Hay escritores que poseen una limpieza de estilo tan absoluta que parece no costar nada. Solo quien ha intentado escribir sabe que esa transparencia, esa fluidez sin tropiezos, es el resultado de una depuración feroz, de años eliminando lo accesorio hasta que la frase queda en su forma más justa, ni una palabra de más, ni una de menos. Tove Jansson pertenece a esa estirpe. La hija del escultor, publicado originalmente en 1968, es un libro de relatos que funciona como un todo unitario, como la reconstrucción de un mundo, y que demuestra que la sencillez extrema es siempre el punto de llegada, nunca el de partida.
Lo inquietante de Jansson no reside en lo sobrenatural, sino en cómo lo sobrenatural se acepta sin cuestionamiento, como si fuera lo más normal. La niña protagonista observa el mundo con una mirada limpia de prejuicios adultos, y esa mirada nos devuelve una realidad donde las cosas simplemente son lo que son, aunque lo que son resulte perturbador. Las reacciones de los personajes solo pueden ser las que son. Parecen irremediables, aunque no lo sean. Hay relatos de una oscuridad subterránea que no se resuelve, que se queda ahí, vibrando bajo la superficie apacible de la prosa. Así ocurre con tantos y tantos aspectos de nuestra vida.
La unidad del libro es notable. Aunque cada relato funciona de forma autónoma, el conjunto compone una novela fragmentaria sobre la formación de una sensibilidad artística, sobre cómo se aprende a mirar, a callar, a prestar atención a lo que los demás pasan por alto. Los espacios se repiten y los personajes van adquiriendo densidad a medida que los vemos en distintas situaciones. Es un libro que hay que leer entero y de corrido para apreciar su arquitectura, su manera de construir significado por acumulación.
Jansson nació en Helsinki en 1914, en el seno de una familia de artistas: su padre era efectivamente escultor y su madre ilustradora. Escribió y dibujó durante toda su vida, pero alcanzó fama internacional por los Mumin, esos seres entre hipopótamos y trolls que protagonizan libros infantiles y tiras cómicas. Sin embargo, su obra adulta, escrita casi siempre en sueco, merece la misma atención. Novelas como El libro del verano o El arte de viajar ligero comparten la misma precisión despojada, la misma capacidad para decir mucho con poco. Murió en 2001 en Helsinki, tras una vida dedicada a la creación en todas sus formas.
La hija del escultor es uno de esos libros que parecen fáciles y son difíciles, que parecen ligeros y pesan, que parecen infantiles y esconden una mirada adulta, compleja, a veces implacable. Jansson escribe como si no hubiera otro modo posible de hacerlo, como si las palabras hubieran encontrado su lugar inevitable. Un libro único.
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Autor: Tove Jansson. Título: La hija del escultor. Traducción: Carmen Montes Cano. Editorial: Minúscula. Venta: Todos tus libros.


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