Bram Stoker, por Quim Carro (1)

Bram Stoker, por Quim Carro (y 2)

Nunca creí que me harían un escrache… hasta que vi mi casa rodeada por una multitud de transilvanos que portaban antorchas, hoces y horquillas. Y sí, decidí denominarlo “escrache” porque considerar que estaba siendo víctima de un linchamiento me ponía un tanto nervioso ¿Qué podría haber pasado? Ni vivía en un castillo tenebroso en lo alto de una montaña escarpada, ni salía por las noches a chupar la sangre de los aldeanos y ni siquiera era un noble decadente…bueno, o por lo menos no era noble.

"Sabedores de que mi siguiente divito literato versaría sobre Bram Stoker, temieron que mis posibles chanzas ridiculizaran al escritor y a su criatura"

Un individuo (al día siguiente supe que le denominaban “Vlad el Empapelador”) se separó de la turba para pegar unos carteles en la fachada de mi casa que rezaban “No permitiremos que hagas mofa de quien nos ha proporcionado un modo de vida”. Y entonces lo entendí. Sabedores de que mi siguiente “divito literato” versaría sobre Bram Stoker, temieron que mis posibles chanzas ridiculizaran al escritor y a su criatura; una criatura que había generado un turismo y un comercio de souvenirs que garantizaban la subsistencia de mis “escracheadores” y sus familias, y estaban dispuestos a todo para defenderla.

La muchedumbre entró en mi casa.

Yo me escondí en el ataúd de gomaespuma que ponía “Fui a Transilvania y me acordé de ti”

Estruendo de muebles y platos rotos, olor a humo, el roce de una mano sobre mi escondite que afortunadamente no llegó a ser abierto

Sólo una hora después de que todo ruido cesara me atreví a salir, buscando inmediatamente, entre todo ese estropicio, los diarios de Bram Stoker, Van Helsing o Lucy Westenra. Sólo quedaban unos trocitos que, convenientemente montados, forman el “divito literato” que acompañan a este relato de uno de los momentos más aterradores de mi vida.

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