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Carta a Andrés Trapiello

Querido y leído Andrés:

Nos vemos poco, pero de vez en cuando sí que te veo en algún acto cultural. Hace años, ya muchos años, te hice una larga entrevista sobre tus diarios para la revista Memoria, de la Universidad Autónoma de Barcelona, revista dirigida por Anna Caballé. Lo que es la vida, Anna Caballé formó parte de mi tribunal de tesis doctoral, y recuerdo que en la comida me dijo que podría entrevistar a alguien para su revista. A mí me pareció muy bien. Al principio quedamos en que iba a entrevistar a Francisco Nieva, que yo sé que era un gran escritor, pero luego le dije que me apetecía más entrevistarte a ti, porque ya te había leído bastante y me gustaban mucho tus diarios.

Recuerdo que cuando te llamé para concretar la entrevista estuviste reticente (algo que hoy me parece normal), y me preguntaste qué libros tuyos había leído. Yo ya había leído bastantes y te lo dije. Parece que esto te tranquilizó y me concediste la entrevista.

Tengo un muy buen recuerdo de aquella entrevista y siempre que te veo te la recuerdo. Me acuerdo que una vez, en una cena en público a la que te invitó Fernando Sánchez Dragó en el Café Gijón (cena-tertulia), me dijiste que era muy buena.

Yo disfruto mucho leyéndote, pero sobre todo los diarios, es curioso, aunque también me gustan tus artículos y la biografía que escribiste sobre Cervantes, por ejemplo. Pero sobre todo los diarios.

En aquella comida te dije que yo también escribía diarios, y me preguntaste si los publicaba. Te contesté que me temía (me temo) que me los publicarían tarde, cuando los editores pensaran que se pudieran vender lo suficiente. Para ello, supongo, tengo que hacerme bastante más famoso. Pero no pasa nada, no hay prisa.

Ahora me apetece, y lo digo, ya que hablamos de diarios, Andrés, escribir unas memorias. Ya casi tengo 50 años; quizá sea un buen momento para escribirlas, o escribir un primer tomo. Siempre recuerdo que Cela escribió La rosa, primer volumen de sus memorias, con cuarenta años, si no recuerdo mal.

Esas memorias es un libro que me apetece escribir, pero comprendo que resultaría poco comercial. Aunque siempre lo puedo hacer y guardarlo para el futuro. Tampoco pasaría nada. Pero es cierto que tengo otros libros más urgentes.

Estos días he vuelto a tus libros y he disfrutado mucho. Noto que me siguen gustando; sigo apreciando tu excelente literatura, en mi opinión, si me permites decirlo. Pero reconozco que al leer Salón de pasos perdidos, los diarios, he percibido una amargura en bastantes páginas que antes no creía captar. No sé si estás de acuerdo. Son muy duros en este sentido.

Tampoco estoy seguro de hasta qué punto esa amargura se la pones tú, como escritor, o se la pongo yo, como lector. Es posible que los dos. Y quizá no se la ponía tanto cuando leí estos libros con veinticinco años.

Hace poco me preguntó un amigo por estos diarios tuyos, por qué me parecían, cómo eran. Le dije que eran “muy literarios”, que no se me ocurría mejor manera de expresar lo que eran, a mi juicio. A menudo pienso todo lo que has leído y todo lo que has escrito para ser cómo eres, y cómo te viertes, digamos, en tus libros. Cuando estuve en tu casa vi un pasillo con una librería que ocupaba la pared por completo, una librería repleta de libros. También me llamó la atención que tenías un despacho, no muy grande, o eso me pareció, con muchos libros. En él escribías. Pero el salón en el que hablamos para hacer la entrevista no tenía un solo libro. Sí que tenía cuadros, si no recuerdo mal.

Nunca olvidaré aquel encuentro y aquella conversación. Me regalaste dos libros de artículos y me dedicaste un diario que acababas de publicar, Las inclemencias del tiempo. En esa dedicatoria aludías a que yo había ido solo a tus diarios, y así había sido. Los había elegido en solitario, y ahora no recuerdo cómo empecé a leerlos. Sí recuerdo que aquélla fue la época en la que me relacionaba mucho con Umbral porque estaba haciendo mi tesis sobre él, y que algunas veces hablábamos de ti. Pero ahora no sé cómo empecé a leer tus libros. Quizás los recomendara Sánchez Dragó en su programa Negro sobre blanco, que tanto me gustaba y que veía casi todos los domingos. Sé que Fernando era muy aficionado al Salón de pasos perdidos.

Una vez te dije, y me parece que lo he escrito en este Cuaderno de campo, que Salón de pasos perdidos era la obra que más me gustaba de todo lo que había leído desde que había empezado este siglo, junto con los diarios de Salvador Pániker. Es interesante, supongo que al menos para mí, que todos estos libros sean diarios íntimos

Es un género que me gusta mucho, un género muy literario, seguramente de los más literarios, si no lo son todos. Pero sí tengo claro que es un género minoritario en general, es decir que lo disfrutan los grandes aficionados a la literatura. Aunque bien podía ser de otra manera. Creo que García Márquez decía que la novela era el género rey de nuestro tiempo, pero bien podría haber sido de otra manera; la poesía podía haberlo sido. De hecho lo fue en el Siglo de Oro, por ejemplo, y también el teatro. Todo esto Cervantes lo vivió en sus carnes, y en su pluma.

La verdad es que yo pienso que las personas no somos exactamente como escribimos, como nos mostramos al escribir. De algún modo hay un desdoblamiento, o una doble personalidad, o la misma que se manifiesta de dos maneras, o de muchas formas distintas. Considero que los escritores que he conocido más a fondo, personalmente, no se parecían mucho a lo que había leído de ellos. Y ahora que lo pienso no eran mejores o peores, sino diferentes. Quizá la escritura les complete, nos complete. El mismo Umbral decía que “el escritor iba por dentro”, y estoy muy de acuerdo.

Estos años que han pasado desde que te entrevisté, en 2002, si no llevo mal las cuentas, han sido de gran reconocimiento para ti, en todos los sentidos. Me alegro, te lo mereces mucho. Has trabajado una gran obra, muchos libros de géneros variados, de gran calidad. Para mí eso es un gran escritor, si no te importa que lo diga. Y me alegro mucho que te lo hayan reconocido en todos los sentidos, los lectores, los medios de comunicación, las editoriales, las instituciones. Parece fácil decirlo, pero no es fácil que suceda, en absoluto, y todos los que escribimos lo sabemos. Aunque por supuesto no escribimos por eso.  Sería demasiado sencillo.

Hacía años que no volvía a tus textos y ha sido un gran placer regresar a ellos. Ha sido como reencontrarme con un buen amigo, aunque esto suene tópico. Quizá sea tópico, pero es verdadero. He regresado a tu mundo, tu forma de decirlo, tu personalidad, incluso tus defectos, que todos los tenemos. Me gusta mucho cómo empiezas y acabas tus diarios, en las Viñas, pasando las Navidades, entre el frío, los libros y la Naturaleza. Conozco tu mundo y disfruto de tu modo de expresarlo. Son libros que si te gustan no te cansas de leerlos. Y si te cansas, descansas. Sólo hay que darles un poco de tiempo. Son para leerlos con calma.

Intuyo que son una obra importante de nuestro tiempo, en calidad y en cantidad, digamos, en tamaño. Creo que el hecho de que los hayas escrito a través de los años significa que existe una necesidad de hacerlos, más que cualquier otro condicionante. ¿Cómo ibas a escribir tantos tomos, largos y frecuentes, anuales, sin necesitar escribirlos?

Eso te delata, en mi opinión, como escritor auténtico. Algunas veces pienso si no sería mejor que dejara de escribir, pero siempre vuelvo sin darme cuenta, por lo mucho que me gusta y porque lo necesito. Entre otras razones. Creo que algo parecido les ocurre a muchos otros. Motivos para no escribir los hay todos, pero algo muy profundo  nos lleva siempre a hacerlo. ¿Por qué?

Querido Andrés, enhorabuena por todo. Me gustaría que tuviéramos más relación en el futuro, si es posible. Te deseo lo mejor.

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