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Cantonet: Presencia y experiencias en subastas (II)

Cantonet: Presencia y experiencias en subastas (II)

Siguiendo con estas crónicas syldavas, rellenando la celda subastera de este panal tintiniano y sumergidos en el campo de las ventas internacionales mediante licitación, Mª Carmen y yo hemos tenido la suerte de estar presentes en las más importantes que se han llevado a cabo en París, de la mano de la firma Artcurial.

Si tenías suerte y llegabas con tiempo suficiente para deleitarte paseando por su sala de exposiciones y venta de obras firmadas por grandes artistas podías constatar el impacto emocional que supone tenerlas ante tus ojos.

Cuando era joven y aparecían en prensa y televisión noticias acerca de las obras de pintores como Joan Miró, nunca entendí bien su arte, y mis pensamientos se inclinaban a creer que los dibujos de este artista catalán tan galardonado y reconocido mundialmente los podía hacer cualquier niño al que le dieras unas pinturas con un lienzo a ensuciar y, si convenía, con los ojos vendados.

Efectivamente, así pensaba hasta que me encontré en dicha sala de Artcurial con un cuadro delante de mis ojos del artista referido. El impacto visual fue inmediato. Acostumbrado, como impresor, a ver y plasmar en papel una paleta de mil y un pantones distintos, los pigmentos aportados por dicho lienzo me provocaron una sensación totalmente novedosa. Colores primarios, vivos, de luz y de oscuridad, pero de una intensidad que te absorbía la vista, capaz de abstraerte de todo lo que te rodeaba en aquel instante, quedando atrapado por lo que tus ojos te están transmitiendo.

"No perdíamos la ocasión para hacer acto de presencia en dichas ventas sabatinas, en las cuales finalmente nos sentíamos como en casa, siendo presentados por amigos franceses a otros coleccionistas"

He querido explicar este hecho porque me sirvió para constatar y entender que en el mundo del arte se venden emociones, y sus precios se encumbran en función de muchos factores, pero uno de ellos sin duda es el sentirse cautivado por la belleza abstracta —o no— de según que imágenes.

Volviendo al mundo de las subastas, y tal como mencioné en algún momento, estas estaban compuestas por un gran número de artículos coleccionables que envolvían la venta de una o más piezas de altísimo nivel. Ellas eran las que daban importancia y relevancia a la fastuosa ceremonia que conllevaba su licitación, con una audiencia de público en la sala que acostumbraba a superar las expectativas.

Nosotros, con la excusa de poder adquirir cualquiera de las figuras de metal —pixi— que nos pudiera faltar en nuestra colección ya nos dábamos por satisfechos, y no perdíamos la ocasión para hacer acto de presencia en dichas ventas sabatinas, en las cuales finalmente nos sentíamos como en casa, siendo presentados por amigos franceses a otros coleccionistas coetáneos con los cuales compartir nuestra afición.

Así, fui informado de que el día 30 de marzo del 2008 se celebraría una gran subasta en la que, al margen de las figuritas metálicas que nosotros coleccionábamos, la sala Artcurial se vestía de gala para acoger y llevar a cabo una de las ventas más importantes del mundo del cómic. Eran depositarios en sus almacenes de un gouache a color —témpera— hecho por Hergé en el año 1932, el cual se utilizó como ilustración a color de la portada de uno de los primeros libros editados por Le Petit Vingtième, cuyas páginas interiores en blanco y negro eran el compendio de lo editado semanalmente en la revista que llevaba el mismo nombre que la editorial, y también para Editions Ogéo de la Collection des Albums Coeurs Vaillants. El libro era de Tintín en América.

"Dicha persona, en declaraciones efectuadas a los medios, hizo la observación de que había licitado en nombre de una galería de arte cuyo nombre no podía desvelar"

La venta de este gouache a color tuvo su momento más álgido cuando, llegados a la cifra de un millón de euros pugnando entre dos teléfonos y un ordenador, desde la sala se alzó inesperadamente la mano de un nuevo licitador, todo trajeado, el cual sostuvo la apuesta con los otros tres interesados hasta llegar a 1.300.000 euros, momento en el que se cayeron de la disputa uno de los teléfonos y el que licitaba online. Quedando sólo un teléfono y el señor presente en sala, fueron ascendiendo de 50.000 en 50.000 las últimas licitaciones, y finalmente dicho señor presente en sala se lo adjudicó por millón y medio de euros, más impuestos y derechos de venta.

Los responsables de la subasta rápidamente lo abordaron para que fuera a cumplimentar el pago de la suma correspondiente a la compra efectuada, antes que lo acosaran los medios de comunicación ya fuera de la estancia. Dicha persona, en declaraciones efectuadas a los medios, hizo la observación de que había licitado en nombre de una galería de arte cuyo nombre no podía desvelar.

En dicha venta, y estando presentes Mª Carmen y yo, nos quedamos desbordados, más bien sobrepasados. Recuerdo que el lunes siguiente, escuchando las noticias en Catalunya Ràdio, hicieron mención y tertulia de dicha subasta con algunos expertos.

Para calmar los ánimos y serenar la excitación de dicho evento, uno de los ponentes de la emisora explicó que no era necesario ponerse tan “estupendo” por las cifras que se barajaban en el mundo del arte, y puso como ejemplo la subasta que se había llevado a término también en París hacía un par de semanas de un cuadro de Pablo Ruiz Picasso titulado El bebedor de absenta, por el cual se habían pagado dos millones de euros. Dicho experto llegó a explicar que los óleos de Picasso oscilan entre los dos y los doscientos millones de euros, obras que las galerías de arte y museos más prestigiosos luchan por conseguir ya que, en pocas palabras, si no tienes un Picasso no eres nadie.

En resumen: la conclusión a que llegaron dichos tertulianos es que, en ese momento, el cuadro más económico de Picasso sigue siendo más caro que el de Hergé. ¡Vamos! El de Hergé una ganga, oiga.

"Siempre pasa lo mismo con las colecciones: acostumbras a ir adquiriendo las piezas más económicas y finalmente te faltan las más caras"

Otra de las ventas que no quisimos perdernos fue la que se llevó a cabo el 28 de mayo de 2014, que tenía como producto top el dibujo hecho en tinta china de las primeras guardas de los libros de Tintín, las cuales tenían el fondo del papel en azul y los dibujos en blanco. Dicho dibujo llegó a la inestimable cifra de dos millones y medio de euros. En este caso la expectación fue considerable, pero estando la sala repleta hasta el punto de quedarnos de pie sin opción a butaca para sentarnos, nadie físicamente presente en la misma licitó. Fueron tres teléfonos y un ordenador los que mantuvieron la pugna hasta la cifra comentada, y fue el licitante del ordenador el que se llevó el gato al agua. Mediante conocidos nuestros, al cabo de unos días fuimos informados de que el comprador de dicho dibujo fue un estadounidense.

La posterior subasta en que estuvimos presentes también se realizó en Artcurial el 19 de noviembre de 2016 y tuvo como joya central la venta de una página del libro de Aterrizaje en la luna realizada en 1954 por Hergé a tinta china y retoques de gouache blanco, como producto antecesor al Tipp-Ex. Esta subasta creó menos expectativa, pero estuvo plagada de anécdotas.

Sobre las once se empezaron a subastar figuras de Marie Leblon, Pascal Rodier, Michel Aroutcheff, y finalmente las que nosotros coleccionábamos. Si bien es verdad que ya poseíamos un buen número de ellas, algunas nos faltaban, dados sus precios. Siempre pasa lo mismo con las colecciones: acostumbras a ir adquiriendo las piezas más económicas y finalmente te faltan las más caras.

Pues bien, sentados en sala Mª Carmen y yo, se empiezan a licitar dichas piezas. Mª Carmen me dice:

—Ostras, qué barata está esta pieza, y ya nadie licita.

Le contesto:

—Ya la tenemos.

Me responde:

—¡Ah! No lo sabía.

Prosigue la subasta y, pasadas tres figuras, vuelve a la carga:

—¿Has visto esta? Está muy bien de precio.

Le contesto:

—También la tenemos.

Me responde:

—¿Ah, sí? Pues no me he fijado.

Sigue avanzando la subasta, y al cabo de cuatro piezas más, insiste:

—¿Y esta? No me digas que también la tenemos.

En ese punto se me escapó la risa en medio de una sala silenciosa como una iglesia, y le contesté:

—No me preguntes más. Cuando lleguemos a nuestra casa de Cantonet (Mieres) te enseñaré la colección.

Me miró con cierto desafío y quedó muda hasta el final de las licitaciones de los pixis.

Acto seguido empezó la subasta de libros y finalmente, antes de la una, le llegó el turno al dibujo mencionado con anterioridad.

Empezaron a licitar dos teléfonos y una persona en la primera fila de la sala. Dicha persona, cada vez que levantaba la mano, se hacía notar. La discreción no era su fuerte. A partir del medio millón iban licitando de 50.000 en 50.000 euros, y llegados al millón se añadió un nuevo licitador en formato online. Tal como vemos que licita por 1.050.000 euros, la persona que estaba pujando en sala se desmarca, se pone de pie, se engalana con su gabardina acomodando un pañuelo al cuello, recoge sus bártulos y, transitando a paso ligero por el centro de la sala, desaparece delante la mirada atónita y la expresión facial de estupor de todos los presentes.

"Llegada la tarde y no habiendo conseguido por la mañana ninguna figura pixi a precio adecuado, pensamos en la posibilidad de hacernos con algún objeto chulo de coleccionismo"

Acabada la venta matutina y ya dispuestos a salir del palacete de Artcurial para engullir un rápido tentempié, en corrillos cercanos se explicaba que la persona presente en sala licitando por dicho dibujo era un enviado de parte de un museo que tenía como fin el adjudicarse dicho dibujo con una cifra máxima de un millón de euros, y que dicha persona, si lo conseguía, como pago recibiría a cambio un porcentaje por parte de dicha entidad. Viendo que se le escapaba la compra, adhiriéndose un licitador nuevo online a ella, cogió un cabreo de tres pares de narices, al constatar que su tiempo y esfuerzo habían sido infructuosos. Finalmente se llevó la compra del dibujo uno de los teléfonos, pagando la suma de 1.250.000 euros. El ganador fue un particular europeo.

Llegada la tarde y no habiendo conseguido por la mañana ninguna figura pixi a precio adecuado, pensamos en la posibilidad de hacernos con algún objeto chulo de coleccionismo de los que quedaban por licitar. Les tocó el turno de ser vendidos al apartado de juguetes y objetos varios. Había de todo: alfombras Axis, cajas de colores, productos Lombard, puzles, cajas de música, porcelanas, etc.

Le llegó el turno a los puzles Cartonnages Dubreucq de Bruselas, los cuales acostumbraban a finalizar sobre los 400 euros. Se subastaron dos de ellos a ese precio y, llegados al tercero, vemos que la cifra se paraliza en 200, por lo que le hago una señal a Mª Carmen, ella asiente, levanto la mano para licitar y finalmente el señor Tajan, propietario del martillo, me lo adjudica por 250 euros.

Siguen licitando otros artículos y de pronto se me ocurre coger el catálogo que nos habían ofrecido, el cual albergaba todos los productos llevados a subasta y una pequeña explicación sobre su estado y características, para cerciorarme de la información que se adjuntaba al puzle que habíamos ganado.

Dicho puzle era ni más ni menos que la viñeta de La oreja rota en la que los revolucionarios transportan en hombros a Tintín, el cual lleva una melopea considerable, después de haberse salvado en un intento de ser fusilado por las tropas del coronel Tapioca. Escena bonita, si no más divertida.

Me dispongo a leer las características del puzle y, por lo que interpreto en francés, me indica que le faltan cuatro piezas. Vaya, empezamos bien.

"Supongo que al verme la cara de bobo que se me quedó, intentó quitarle trascendencia al asunto y nos volvimos a Barcelona como si no hubiera pasado nada"

Nos quedamos hasta el final de la subasta, en la que, una vez acabada la venta de los lotes, todo el mundo se puso en pie y ofreció a los responsables de la misma un sonoro aplauso de reconocimiento ante su labor. Acabados los saludos con los conocidos presentes, nos dispusimos a bajar a los sótanos de Artcurial, donde se llevaba a cabo el pago de lo comprado y, mediante un resguardo referenciado como comprobante, pasabas al mostrador donde nos sería entregado el artículo adquirido.

Nos entregaron el puzle en dos partes. Una de ellas era la caja que acreditaba su marca y, otra era el puzle ya montado y enmarcado. Llegados a este punto, mediante un repaso general de dicho puzle pude observar con facilidad los huecos de tres piezas sin una gran importancia, pero cuando me dispuse a buscar la cuarta pieza que faltaba, miro la cara de Tintín y veo que la pieza que debería ocupar su hueco no está, solo se encuentra un agujero prominente a la vista de cualquiera.

Joder, que decepción. Miré a Mª Carmen y ella, con ojos de incredulidad, me miró para seguidamente echar una carcajada de las que hacen época, intentándola aminorar con la mano cubriéndose el desencaje de sus mandíbulas. Supongo que al verme la cara de bobo que se me quedó, intentó quitarle trascendencia al asunto y nos volvimos a Barcelona como si no hubiera pasado nada. Eso sí, llegamos a Barcelona sobre las nueve de la noche, y al día siguiente me levanté para irme al taller de Artes Gráficas que teníamos y mediante cartones, bisturí, tintas, Rotrings y otros enseres poderle hacer a Tintín una cara nueva, digna de su persona.

No es como para ponerse medallas, mas bien al contrario, pero buscando la bondad de lo explicado, tanto el puzle como el pañuelo de seda dedicado a El asunto Tornasol los tengo enmarcados y colgados en un lugar preferente de nuestro hogar, intentando tener siempre presentes los errores que cometes y que tienes que asumir para ir aprendiendo. Como bien dice mi estimado amigo Ferran, cuando uno se mueve pasan cosas, y no siempre acaban siendo como uno quisiera.

Antes de explicar la última gran subasta que se realizó en torno de la obra gráfica de Hergé en la cual también estuvimos presentes, quisiera significar y realzar la figura del que fue vicepresidente de Artcurial, el señor François Tajan, ejerciendo de subastador en las ventas mencionadas.

"Finalizaré con nuestra presencia en la venta realizada el 14 de enero de 2021 del dibujo de 1936, preparado para ser portada del libro El loto azul, y que por motivos técnicos y económicos Casterman desestimó"

Su presencia y control de las diferentes situaciones como propietario del martillo daban un aire de sosiego, elegancia y vigor que provocaban entre todos los presentes una gran tranquilidad. Conocedor y sabedor de las normas de venta aplicadas por Artcurial, provocaba que su autoridad, impartiendo justicia, dado el caso frecuente de que distintas licitaciones se concentraran en el mismo momento, fuera incuestionable por todos los presentes en la sala.

Lamentablemente, dicha persona falleció en el 2020 a causa de una intoxicación alimenticia y, aunque las subastas de Artcurial siguieron albergando las mejores ventas de producto hergeniano, no volvieron a tener aquel savoir faire parisino que se desprendía con su presencia en el atril que presidía la sala.

Finalizaré con nuestra presencia en la venta realizada el 14 de enero de 2021 del dibujo de 1936, preparado para ser portada del libro de El loto azul, y que por motivos técnicos y económicos Casterman desestimó, quedando como regalo de Hergé a Jean-Paul Casterman (hijo de Louis Casterman), doblado en un pliego de seis y guardado en un cajón.

Después de más de ochenta años salió a la luz por mediación de los herederos de Jean-Paul, hecho que hizo que se creara un gran revuelo alrededor de dicho dibujo y su historia, ya que, ante dicha aparición, Nick Rodwell, encabezando la representación de Tintinimaginatio, declaró a los medios de comunicación que no estaba nada claro que dicho dibujo fuera un regalo de Hergé.

Tintinimaginatio argumentó que muy probablemente dicho dibujo quedara en depósito en las oficinas de Casterman, por lo que su propietario seguía siendo Hergé, y que por tanto lo que tendrían que hacer los herederos de Jean-Paul sería devolver dicho dibujo a los herederos de la obra de Hergé.

"Nosotros tuvimos suerte de acreditarnos a primera hora, adquirir un catálogo de la subasta y, cuando intentamos acceder a la sala, ya estaba repleta de personas y cámaras"

No sé si fue con una cierta mofa por parte de Nick Rodwell, que incluso llegó a insinuar como mensaje hacia los herederos de Jean-Paul que tuvieran un acto bíblico, un acto de buena fe, como de buenos samaritanos, con el intento de enternecer místicamente sus corazones e intentando convencerles de que moralmente dicho dibujo pertenecía a Hergé.

Quince días antes de la subasta, en una entrevista radiofónica, el periodista responsable de la misma le preguntó si había intentado aproximarse a los presuntos propietarios del dibujo para llegar a un acuerdo, poniendo por ejemplo poderse sentar juntos tomando un café, a lo que Nick Rodwell contestó lo siguiente:

—Sí, sí. No tienen ningún inconveniente en reunirnos y tomar un café con nosotros. Hemos hablado para vernos y no hay problema, pero la condición que me ponen es que sea después de la subasta, cuando ellos ya no sean propietarios del dibujo.

¡Nada más, señoría!

El día de la subasta, tanto las instalaciones de Artcurial como sus aledaños estaban repletos de medios de comunicación. Nosotros tuvimos suerte de acreditarnos a primera hora, adquirir un catálogo de la subasta y, cuando intentamos acceder a la sala, ya estaba repleta de personas y cámaras. Finalmente accedimos a podernos apoyar de pie en uno de los ventanales y no movernos de él hasta finalizada la venta del dibujo suscitado. La ausencia del señor Tajan por el motivo explicado anteriormente le quitaba categoría al evento, pero dicha falta de solemnidad estaba sustituida por la envergadura que podía adquirir la cifra de venta del dibujo.

Y así fue, con la sala llena de espectadores sin las más remotas posibilidades de adquisición. Fueron tres teléfonos y dos conexiones de ordenador los que estuvieron dispuestos a que dicho dibujo y su venta llegaran a ser la obra del noveno arte más cara de la historia.

Sólo empezar y el responsable del martillo informó a la sala que tenía una licitación en firme de un millón y medio de euros, cifra por la que se empezaría la subasta, esperando que dicha cifra se fuera aumentando. Efectivamente, los contendientes se fueron posicionando con licitaciones de 50.000 en 50.000 euros. A partir de los dos millones, las licitaciones ya iban ascendiendo de 100.000 en 100.000. Finalmente, el teléfono capitaneado por Éric Leroy, gran experto en arte de Artcurial, en disputa tensa con un ordenador, ganó la subasta con la no despreciable cifra de 3.175.400, tasas e impuestos incluidos. Récord mundial que hoy en día sigue sin ser superado.

Ya lo ven ustedes. Más de una vez volvíamos a Barcelona con productos inesperados o con tan solo el catálogo de venta en el macuto, pero con una experiencia tras otra recorriendo este mundo en el que por suerte… siempre nos quedará Tintín.

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Juanma
Juanma
10 horas hace

A por el próximo articulo señor Enric. Nos divertimos y aprendemos leyendo sus escritos. Palante.

Enrique Reverté
10 horas hace
Responder a  Juanma

Seguiremos abanzando con lances tintinescos.