En los espacios infinitamente abiertos de la identidad habita una miríada de identidades, aunque “ni la más mínima cantidad de crítica histórica logrará alterar la noción que Inglaterra tiene de sí misma como anglosajona en esencia (“El comienzo de la Historia”). ¿Cómo aferrarse, pues, a la conciencia de una comunidad teniendo en cuenta el embeleco al que nos somete la Historia, que crea sus avatares a su imagen y semejanza?
Redacta el exdirector del Festival Fringe de Edimburgo sobre la incertidumbre con tanta compasión que incluso sus lectores más seculares sentimos la conmoción de encontrarnos a solas en un universo huérfano de coherencia: “Beda, el padre de la Historia británica, fue el primero en Reino Unido en asumir un papel central en el desarrollo de la cultura europea desde un monasterio construido en las costas ventosas del Mar del Norte, muy lejos de Roma, Grecia o Constantinopla” (“La costa sagrada”).
Une su narrativa con dos motivos recurrentes: el primero es la leyenda de una superficie acuática que baña las costas de un país para acunar su espíritu nacional: “Reclamando sus lugares ancestrales en los acantilados, regresando de viajes épicos, expuestos a todos los climas, sobreviviendo a las tormentas y volando con una gracia sin esfuerzo sobre el mar del Norte, su mar, pájaros como el murciélago alcatraz nos ponen firmemente en nuestro lugar” (“La invención del tiempo”).
El otro motivo es la sensación de que existe algo inmenso, indescriptible y trágico que escapa al alcance de la indagación humana. Dicho misterio ancestral se condensa en unos cuantos términos invariablemente sugerentes: “No sobrevive ni un ápice del idioma de los pictos. Lo único que nos habla de esa cultura desaparecida es el enigmático alfabeto de los símbolos tallados en sus piedras” (“Más allá del bosque”).
Avanza el periplo del director de programación de la Televisión Escocesa desde Kent y el estuario del Rin hasta la costa noruega y las islas Shetland, visita pueblos costeros desgastados y monasterios insulares en un memorial que acompasa eras enteras. De la costa de Kent a las casas inundadas, cruza los pantanos agrestes hasta dejar atrás las placas tectónicas que chocaron durante el Brexit.
Se ocupa el fundador del Festival del Libro de Borders lo mismo de las invasiones romanas que de la llegada de los sajones o las incursiones vikingas, hasta concluir que “el Mar del Norte ha dejado de ser un espacio gris, un mero lugar para ser cruzado. Su riqueza dinámica aporta color, así como una sencilla revelación: tras casi un año recorriendo sus costas, creo firmemente que el Mar del Norte nos ha hecho tal como somos” (“Historias del mar”).
Escribe Alistair Moffat con capacidad para captar cada pulso métrico, cada destello de matiz (“los lugares más antiguos suelen ser palimpsestos, páginas donde los acontecimientos recientes han sobrescrito textos anteriores”, leemos en la introducción), desplegando la cautivadora crónica de una extensión de agua que nos permite reevaluar la importancia de un ente que se ha expuesto tanto a nuestro escrutinio que ya no podemos verlo.
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Autor: Alistair Moffat. Título: The North Sea: Along the Edge of Britain. Editorial: Canongate Press Ltd.


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