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Bernardo Atxaga se retira de la novela

Bernardo Atxaga se retira de la novela

Una urraca que conoció cuando hacía el servicio militar en El Pardo ha sido la «nimiedad» que ha funcionado como la magdalena de Proust a Bernardo Atxaga para construir Etxeak eta Hilobiak (Casas y tumbas), un ejercicio de «prestidigitación» literaria que —asegura— será su última novela.

«La vida discurre como hilos de agua entre las piedras», y sobre esta metáfora ha construido Etxeak eta Hilobiak, que se publicará en castellano el próximo febrero de la mano de Alfaguara, ha señalado el escritor vasco en la presentación de la edición en euskera en San Sebastián.

Los libros surgen de una «nimiedad», como la urraca que vio «muy cerca de Mingorrubio (Madrid), el pueblo que entonces no se conocía y que ahora todo el mundo sabe donde está», asegura. Estas pequeñeces provocan una «precipitación» en la que aparece toda «tu vida, pero no entera sino a pedazos, como iluminaciones que se encienden en los rincones de una casa» y que este caso han prendido en los años 1972, 1970, 1985, 2012 y 2017. Estas son las fechas en las Atxaga sitúa las seis historias que completan las 400 páginas de la novela que se suceden de forma independiente aunque están relacionadas entre sí para contar que la vida, «como los hilos de agua entre las piedras», discurre entre dificultades, pero avanza.

Las imágenes, los recuerdos y los paisajes que configuran el universo poético de Atxaga están presentes en el libro, que ha «tratado de escribir con elementos de prestidigitación», como se lo ha hecho saber uno de sus primeros lectores. Los olores de un herbolario de Saint-Jean-Pied-de-Port trasladaron la mente del escritor al verano que pasó en un colegio en Francia, del que ha extraído el material para otra de las historias y desde la que ha ido perfilando los personajes que van apareciendo en la novela.

Aunque ha puntualizado las diferencias con Obabakoak, cuyos personajes se sitúan en un tiempo «mágico», Atxaga ha reconocido «parecidos profundos» entre el libro por el que recibió el Premio Nacional de Narrativa en 1989 y esta nueva obra, su despedida de la novela. «Aparecen un cuartel, un hospital, un colegio en Francia, que son tres espacios cerrados, y Obabakoak también es un mundo cerrado. Si hubiera que llevarlo a una figura geométrica sería un círculo cerrado y fuera está el mundo», asegura Atxaga.

El autor señala que «lo que hay en el subsuelo de todos estos libros es idéntico» porque «es un estilo que uno lleva en la sangre y que va saliendo» en todo lo que escribe. El objetivo de su escritura —ha explicado— ha sido intentar captar «el movimiento que está en todas partes», sobre todo en el cerebro de cada persona, que es sinónimo de la vida y que debe quedar reflejado en una novela «porque un texto es ritmo, sin cesar».

Según ha reiterado el Premio Euskadi de Literatura 2013, Etxeak eta Hilobiak supone su retirada de la novela, un género que requiere un esfuerzo «tremendo» y un trabajo «muy duro», ya que la obra debe estar regida por una «unidad». «Una sola frase» puede estropear el conjunto, ha advertido. «Tengo este deseo, aunque eso no quiere decir que dentro de siete años no vuelva, aunque no lo creo», ha indicado.

A partir de ahora dirigirá su mirada a las decenas de cuadernos con anotaciones que ha ido escribiendo a lo largo de los años, donde espera encontrar «alguna idea buena» para volver a la «miniatura» literaria, un concepto que para el escritor de Asteasu (Gipuzkoa) son «15 o 20 páginas». Dar una vuelta a esos materiales, «repasar» y «explorar fuera de los terrenos corrientes de la literatura» es el propósito para los próximos años del autor de Obabakoak.

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