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Cómo escribir de amor sin que se note

Cómo escribir de amor sin que se note

Esta novela desgrana la educación sentimental de un hombre a lo largo de cuatro décadas de amor y desamor, de tener y perder, y muestra el modo en que cada etapa vital le va dando herramientas para aceptar lo inevitable.

En este making of Juan Dominguez explica cómo escribió Os he querido tanto (Círculo de Tiza).

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Mi libro, Os he querido tanto, no es fruto de una vocación. Ni de una pulsión creadora que me impele a crear universos. No soy el profeta de una moral superior. Tampoco creo que mi verbo florido merezca un lugar en el panteón de artistas insignes, ni tengo particulares ganas de enmendar la plana a nadie. Ni siquiera me ha ocurrido una desgracia capaz de encoger el corazón de los lectores sensibles. A cambio, he leído todo lo que caía en mis manos. Leer, esa sí era mi vocación.

Sin embargo, confieso que siempre deseé en secreto ser escritor. Pero estar rodeado de ellos hizo que aparcara ese deseo para dedicarme a algo que me permitiera pagar los colegios de los niños. Mientras, acallaba las ganas escribiendo cosillas: cartas, blogs, textos que se quedaban en el cajón, en el cuaderno o en los discos duros de ordenadores que sabe dios dónde estarán.

"Para la inmensa mayoría de aspirantes a autor, eso es la culminación de un sueño. Para mí fue un gran chute de ansiedad. ¿De qué iba yo a escribir?"

Cuando me planteaba ponerme en serio y hacer un libro, me vencía la pereza, o las excusas: nunca pensé que tuviera el don de ver más allá, ni la voz para alzarme sobre la mediocridad que, siento comunicarlo, suelo encontrar al leer, con la señalada excepción de ese diez por ciento de libros que se te quedan clavados. Así que mis ínfulas de autor se limitaban a ensoñaciones vagas en las que me daban el Nobel de Literatura la noche después de ganar Wimbledon y robarle la novia a George Clooney.

Ese estado ideal de las cosas abstractas se vino abajo el día que mi editora, la gran Eva Serrano de Círculo de Tiza, leyó uno de esos textos que había pergeñado y me sugirió que escribiera un libro. Llevaba rondándome para que escribiera algo para ella desde que le conté una de mis innumerables desdichas sentimentales, pero yo le había dado largas constantemente. Por lo que cuenta, fue víctima de una de esas extrañas premoniciones que sacuden a los editores y se convenció de que yo podía. Debía de ser una premonición muy fuerte, porque a los pocos días aquellas palabras fueron refrendadas con un contrato de edición.

Para la inmensa mayoría de aspirantes a autor, eso es la culminación de un sueño. Para mí fue un gran chute de ansiedad. ¿De qué iba yo a escribir? Me informé bien, y resulta que los libros tienen unas doscientas páginas, que vienen a ser cuarenta mil palabras. ¡Si yo lo digo todo en un mensaje de WhatsApp!

"Empecé a tirar del hilo de mis quereres y mis pérdidas, e intenté escribir un libro sobre cómo la vida me ha enseñado a sobrellevar el tener y el dejar de tener"

Siendo sincero, hacía tiempo que acariciaba la idea de escribir una novela satírica a la manera de Eduardo Mendoza, un thriller superventas como los de Ken Follett y un relato de descarnada verdad emulando a Carrère. Con este modesto propósito hice lo único sensato: empezar a escribir las tres a la vez. A los pocos días me di cuenta de que mi método, si bien prometía tres obras sin parangón, no cuadraba ni con la fecha de entrega ni con las vacaciones de verano. Así que me decidí por la autoficción salvaje.

La idea original era vengarme de unas cuantas personas, pero enseguida comprendí que era una motivación mezquina y, sobre todo, estéril, así que me centré en lo que tenía más a mano, que resultó ser también lo más difícil: mi madre.

Mi madre es —o era— una mujer de inteligencia feroz y vida un tanto extravagante, escritora entre otras cosas, que lleva varios años arrasada por el Alzheimer. Yo peleaba con el hecho de que mi madre se hubiera ido hacía tiempo para dejarme una señora extraviada que solo mira. Esa pérdida me llevó a pensar en las otras pérdidas de mi vida. Porque para perder, sentimentalmente, hay que haber tenido; y haber tenido, en la mayoría de los casos, implica haber querido. Así que empecé a tirar del hilo de mis quereres y mis pérdidas, e intenté escribir un libro sobre cómo la vida me ha enseñado a sobrellevar el tener y el dejar de tener.

Decidí que la estructura fuera lo más simple posible: cronológica, con hitos claros, sin encajes de bolillos ni historias solapadas. Puse a mi madre —y su afilada lengua— como hilo conductor y, basándome en mis propias vivencias y las de mis amigos y conocidos, mezcladas con una generosa dosis de inventos, escribí seis capítulos independientes, cada uno atravesado por una pérdida.

"El resultado, creo, es un libro en el que se cuentan cosas que son de todos, con humor y con honestidad, porque no todo lo que es verdad tiene por qué ser real"

Busqué que el núcleo de cada historia fuera algo reconocible para cualquiera: los celos, el engaño, el tedio, la enfermedad, la muerte. Y les di todo aquello que vuelve dolorosa la pérdida: el gozo de haber tenido —enamoramientos, sexo, ternura, compañía, paternidad—.

Una vez escritas las seis partes, llegó el verdadero trabajo: quitar. Eliminar lo superfluo, pensar en cómo me gustan a mí las historias, huir como de la peste de meter un adjetivo cuando se puede contar lo mismo con una acción. Mi editora me dejó libertad total, y exceptuando algún comentario relativo a mi excesivo amor por las oraciones subordinadas y una larga conversación más filosófica que literaria sobre el tiempo verbal en el que debería contar mi historia, me regaló el lujo de escribir sin red.

El resultado, creo, es un libro en el que se cuentan cosas que son de todos, con humor y con honestidad, porque no todo lo que es verdad tiene por qué ser real.

Lo más inesperadamente largo de hacer el libro resultó ser lo que menos pensaba: el diseño de portada, las solapas, la foto y las citas, pero sobre todo, convencer a la editorial de que mi apellido lo escribo sin tilde en la i.

Ahora que ya lo he escrito, estoy esperando que me llamen de la Academia del Nobel, o al menos la novia de Clooney.

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Autor: Juan Dominguez. Título: Os he querido tanto. Camisa: Círculo de Tiza. Venta: Todos tus libros.

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