Inicio > Libros > Dos veces cuento > Coincidencia, de José Javier Alfaro Calvo

Coincidencia, de José Javier Alfaro Calvo

Coincidencia, de José Javier Alfaro Calvo

Las cuatro palabras de «Esta frase es falsa» dan bastante que pensar. Como las contradicciones y las paradojas. ¿Atenta contra los fundamentos de la lógica clásica? Contamos con que una afirmación o es verdadera o es falsa.

Si es verdadera, ¿tendríamos que aceptar que esa frase, efectivamente, es falsa y lleva dentro una contradicción? Si es falsa, ¿será mentira que sea falsa y, por tanto, incurrirá en contradicción también? Esa cerrazón —esa aporía— manifiesta los límites de nuestro lenguaje cuando intentamos usarlo para hablar de sí mismo. Los aforismos que anotó, entre 1914 y 1916, aquel perspicaz teniente del ejército austro-húngaro, Ludwig Wittgenstein, donde sostenía que toda función del lenguaje consiste en tener significado. Y el más célebre: «Los “límites de mi idioma” significan los límites de mi mundo». Suele traducirse «Los “límites de mi lenguaje” son los límites de mi mundo».

Y según objetaba su amigo Bertrand Russell, con quien mantenía correspondencia, ¿la lógica sí consigue atravesar los límites del mundo, como si contemplase esos límites desde el otro lado? Como se cruza la redondez de la Tierra.

Cierto que el idioma permite aunar significados contradictorios y entenderlos con un sentido nuevo. ¿Quién no ha sido testigo de «un silencio atronador»? ¿Alguien ha vivido «un instante eterno»? ¿Quién no capta el «vísteme despacio, que tengo prisa», adaptación del adagio latino «festina lente», ejemplar oxímoron? Como algo o alguien que escape de nosotros «a toda lentitud».

No es infrecuente que el microrrelato recurra al humor, incluso a jugar con las palabras y los desacuerdos y contradicciones y melonadas humanas y falsedades. El humor sirve para reprender, para desaprobar, criticar, desautorizar. Para seguir viviendo.

José Javier Alfaro Calvo —Pepe Alfaro—, nacido en 1947 en Cortes, el último pueblo de Navarra en el extremo sur de la comunidad autónoma, limítrofe con Aragón, o el primero, según de dónde se venga, es maestro, poeta, ilustrador, narrador, y destaca en esos y en otros oficios propios de la bondad. Lleva años dirigiendo talleres de lectura y de escritura, forma parte del consejo de dirección de la revista literaria Traslapuente. Es jovialmente ingenioso, un prodigio de autor de literatura infantil, con desparpajo y gracia. Con humor. Poemímame, Magiapalabra, Nanas para dormir animales, Maneras de quitar el polvo… son algunos de los significativos títulos de obras suyas.

Le pedí algún microrrelato y me ha costado elegir solamente uno de los suyos. Elegí «Coincidencia», que recorre dos viajes singulares que desembocan en el mismo destino de una isla en la parte occidental del mar Mediterráneo.

Uno de los itinerarios hace escala en la capital de Catar, en Doha, ciudad que, por lo visto, en árabe significa «árbol grande» o «gran redondez», bien sea por el que alzaba sus ramas en aquella población originaria de pescadores, o bien sea por la forma curva de las bahías que rodean su costa. El segundo rumbo se para en la ciudad portuaria ubicada en la costa sureste de Florida: Miami. Es decir: buscando uno el poniente y buscando el este el otro. Dos de las rutas posibles. Opuestos.

Paradójicos y extremos son también congéneres nuestros empecinados en creer que nuestro planeta está vacío por dentro, hueco, como una calabaza reseca, o esos que lo entienden plano como un monstruoso mantel —tal vez zurcido y con pliegues y humos de dragones— y que tiene fines y conclusiones y quizá consigue sostenerse sobre columnas. Haylos, dicen, sensibles o incluso intolerantes a la kriptonita, sin ser reptilianos de tercera generación. O gentes temerosas si miran a la altura del cielo: sospechan que esas estelas anchas y blancas que abandonan arriba los aviones concentran nefastos agentes químicos o biológicos para controlar el clima o alterarlo, o para rociar de enfermedades a la población. Haylos partidarios de no vacunarse… Y seres como John y Clark, y sus miles de kilómetros de geografías y algunas coincidencias que comparten. Aunque no sabemos si intercambian una sola palabra. Ironías de la vida.

En fin, volviendo a lo de antes… Como dice mi amigo Gabriel Unzu Olaz, la paradoja con esas cuatro palabras de arriba podría disminuir si se duplica la dosis y se repite así, con una entonación distinta: «Esta frase es falsa: “Esta frase es falsa”».

El joven Wittgenstein cerraba su libro —y todo un capítulo— con este único y definitivo aforismo: «De lo que no se puede hablar, mejor es callarse». Rotunda afirmación. Redonda. Como el globo terráqueo. Parecido al significado de una palabra tan valiente como, yéndonos lejos, inefable.

****

Coincidencia

John llegó a Palma de Mallorca desde Nueva Zelanda, viajando hacia el oeste, haciendo escala en Doha. Allí se encontró con su vecino Clark, que había viajado hacia el este, haciendo escala en Miami. Ambos eran ponentes del Primer Congreso Internacional de Terraplanistas. ■

——————

Microrrelato incluido en el libro Tú escribes (2024)

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios