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Canción urgente para Minneapolis

Canción urgente para Minneapolis

Nosotros te cantamos, Minneapolis, 14 grados bajo cero. La noche ha cegado al mundo y solo se encienden las balas de los nuevos arios —todas las razas lo son bajo el uniforme del ICE—. Renee Good, Alex Pretti, nosotros repetimos vuestros nombres con los que hacen vigilia en la ciudad con tanto frío, con tanto amor, con tanta rabia, con tanto hielo, rodeados por la policía del hielo.

Repetimos tu nombre, Rene Good. Repetimos tu nombre, Alex Pretti. Y vosotros también cantáis desde el lado de la muerte: los nombres de los que todavía no han muerto y sin embargo se empeñan en orar, o ya enmudecen paralizados por ese dragón repartido en hombres, de caparazones acolchados, impunes muchachos asesinos.

"Ni siquiera importa el pasaporte. Importa si llevas una pequeña mochila camino del colegio con un aire canela en la garganta"

Ha vuelto Núremberg al corazón del Norte. Sisean la muerte, la gruñen, amenazan la piel tintada de cualquier etnia, de cualquier acento negro, mestizo, o hispano. Todo lo que suena a canción, a libertad, a rebeldía. Ni siquiera importa el pasaporte. Importa si llevas una pequeña mochila camino del colegio con un aire canela en la garganta. Cuídate mucho entonces de no ser asesinado o arrestado.

Pero allí los perseguidos no huyen: se protegen unos a otros, se avisan y se esconden en los sótanos, alertan a los amenazados como en aquellos guetos de Alemania, héroes, heroínas de Minneapolis, que repetís los nombres de los muertos en la vigilia nocturna y por el día filmáis y gritáis contra los bárbaros.

"Cuando a un lado el poder se vuelve contra su pueblo, en otro lado el pueblo se vuelve contra el poder"

Quién calla. Quién puede callar en Europa, que tiene una biblioteca de sangre. Quién puede callar en Jerusalén que tiene la boca llena de sangre. Quién agacha la cabeza. Quién la levanta para decir que Minneapolis no ha muerto. Que Minneapolis soy yo cuando paseo. Que Minneapolis soy yo cuando trabajo, me muevo, me alimento, cuando digo soy libre. Cuando digo yo amo, yo hago. Cuando digo: yo creo.

Seguimos creyendo aunque dormimos. Occidente no ha muerto aunque agoniza. Cuando os rompen las ventanillas de los coches están rompiendo las ventanas de nuestras casas, porque Estados Unidos y Europa están tan conectados como dos alambiques que destilan democracia. Cuando a un lado el poder se vuelve contra su pueblo, en otro lado el pueblo se vuelve contra el poder.

Por la ventana me asomo. Hay un aire de amor en la lluvia. Y la lluvia deshace el hielo. Pero no basta amar, hay que clamar: hace falta refundar Occidente en Minneapolis, pues allí todos nuestros pilares están cayendo.

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