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El apocalipsis antropocénico de Alejandro Céspedes

El apocalipsis antropocénico de Alejandro Céspedes

Con «texto apocalíptico» podemos referirnos a un texto sagrado de carácter mesiánico o a un texto literario distópico (normalmente alegórico) en que se alerta sobre los derroteros del presente profetizando un futuro catastrófico. Ambos suelen escribirse en épocas de crisis y perturbaciones, y ninguna como la nuestra para propiciar su profusión. Sin embargo, debemos recordar que «apocalipsis» alude a «revelación». La religión y la poesía, al menos en parte, son (o deberían ser) revelación. La poesía de Céspedes no se había movido jamás en semejantes coordenadas, y en tal sentido La infección de lo humano, su segunda catástrofe elemental, debe ser considerada una anomalía dentro de su producción poética. Anómala, por apocalíptica y revelada, no por valiente. Si con sus últimos libros Céspedes ha aportado obras importantísimas a la poesía española, es incuestionable que con el que nos ocupa nos entrega un poemario fundamental, distinto, referencial.

En una primera lectura, el lector es arrastrado por un vertiginoso torrente verbal compuesto en estado de trance, y no es mal viaje el continuo revolcarse entre los rápidos de esos versículos apoyados en combinaciones de heptasílabos y endecasílabos tan naturales como osados. Luego reparamos en que la revelación deja aflorar no tanto una experiencia propia del ser (eso sería mística), como una reflexión sobre «unos seres celestes arrojados al tiempo», es decir, el hombre: un ser que ha sido infectado por el virus de lo humano («No hay cura para esto», repite a lo largo de los trece cantos) y que, al tomar conciencia de su existencia, se aparta del estado de naturaleza y comienza el proceso de su propia destrucción.

"Céspedes manifiesta su desprecio hacia el canon occidental solipsista y antropocéntrico y decide proporcionarnos un revulsivo contra él"

Céspedes introduce así, con toda naturalidad, el subjetivismo filosófico cartesiano que caracteriza al género humano, donde la realidad («arrojados al tiempo en un mundo que al principio era real») solo existe a partir de la conciencia del ser (res cogitans), el ser-en-el-mundo de Heidegger, Cioran y, sobre todo, a un Nietzsche que advierte que el hombre (ese ser que se encuentra entre el animal y el superhombre) está infectado de humanidad, es decir, de soberbia, de moral, de guerra, de religión, de lenguaje… Muchísimas referencias filosóficas y literarias son explícitas y anotadas («la poesía y la filosofía / son los lenguajes de la incertidumbre»), pero muchas otras se van sucediendo, literalmente saltando sobre un lector que se acaba rindiendo ante un sistema de pensamiento perfectamente trabado y que concluye que «cada uno de nosotros solo es un accidente entre las múltiples / y vagas propiedades de lo humano».

No obstante, está muy lejos de ser mero ejercicio intelectual o estilístico. De hecho, Céspedes manifiesta su desprecio hacia el canon occidental solipsista y antropocéntrico y decide proporcionarnos un revulsivo contra él. Así, propone «salirse del engaño» a través de una propuesta que resulta esencialmente ecologista, en tanto que la infección de lo humano es la que ha determinado la instauración del Antropoceno (esa era en que el hombre ha dejado de ser integrante de la naturaleza para convertirse en un agente modificador). Pero no aspira Céspedes a provocar un cambio de actitud en la humanidad, como esas artes de la conciencia crítica que aún pretenden frenar la ya inevitable catástrofe. No hay salvación posible. Encontramos, por supuesto, las invectivas más o menos entreveradas contra progreso, tecnología, superpoblación, campos de concentración, conquista espacial y todo aquello «que inyectan los humanos en su locuaz deriva». Pero sabemos que «no hay cura para esto», que solo el regreso a la inocencia puede restablecer el orden del universo: «un niño muy pequeño gritará varias veces / […] pero ni tú ni yo la comprendemos, / sin embargo él y yo sí desciframos/los múltiples idiomas de los árboles […] / Él y yo compartimos el pan con las serpientes, / ellas, de lengua bífida, sí entienden…». Cuando llega la destrucción y la muerte, cuando «vemos a las sirenas comiendo nuestras córneas» y «el tiempo, amortajado, perderá los colmillos de serpiente / que nos inocularon los virus del insomnio», «vuelve a haber esperanza», nos dice el poeta. La infección de lo humano remite. Diríamos, con Eliot, que «así es como acaba el mundo. / No con un estallido, sino con un quejido». El canto a la destrucción del hombre ha culminado.

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Autor: Alejandro Céspedes. Título: La infección de lo humano. Editorial: Huerga y Fierro (Colección Rayo Azul). Venta: Todos tus libros y Amazon.

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