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«Bajo cero» (Netflix), la sombra española de John Carpenter y Michael Mann

«Bajo cero» (Netflix), la sombra española de John Carpenter y Michael Mann

Entre las muchas y más desconocidas consecuencias del dichoso virus, y una para la que probablemente no haya vacuna, está el desaguisado provocado en la exhibición cinematográfica. Los responsables de Bajo cero, película española estrenada recientemente en Netflix pese a que inicialmente estaba previsto su paso por salas, lo deben de saber muy bien. Y no porque a ellos la jugada les haya salido mal: cifras al margen, que ya sabemos que Netflix se las guarda muy bien (al fin y al cabo, “el balón es mío y me lo llevo cuando quiero”), el thriller protagonizado por Javier Gutiérrez ha ocupado un trono destacado en el escalafón de las más vistas de la plataforma durante un buen número de semanas.

Bajo cero es uno de esos filmes fabricados bajo el paraguas de la pura eficacia. Su eficacia lo ensalza, pero también lo protege de algunos de los males que lo acosan, como la falta de originalidad, un concepto que, de todas formas, resulta de importancia muy relativa cuando hablamos de un neo-noir de pata negra que osa mezclar a John Carpenter con Michael Mann: las restricciones genéricas del primero y las aspiraciones morales del segundo.

"Como relato en clave western del acoso nocturno a un furgón blindado, Bajo cero mola más"

La película de Lluís Quílez funciona mejor en el primer registro que en el segundo, que se presenta de una forma un tanto abrupta y obvia. Las referencias a casos reales en nuestra reciente historia negra y criminal, que fuerzan una decisión final que trata de decorar el relato, tratan de darle una urgencia y justificación a la historia que no eran necesarias (y, de hecho, le restan abstracción a ese enemigo invisible, imposible, de los primeros compases). Como relato en clave western del acoso nocturno a un furgón blindado, Bajo cero mola más. Hay atención en el retrato del grupo de presos, la pura peripecia está presentada con solvencia, y se nota que Quílez trata de explotar el suspense hasta la última gota. La estructura del body count típica del terror refuerza la trama, y la mayoría del ajustado tiempo existe un perceptible sentido de la atmósfera, con alguna escena inesperadamente claustrofóbica. De la —de nuevo— eficacia de Javier Gutiérrez y Karra Elejalde (éste último lo mejor de todo el filme, pese a que le toca bailar con la más fea del guión) casi no hace falta hablar: les basta su sola presencia para elevar cualquier escena, incluso esos pasajes finales que criticábamos antes.

Algo más de intensidad en algún episodio de pura acción y la un tanto fatal decisión de adelantar la revelación del villano lastran un tanto los resultados de Bajo cero, película que no obstante se defiende por sí misma. La tensión se mantiene, el interés por el género del terror y el thriller se palpa en cada plano de su limpia puesta en escena, y el espectador más exigente probablemente desee haber podido contemplar la película en pantalla grande. Y esto debería ser toda una sentencia (de vida) para esta digna película española.

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