en la que están de moda los retelling, Baudel nos enseña la construcción de la persona más allá del personaje manteniendo la certeza de estar ante la misma Celestina que todos conocimos, posiblemente como lectura obligatoria del instituto, y odiamos pero jamás olvidamos. Y ahora, esta que escribe se va a releer La Tragicomedia de Calisto y Melibea. Ya me entendéis.
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Autor: Desirée Baudel. Título: Mi nombre es Celestina. Editorial Grijalbo. Venta: Todostuslibros.


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