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Ciberguerra: El único movimiento para ganar es no jugar

En los días posteriores al 11 de septiembre de 2001 el mundo anglosajón optó por releer El agente secreto, de Joseph Conrad. En la novela, Mr. Verloc es confidente de la policía británica, miembro de un grupo anarquista y espía al servicio de una embajada extranjera. En su papel de agente secreto, el protagonista es la puerta de atrás perfecta para introducirse en el sistema británico y perpetrar un atentado destinado a influir en la política internacional. La historia es tan actual que la BBC ha vuelto a adaptarla para televisión. La acción se desarrolla, como en el libro, a finales del siglo XIX, pero si la cadena británica hubiera optado por trasladarla a nuestros días Mr. Verloc ya no sería un agente secreto, su papel lo ocuparía un virus informático. En el siglo XXI los principales protagonistas del espionaje y la guerra están más activos que nunca, pero son líneas de código, lo que les hace pasar de puntillas por la literatura y los medios de comunicación masivos.

Ciberguerra, el último libro de Yolanda Quintana, no es ficción, pero el software del que habla actúa como esos personajes descritos por Conrad. Hoy los agentes secretos más peligrosos se infiltran en los ordenadores del enemigo, pasan desapercibidos en su sistema y, cuando llega la hora, actúan afectando a infraestructuras físicas. El ensayo nos sitúa en un punto intermedio entre las historias de espías de los últimos dos siglos y los relatos futuristas que incluyen guerras con robots, como Terminator. La diferencia principal es que en Ciberguerra todo es muy real, está pasando ahora mismo.

Quizá sea por la escasa fuerza visual de este tipo de información o por la aparente complejidad de las historias que desencadena, lo cierto es que los medios apenas atienden un fenómeno que crece cada minuto que pasa. La guerra, como casi todo en el siglo XXI, ha dejado de ser exclusiva de humanos con hardware. Es el software el que lidera la ofensiva militar o económica en un entorno en el que la mejor defensa, como nos enseñó Cruyff, pasa por el ataque.

Mientras seguimos pensando que Skynet o Matrix son ciencia ficción, hay virus modificando el comportamiento de plantas de enriquecimiento de uranio, atacando infraestructuras vitales dedicadas al abastecimiento de energía eléctrica o agua, asumiendo el control de los drones que envía el enemigo. No solemos verlo en los medios, salvo en los muy especializados, sólo en las películas o en series como Mr. Robot. Por eso conviene leer Ciberguerra, para que luego no nos sorprenda descubrir que lo que presumíamos ficticio es nuestro día a día.

Decía el ordenador WOPR en la película Juegos de guerra que “el único movimiento para ganar es no jugar”. Resulta que ya llevamos tiempo jugando.