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Filosofar (pero que parezca un accidente) sobre el catálogo editorial

Filosofar (pero que parezca un accidente) sobre el catálogo editorial

Una editorial o, mejor dicho, su catálogo, es como un cuadro que la editora va componiendo. Puedes construir una editorial impresionista compuesta por muchos libros de muchas autoras y autores, con muchos tonos diferentes, pero del mismo género que en conjunto componen un catálogo coherente y homogéneo. Puedes centrarte en una sola literatura, la japonesa, la checa o la nepalí y ser una editorial expresionista abstracta como un Rothko monocromático. Puedes optar por el formalismo, el dadaísmo, el constructivismo, el preciosismo, el hiperrealismo o el arte povera. Lo importante es que el marco, el estilo y la paleta de colores sean coherentes.

No en vano, Roberto Calasso, dejó escrito con clarividencia en L’impronta dell’editore, (Adelphi, 2013), que «un catalogo non è una collezione di titoli, ma una forma». Es decir, que «un catálogo no es un (simple) listado de títulos, sino una forma».

Cuando comentamos esta idea peregrina de publicar libros con las y los colegas de oficio, casi todas nos decían que deberíamos centrarnos en un elemento definitorio para que libreros, prensa y demás agentes del ecosistema editorial nos ubicaran rápidamente. Es decir, nos sugerían, con todo su buen corazón y con mucho tino (las editoras incipientes que se queden con este mensaje y no con el nuestro), que publicáramos solo ensayo sobre estética, o quizá hermenéutica o nueva narrativa birmana, o microrrelato de ciencia ficción gótica o teatro del absurdo o literatura mística bengalí.

"Decidimos que publicaríamos ficción y no ficción contemporánea, pues somos lectoras de ambos géneros y tenemos experiencia profesional en ambos campos"

Pero nosotras, desgraciadamente, no somos especialistas en nada y solo hablamos nuestro castellano y catalán nativos, un inglés francamente mejorable y el italiano que aprendimos en el Erasmus (ja). Quizá por eso somos editoras, en el buen sentido de la palabra, es decir, inquietas, curiosas, amantes de la sorpresa, versátiles (ejem) y un largo etcétera que al final viene a ser un eufemismo de inconstantes, volubles o antojadizas… lo reconocemos. Por eso decidimos que publicaríamos ficción y no ficción contemporánea, pues somos lectoras de ambos géneros y tenemos experiencia profesional en ambos campos, y que rescataríamos obras descatalogadas, injustamente descatalogadas, pues creemos, como dejó dicho Giulio Einaudi, que «I libri devono resistere al tempo, non alla stagione» («los libros deben resistir al tiempo, no a la moda»), y también que «lo pasado es prólogo» (esto lo dijo Shakespeare). Y ¿qué es una editorial sin prefacio? Aunque en realidad, como cualquier editora o editor primerizo sabe, desempolvar las letras que el tiempo se ha llevado por delante es una manera «eficaz» y «eficiente» (nótense las comillas) de editar grandes obras. Porque aquí hay que lanzar una verdad que todas y todos sabemos, pero que nadie expresa, y es que las grandes editoriales publican lo que quieren y las pequeñas lo que pueden.

En nuestro dosier de presentación, de hecho, explicábamos nuestras colecciones así:

Contar (ficción): Enrique Murillo explica en sus memorias de editor, Personaje secundario, que cuando en una ocasión entrevistó a Ramiro Pinilla, este le dijo: «En España los escritores no cuentan las historias, las dicen». En Rosita y Amparo recogemos el guante de Pinilla (y de Murillo), y en nuestra colección de ficción, Contar, publicaremos narrativa contemporánea de autoras y autores jóvenes, con un estilo comprometido e innovador, que cuenten (nunca que digan) las historias.

Decir (no ficción): Obviamente, nuestra colección de ensayo tenía que llamarse así. Aquí publicaremos no ficción contemporánea que proponga abordajes atípicos acerca de cuestiones que preocupan a la sociedad.

"En Rosita y Amparo hemos creado la colección Volver, con la que queremos recuperar textos que nos cuenten, que nos introduzcan en lo que somos en este fugitivo tiempo actual"

Volver (recuperaciones): «What’s past is prologue» («lo pasado es prólogo») escribió William Shakespeare en La tempestad [perdón por la redundancia]. El bardo de Avon nos viene a decir que lo sucedido establece el contexto del presente. Pero si el futuro no existe más que en el plano hipotético de la proyección y el presente es efímero y fugaz, inasible, un simple umbral entre lo existente y lo que va a existir, quizá lo único que seamos es pasado, prólogo. Por eso en Rosita y Amparo hemos creado la colección Volver, con la que queremos recuperar textos que nos cuenten, que nos introduzcan en lo que somos en este fugitivo tiempo actual.

Además de estas colecciones también contamos con el inevitable Fuera de colección, ese cajón de sastre con el que justificar todas tus incoherencias.

Es decir, que el cuadro que venimos a pintar con nuestros libros es un collage, esa técnica artística que nació a principios del siglo xx, en el caldo burbujeante de las vanguardias, de la mano de Picasso y Braque, en la que se utilizan recortes de diferentes materiales, estilos e incluso lenguajes (también la palabra escrita) para componer una obra nueva. Y sí, lo sabemos, no es un movimiento artístico en sí, sino una técnica utilizada por diferentes estilos (cubismo, surrealismo, dadaísmo, etc.), pero a estas alturas somos lo suficientemente indulgentes con nosotras mismas como para pasar por alto esta (y otras, dicho sea de paso) incoherencia. Por esto también hemos decidido ampliar nuestra editorial, a modo de cooperativa, a otras editoras y editores. No es nada revolucionario, somos conscientes; acciones similares se han llevado a cabo, con mucho acierto, en otros sellos, como Caballo de Troya con sus editoras y editores invitados (en un primer momento por un año y después por dos) o la sevillana Barrett con sus editoras por un libro (iniciativa en la que han colaborado autoras como Cristina Morales, Mariana Enriquez o Sabina Urraca). Nosotras a este espacio lo hemos llamado «Rosita y Amparo por…» y es una forma de abrir nuestra estructura y recursos a la publicación de catálogos pequeños, cuidados y seleccionados, de editoras y editores asociados que formen parte del sector cultural hispanohablante. Lo que queremos es que el collage sea cada vez más grande y poliédrico y acoger nuevas visiones, criterios e intenciones literarias, es decir, abrir un espacio de intercambio y de riqueza editorial.

"Nos hemos enmarcado un par de frases de nuestro admirado amigo Calasso (de nuevo) y las tenemos en nuestro escritorio de trabajo"

El collage te da mucha libertad, es cierto: se amplían de manera exponencial los marcos, las herramientas, pero, sobre todo, se corre el riesgo de que todo sea justificable, y quizá por ello sabemos que hemos de ser más cuidadosas si cabe a la hora de trazar las líneas que delimitan nuestro proyecto editorial. Por eso nos hemos enmarcado un par de frases de nuestro admirado amigo Calasso (de nuevo) y las tenemos en nuestro escritorio de trabajo, vigilándonos en cada momento como si fueran oráculos de Delfos: «i libri devono parlarsi tra loro, anche se sono lontani nel tempo e nel genere» e «il vero nemico dell’editore è il libro opportuno». Es decir, «los libros [de un mismo catálogo] deben hablarse entre ellos, incluso si están lejanos en el tiempo y en el género» y «el verdadero enemigo del editor es el libro oportuno». También, aunque no esté enmarcada, contamos con la frase de Herralde: «El catálogo es la verdadera autobiografía de una editorial». Y nosotras no querríamos bajo ningún concepto ser las protagonistas de una biografía desatinada, disparatada y disoluta… para eso ya tenemos nuestras propias vidas.

Fuck!

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