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Don Juan, un mito a través de los siglos

Don Juan, un mito a través de los siglos

El mito de don Juan es de los «más notables y proteicos» de la cultura occidental, según la profesora Carmen Becerra Suárez, autora de la edición conjunta de los cinco títulos claves de las letras españolas que entre los siglos XVII y XIX fraguaron el mito que acabó evolucionando en el «donjuanismo».

«El mito de don Juan» es el título con el que la Biblioteca Castro ha agrupado en un sólo volumen «El burlador de Sevilla», de Tirso de Molina; «La venganza en el sepulcro», de Alonso de Córdova y Maldonado; «No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague», de Antonio de Zamora; «El estudiante de Salamanca», de José de Espronceda; y «Don Juan Tenorio», de José Zorrilla, para mostrar la evolución y pervivencia del mito a través de los siglos.

La versión más popular del mito y la de mayor arraigo en la escena española fue el drama romántico que José Zorrilla publicó en 1844, una obra en la que su autor, según Carmen Becerra, abandona «el arquetipo libertino y sacrílego de sus antecesores e inaugura una nueva vía para la evolución del mito».

Desde el año de su publicación, el «Tenorio» sustituyó en los escenarios la versión de Zamora «No hay deuda que no se cumpla, ni deuda que no se pague», que desde hacía algo más de un siglo era costumbre representar en los primeros días de noviembre.

La obra de Zorrilla se hizo tan popular que su autor escribió en sus memorias que «Don Juan no me deja ni envejecer ni morir» y que por esa obra se ha convertido «en el poeta más conocido hasta en los pueblos más pequeños de España», gracias a un personaje que fue una garantía para no morir en la miseria ni caer en el olvido.

Con Zorrilla, el aventurero temerario, el hombre osado, el galán burlador, el canalla se ha convertido en «un hombre osado y arrepentido», como a juicio de Becerra Suárez revelan los versos de Zorrilla: «Empezó por una apuesta / siguió por un devaneo / engendró luego un deseo / y hoy me quema el corazón».

Otra innovación de Zorrilla que será determinante en la evolución posterior del mito será que el elemento femenino dejará de ser colectivo para, en doña Inés, adquirir un papel de protagonista, de modo que, según la profesora, la invención de «la mujer redentora, el ‘ángel de amor’, es una de las aportaciones más interesantes y originales del drama».

Para remitirse al primer don Juan, el de Tirso de Molina, publicado en 1630, Becerra Suárez lo ubica en un periodo de apogeo del género dramático en el que en España se crean teatros estables en patios o corrales de comedias en un mundo, el de la contrarreforma, en el que la religión y valores como el honor cobran protagonismo.

Los imitadores de Tirso cundieron en Europa, primero en Italia, donde fascinó el carácter transgresor del personaje, al que dotaron de elementos cómicos en detrimento del discurso teológico, y después en Francia, donde Molière fabricó un personaje «más inteligente que pasional».

«La venganza en el sepulcro» imita al «burlador» con un protagonista bravucón de carácter rufianesco y canalla», mientras que el don Juan de Antonio Zamora es «un puente entre el don Juan barroco y el romántico» y el de Espronceda es «un cuento en verso», compuesto casi mediado ya el XIX con un protagonista empeñado «en desnudar de máscaras la hipocresía social que le rodea».

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