Inicio > Firmas > Hotel Z > Byung-Chul Han, ¿copiota?

Byung-Chul Han, ¿copiota?

Byung-Chul Han, ¿copiota?

Llegué tarde a Byung-Chul Han, y aunque ahora he tenido que corregir la escritura a primera sangre de su nombre (y aunque, de hecho, nunca sea capaz de acordarme correctamente de su nombre), le he pillado una gran afición. Es surcoreano. Hay algo en los pensadores contemporáneos de moda que me fascina, y es que siempre están exquisitamente preparados para estar de moda. Esto es, nunca se llaman Juan Gómez y son de Extremadura. Se llaman Zizek, y son eslovenos, o se llaman (un segundo que lo miro) Byung-Chul Han y son originarios de Corea del Sur.

La biografía de Han en la Wikipedia es muy pintona. Siendo asiático, escribe en alemán, que ya es complicarse. Siendo filósofo, no le dio por filosofar más que a los treinta años cumplidos. Entonces leyó hégeles y demás y fue capaz de alcanzar la cabeza del pelotón del pensamiento contemporáneo. Además, con más de 60 años, se conserva estupendamente, al menos en las fotos que corren de él. Con su coletita y todo.

Me agrada su obra. Me agrada que publique muchos libros cortitos, que los libros tengan muchas frases cortitas y que, en definitiva, su lectura se te haga inmediata. Que sus libritos en español (Herder) cuesten 12 euros de nada también me mola. He comprado varios, y yo la verdad es que compro pocos libros.

"Se respira poco cuando se le lee. Diríamos que su filosofar es pura fibra, grano, sin grasa ni paja"

El primero que leí, curiosamente, sigue siendo su libro que más me admira, La desaparición de los rituales. Lo cito algo en mi propio debut en el ensayo (Vidas baratas: elogio de lo cutre). Luego me interesé por Hiperculturalidad, que me gusta menos que ninguno; por La sociedad de la transparencia, por En el enjambre, y creo que por algún otro. Tiene tantos y son todos tan parecidos que no sólo lo leo mucho, sino que lo podría releer con idéntico gusto al que recibiría no habiéndolo leído nunca. Hace nada me compré y leí La salvación de lo bello.

Han hace una prosa muy apretada, en la que casi sólo se dan dos dicciones. Por un lado, cita a alguien, habitualmente francés (Baudrillard, Barthes, mucho); por otro, planta un aforismo propio, una frase seca, sencilla y complicada al mismo tiempo, sobre todo si, como suele ser el caso, va seguida de otra frase seca, de otro aforismo sencillo y complicado al mismo tiempo. Se respira poco cuando se le lee. Diríamos que su filosofar es pura fibra, grano, sin grasa ni paja.

"Sin embargo, con La salvación de lo bello me he escandalizado, y un poco de ese escándalo viene este artículo setembrino"

Hay una cita que me gusta mucho de Barthes, extraída de El placer del texto, que he visto dos veces en los libros del pensador de origen surcoreano. Os la copio, por curiosidad: “Es la intermitencia la que es erótica: la de la piel que centellea entre dos piezas (el pantalón y el jersey), entre dos bordes (la camisa entreabierta, el guante y la manga); es ese centello el que seduce, o mejor: la puesta en escena de una aparición/desaparición.” Por lo que sea (porque es maravillosa), esta cita la tengo siempre presente, o, al menos, muy a mano, de modo que la reconozco o utilizo o emparento con lo que leo con la mayor naturalidad.

En algún libro de Byung-Chul Han, la cita aparecía entrecomillada. En otro, el traductor, la editorial o el propio Han la copiaban de forma que, si no sabías nada de ella, necesariamente pensarías que esas palabras eran crédito de Han. Esto no me alarmó mucho. Son, quizá, cosas que pasan.

Sin embargo, con La salvación de lo bello me he escandalizado, y un poco de ese escándalo viene este artículo setembrino. Quiero señalar un truco de alguna grosería que utiliza este pensador en este libro en concreto. Tal vez también en los anteriores, pero en esos no me di cuenta. Es muy embriagador leer a Byung-Chul Han, te dejas llevar por el perfume de su pensar.

"A lo largo del librito, Han propone algo interesante, y a renglón seguido lo refuerza con una cita de algún pensador de postín que, realmente, dice lo mismo que él acaba de decir"

En La salvación de lo bello, seguramente más que en otros, se abusa enormemente de las citas. Casi no hay una sola página sin cita y algunas acreditan hasta cinco. Pronto, en la 25, Han dice cosas interesantes: “En las películas actuales, al rostro se lo filma a menudo en primer plano. El primer plano hace que el cuerpo aparezca en su conjunto de forma pornográfica”. Esa es la idea de Han. Enseguida cita a Baudrillard: “El primer plano de una cara es tan obsceno como el de un sexo. Es un sexo.” Esa es la idea de Baudrillard. Es decir, Byung-Chul Han no ha tenido ninguna idea.

A lo largo del librito, Han propone algo interesante, y a renglón seguido lo refuerza con una cita de algún pensador de postín que, realmente, dice lo mismo que él acaba de decir. Sin embargo, al ponerlo en el orden que os digo, Han se apropia de la idea y relega al gran pensador a mero confirmador de su genialidad.

“A la belleza le resulta esencial el encubrimiento”, nos dice el gran Han. “Así es como la belleza no se deja desvestir o desvelar. Su esencia es la indesvelabilidad”, concluye. Luego viene un párrafo de siete líneas. Luego viene una cita de doce líneas de Walter Benjamin, en la que puede leerse: “un conocimiento muy exacto de lo bello como velo”, “lo bello como secreto” o “[a lo bello] le resulta esencial el velo”. La idea de Han: “La esencia de la belleza es la indesvelabilidad”. La idea de Benjamin: “La esencia de lo bello es el velo”. Han, en fin, no tiene ninguna idea. No sólo copia, sino que degrada al que tuvo la idea que él copia, pues siempre viene luego a darle mansamente la razón. Es un poco feo, esto.

Sucede algo parecido con extractos de Roland Barthes y de Rainer Maria Rilke, en este mismo libro.

"Este pensador se dedica a recalentar citas ajenas, haciendo un adusto tapiz de ideas duras, diamantinas, suyas o de otros, suyas y de otros, de otros y puede que nunca suyas"

Byung Chul-Han parece dedicar sus libritos a temas muy concretos (“lo bello”, ya vemos; “la transparencia”, “los rituales”…), pero leyendo varios te das cuenta pronto de que todos son el mismo libro y que sus distintos capítulos podrían barajarse y conformar otro libro sin que se notara mucho la diferencia. Esto es así porque sus libros giran en torno a lo pensado por un puñado no tan amplio de grandes firmas literarias y filosóficas (Baudrillard es especialmente saqueado). Este pensador se dedica a recalentar citas ajenas, haciendo un adusto tapiz de ideas duras, diamantinas, suyas o de otros, suyas y de otros, de otros y puede que nunca suyas. Queda bien, hay que reconocérselo.

El truco (noten lo recriminatorio) me recuerda a la técnica (noten lo no recriminatorio) de Enrique Vila-Matas en algunas de sus novelas. Del mismo modo, el personaje hace algo o piensa en algo, sombreros, viajes, pájaros, y luego trae una cita adecuadísima del Monsier Teste o de Katherine Mansfield. Leyéndolo mucho te acabas por dar cuenta de que la cita iba primero, y que Vila-Matas ha creado una situación narrativa propiciatoria de la cita. También queda muy bien, pero no roba ni denigra: reutiliza y resignifica.

Byung-Chul Han no: él copia.

Pronto (el 7 de octubre) publicará en español No-cosas, título estimulante sin conocer los no-lugares de Marc Augé; y estimulante de otra manera si conoces esa noción. Lo leeré. Quizá sea lo último que lea de Byung-Chul Han.

4.2/5 (46 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest
6 Comentarios
Antiguos
Recientes Más votados
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios
Ait
Ait
1 mes hace

Pues que quiere que le diga señor Olmos, como la mayoría de filósofos y la mayoría del academicismo y de la gente en la actualidad. Nos enseñan así, dices algo y a continuación una frase de alguna «autoridad filosófica» para darle mas peso a tus palabras. También habría que tratar el tema porque si citas, mal, si no citas, te pueden acusar de plagio. Ya Descartes (espero que se me permita la cita) decía algo así como: cualquier cosa por extraña que parezca lo más seguro es que haya sido dicha antes por algún filósofo. Eso en el siglo XVII, a día de hoy seguro será todo peor. Siendo como es usted, si se fija un poco seguro que encuentra lo mismo en políticos, comunicadores, redes sociales, etc.,etc.

Pablo75
Pablo75
1 mes hace

«El truco (noten lo recriminatorio) me recuerda a la técnica (noten lo no recriminatorio) de Enrique Vila-Matas en algunas de sus novelas. Del mismo modo, el personaje hace algo o piensa en algo, sombreros, viajes, pájaros, y luego trae una cita adecuadísima del Monsier Teste o de Katherine Mansfield. Leyéndolo mucho te acabas por dar cuenta de que la cita iba primero, y que Vila-Matas ha creado una situación narrativa propiciatoria de la cita. También queda muy bien, pero no roba ni denigra: reutiliza y resignifica.»

Vila-Matas hace cosas mucho peores, como sencillamente plagiar: en sus libros pueden encontrarse citas ajenas sin comillas. Tiene incluso libros, como «Dietario voluble», que parece una traducción del francés.

ricarrob
ricarrob
1 mes hace

Bueno, Sr. Olmos, no le quiero enmendar, pero opino que no me importa que Byung-Chul Han copie o no, cite o no de otros filósofos o de otros autores. En mi opinión, lo hace estupendamente. Lo importante para mi, de él, no es esto sino que refleje con exactitud la desequilibrada y decadente sociedad actual. «La sociedad del cansancio» y «La espulsión de lo distinto» creo que son, en concreto, dos de sus obras más inquietantes y que nos hacen parar y reflexionar sobre lo que estamos creando. Sigue en la línea, con muchos más matices y ampliándola, de Bauman y creo que también de Foucault. Su descripción de cómo es el trabajo actual y la sociedad hiperconectda está en la línea del panóptico de Foucault, actualizado a las nuevas esclavitudes y vigilancias. Creo también entrever en su obra una referencia ética a la línea de Habermas. Leyéndole, nos hace preguntarnos por nuestra propia identidad , diferenciada o no del panel amorfo, de la homogeneización que nos convierte en productos de consumo fabricados en serie, usados y tirados. Nos hace desear convertirnos, de nuevo, en personas. Y sean bienvenidos estos nuevos filósofos orientales que como Yuk Hui (Fragmentar el futuro) es necesario leer reflexionando. Le animo a usted a escribir otra columna sobre él.

DIEGO Rodolfo
DIEGO Rodolfo
1 mes hace

Sospecho que «la desaparición de los rituales» (que me encantó) se basa en el sociólogo alemán Ferdinand Tönnies (aquel de comunidad y sociedad) aunque no figura en sus fuentes bibliográficas

Última edición 1 mes hace por DIEGO Rodolfo
Gerardo Pérez
Gerardo Pérez
1 mes hace

La tragedia de la naturaleza humana, la envidia. En fin subirse a la fama de Han, debe redituar algo

LuisLopez
LuisLopez
1 mes hace

Coincido. Cada libro de Han, vuelve una y otra vez sobre las mismas ideas donde la sociedad capitalista y neoliberal son horribles y los seres humanos pusilánimes autómatas dominados. Aun así, hay que reconocerle que sin llegar a ese extremo, ciertas ideas en Psicopolitica, acerca del “hombre de rendimiento” y el cambio de paradigma de la explotación hacia la auto explotación, son atractivos.