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Buscadores de vidas sencillas

El último ganado de mis abuelos fueron abejas. Muchos años más tarde de verlas por primera vez supe por qué. Ese porqué es el mismo que explica que también fuesen el primer ganado de Sue Hubbell y su marido. Las abejas son animales domésticos que nunca llegan a ser domesticados. Por el hecho de permanecer siempre salvajes son difíciles de entender, como la autora nos recuerda en este libro que recupera Errata Naturae con prólogo iluminador de J.M.G. Le Clézio. Pero también por esa misma razón no precisan de muchos cuidados. Son, por lo tanto, idóneas para quienes no pueden o no quieren dedicarles mucho tiempo. Para quienes se están yendo, como mis abuelos o para quienes están llegando, como Sue Hubbell.

En torno a un millón doscientas mil abejas levantó de nuevo su vida Hubbell cuando, a finales de los ochenta, rondando ya los cuarenta, decidió abandonar su sencilla y cómoda vida como bibliotecaria en la Universidad de Brown de la costa este americana. Después de una laboriosa búsqueda, encontró el lugar ideal en las montañas Ozarks, Missouri. Hasta una granja abandonada que allí había llegó un día con su marido, que al poco la abandonó. Esta circunstancia, que fue la causa del malestar con el que vivió durante muchos años, terminó sin embargo aguzando sus sentidos. Como ella misma confiesa en este libro aleccionador, la botánica la salvó. Se entregó a reconocer cada una de las plantas que habitaban en su colina. Así descubrió la enorme diversidad de la multitud que la acompañaba, viviendo cada nuevo hallazgo con la emoción de un alumbramiento.

"Hubbell nunca oculta las esclavitudes de la vida que ha escogido."

También empezó a fijarse en las costumbres de los animales que la rodeaban. Desde los más grandes, los coyotes, hasta los más minúsculos, los ácaros. El libro sigue un orden cronológico por estaciones. Pero dentro de cada uno de esos grandes períodos, la autora nos relata su vida cotidiana desgranada en pequeños capítulos que arrancan a menudo con la irrupción de algún animal en sus quehaceres diarios: un murciélago, una zarigüeya, un azulillo. La autora nos va contando el desempeño vital de cada uno de ellos con una precisión en los detalles preñada de admiración. Sus narraciones hacen que uno quiera inmediatamente cambiar su vida por la de una oruga.

Otras veces es alguna tarea imprescindible del campo la que propicia una descripción: el proceso de acopio de leña, el aprendizaje del uso de las herramientas, la reparación de una techumbre. Una ironía sutil entre la que a veces asoma el sarcasmo atraviesa estos otros textos. Hubbell nunca oculta las esclavitudes de la vida que ha escogido. Por eso dedica sus últimos párrafos a lo que denomina “buscadores de vidas sencillas”, urbanitas ruralizantes a los que advierte de que los ozarkers tienen vidas igual de complicadas que las de todo el mundo: “Aquí, donde el dinero escasea, cada decisión es importante, no hay cabida para los errores.”

Autora: Sue Hubbell. Título: Un año en los bosques. Editorial: Errata naturae. Venta: Amazon y FNAC

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