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Donna Leon: «La gente es capaz de todo si encuentras su punto débil»

Donna Leon: «La gente es capaz de todo si encuentras su punto débil»

Maestra de la novela negra, Donna Leon ha vuelto a sacar a pasear a su comisario Brunetti por las atestadas calles de Venecia. Amor, codicia y conflictos morales se entretejen en la trama de En el nombre del hijo, la novela número 28 de la saga, que este viernes presenta en La Noche de los Libros de Madrid.

Para Leon (Nueva Jersey, EEUU, 1942), el verdadero misterio reside en las motivaciones de los personajes, conocer el porqué es lo que le impulsa a escribir. «La gente es capaz de cualquier cosa, sólo tienes que encontrar su punto débil: miedo, avaricia, celos, envidia o ira nos pueden llevar a hacer cosas que normalmente no haríamos», asegura en una entrevista con Efe.

Simpática y cercana, Leon transmite la relajación de quien vive alejada del ruido. Hace un tiempo que dejó la turistizada Venecia para irse a vivir a un pueblo de 300 habitantes en las montañas suizas. No tiene televisión ni móvil —»nadie nos apunta con un revólver para que lo llevemos ¿cierto?»—, y su momento favorito del día es cuando saca a pasear al perro de sus vecinos al atardecer. «Me encantan los perros, pero no puedo tener uno porque viajo demasiado», dice.

—Uno de los temas principales que plantea su última novela es la facilidad con que juzgamos las cosas. ¿Cree que esa tendencia se ha acentuado en los últimos tiempos?

"Escribo para entender por qué alguien hace lo que hace. No hay respuestas sobre lo que uno debe pensar, sólo planteo preguntas"

—Probablemente sí, aunque cuando escribo no pienso en mensajes éticos. Escribo para entender por qué alguien hace lo que hace. No hay respuestas sobre lo que uno debe pensar, sólo planteo preguntas.

—¿Y cuál es el motor que le pone en marcha: una pregunta, un argumento, algo personal?

—Necesito una historia, algo que excite mi imaginación. En este caso fue una amiga que me explicó que fue adoptada por su tía, a pesar de que sus padres estaban vivos. La razón es que, dado que la ley, al menos la italiana, determina a quién debes dejar tu herencia, una persona, normalmente rica, pueda decidir otra cosa.

—El dinero está muy presente en sus novelas, y en la ciudad de Venecia.

—Está en todas partes. Vivimos en una cultura capitalista donde se da prioridad a la riqueza material, y es lógico reflejarlo. El dinero, el poder, los celos, la envidia son las razones por las que la gente hace cosas malas.

—La novela también plantea el conflicto entre los afectos y los principios morales.

—La gente es capaz de cualquier cosa. Sólo tienes que encontrar su punto débil: miedo, avaricia, celos, envidia o ira nos pueden llevar a hacer cosas que normalmente no haríamos

—Este es su libro número 28 de la saga. Domina la estructura, los personajes… ¿Qué es lo que le excita o reta a estas alturas?

—Siempre me interesa por qué la gente hace las cosas, no solo en la novela negra, sino en general, los sentimientos de los personajes. Con Jane Austen también aprendemos cómo los personajes piensan, y eso es lo que la literatura nos da, la verdad sobre la gente. Una novela es un atajo de mentiras que te dice la verdad.

—¿No tiene la sensación de que últimamente la realidad política y sus protagonistas parecen sacados de una novela o una serie? ¿Cree que los estrategas políticos utilizan mecanismos de la ficción?

—Son unos mentirosos. La diferencia es que ahora las mentiras se propagan más fácilmente, la ola de información es apabullante y la mayoría de la gente no tiene capacidad para discernir verdad y ficción.

—¿Cree que esa es una de las razones del auge de los extremismos?

"Es una locura construir un muro de 2.000 millas cuando no hay un sistema nacional de salud. Pero mucha gente se lo traga y cree que lo necesita"

—Sí, porque usan la mentira. Creo que era Hitler quien lo decía: «Coge una mentira y repítela hasta la saciedad». Un buen ejemplo es ese muro en América. Es una locura construir un muro de 2.000 millas cuando no hay un sistema nacional de salud. Pero mucha gente se lo traga y cree que lo necesita. Funciona porque tienen un público que no se para a pensar.

—Volviendo a la novela, Brunetti siente nostalgia de una Venecia que ya no existe. ¿Usted también?

—Sí. Me mudé a Venecia a finales de los 60, ha cambiado mucho, y a medida que la gente se hace mayor se vuelve más nostálgica.

—Pero además de lo sentimental hay un problema real con el turismo y la gentrificación en Venecia y en otras ciudades…

—Imagínate: 54.000 habitantes y 33 millones de turistas. No puede ser. Y al gobierno local sólo le interesa el dinero. Podrían regular los apartamentos turísticos, pero no lo hacen. Sólo dicen mentiras.

—En su novela hay un personaje español. ¿Es por sus raíces españolas?

—Mi abuelo se apellidaba ‘de León’, pero cuando fue a EE.UU. se quitó el ‘de’ y el acento para ser americano, porque allí hay mucho prejuicio contra lo español. Yo lo llevo con orgullo. Allí siempre me preguntan si Leon es mi verdadero nombre, y yo digo que sí, que es hispano.

—¿Ya está escribiendo el siguiente libro?

—Me quedan dos capítulos y aun no sé como acabarlo. Tengo 400 páginas, he pasado los últimos 10 meses escribiendo y aún no sé qué hacer…

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