Inicio > Blogs > Ruritania > Gonzalo de Berceo: ¿pionero de la literatura juvenil… o un clásico “ganado” por la infancia?

Gonzalo de Berceo: ¿pionero de la literatura juvenil… o un clásico “ganado” por la infancia?

Gonzalo de Berceo: ¿pionero de la literatura juvenil… o un clásico “ganado” por la infancia?

Decir que Gonzalo de Berceo (siglo XIII) es un “pionero” de la literatura juvenil suena, de entrada, provocador. No tanto porque su obra carezca de interés narrativo —lo tiene y enorme—, sino porque la etiqueta “juvenil” pertenece a un sistema cultural y editorial moderno: presupone un público segmentado por edades, un mercado, una escuela y unos mediadores que seleccionan lecturas para niños y adolescentes.

Pero la provocación puede ser intelectualmente productiva si se formula bien. La pregunta no debería ser “¿es Berceo LIJ, sí o no?”, sino otra más fina: ¿qué condiciones de su escritura y de su recepción permiten que hoy lo leamos —y lo editemos— como literatura apta para jóvenes? Ese desplazamiento abre un debate serio: no sobre la “intención” medieval (que es otra), sino sobre la biografía cultural de los textos: cómo nacen, circulan, se adaptan y cambian de destinatario.

"La literatura infantil como pasatiempo o forma de recreo quedará consolidada mucho más tarde, en el siglo XVIII"

En ese sentido, no es casual que la Biblioteca Nacional de España (BNE), al introducir la historia de la literatura infantil y juvenil, recuerde que “algunos historiadores” sitúan el inicio de una “posible literatura para niños” en España ya en la Edad Media, mencionando expresamente el Romancero y Los milagros de Nuestra Señora de Berceo, y subrayando dos rasgos: didactismo y un público ligado a la formación moral (educadores e hijos de la nobleza).

En el mismo documento, la BNE añade una cautela decisiva para no caer en anacronismos: la “literatura infantil como pasatiempo o forma de recreo” quedará consolidada mucho más tarde, en el siglo XVIII. Esa doble afirmación —precoces “indicios” medievales, pero consolidación moderna— dibuja el territorio exacto del debate: hay continuidad de formas y funciones, pero no identidad de categorías.

El “programa Berceo”: escribir para que se entienda

El primer argumento a favor de una lectura “juvenilizable” de Berceo no está en la temática religiosa, sino en la elección de lengua y en la escena comunicativa que construye.

"Berceo escribe para ser comprendido por un auditorio amplio"

Berceo escribe para ser comprendido por un auditorio amplio. El gesto se resume en un verso que funciona casi como manifiesto: “Quiero fer una prosa en román paladino…”, es decir, en la lengua en que el pueblo habla con su vecino, porque él no es “tan letrado” como para hacer “otro latino”.

La propia Real Academia Española, en el dossier de su edición, formula el sentido de esa decisión: la cuaderna vía y el tono solemne se ponen al servicio de un “programa” claro, la divulgación de la doctrina cristiana en “román paladino”, en la lengua del pueblo.

Esto no convierte automáticamente a Berceo en autor juvenil. Pero sí crea algo decisivo: accesibilidad. Y la accesibilidad —lingüística, rítmica, narrativa— es una condición estructural para que un texto pueda ser apropiado por públicos jóvenes a través de la escucha, la escuela o la adaptación.

Los Milagros como colección de relatos: unidad, autonomía y efecto “cuento”

El segundo argumento es formal y narratológico: Los milagros de Nuestra Señora funcionan como una colección de relatos.

Juan Manuel Cacho Blecua lo expresa sin ambigüedad: “Como relatos independientes, cada uno tiene su unidad, su significado y su desarrollo, sin depender de otros anteriores o posteriores”.

Y además, detalla una característica que acerca los milagros a la lógica del cuento: su brevedad. Para Cacho Blecua, los milagros “funcionan como relatos breves”, en general esquemáticos, pero con “plenitud de sentido e independencia”, y la brevedad aparece como rasgo esencial que condiciona la historia.

"Es una máquina narrativa muy potente para la recepción juvenil, porque cada pieza se sostiene por sí misma y ofrece recompensa inmediata"

Desde aquí se entiende por qué el libro puede leerse —siglos después— como una serie de “cuentos” con estructura nítida: planteamiento rápido, crisis, intervención extraordinaria y cierre con valor ejemplar. Es una máquina narrativa muy potente para la recepción juvenil, porque cada pieza se sostiene por sí misma y ofrece recompensa inmediata (intriga + resolución + sentido).

Cacho Blecua añade aún algo más relevante: la trama de los milagros presenta “fuerte cohesión”, con “economía de medios” en personajes e intriga; la intriga se organiza desde un resultado final que exige intervención milagrosa; predomina la trama sobre personajes (a menudo funciones); y aunque los relatos estén supeditados a una demostración didáctica, “nunca se pierde de vista el argumento”.

Esa combinación —economía, tensión y cierre— es justamente lo que muchas poéticas del cuento consideran un núcleo de eficacia narrativa. 

Didactismo: moral medieval, placer narrativo y “enseñar deleitando”

Aquí conviene evitar un malentendido: que una obra sea didáctica no la vuelve automáticamente infantil; pero el didactismo sí es una de las vetas históricas de la LIJ (sobre todo en sus orígenes y en su institucionalización escolar).

Cacho Blecua plantea que en Berceo la demostración de los poderes de María busca una eficacia “extranarrativa”; el milagro se orienta a la laudatio (alabanza) pero también puede inducir conductas: aumento de devoción, paradigmas de conducta, conclusión ejemplar, intervención del narrador hacia sus “lectores-oyentes”.

"Lo interesante es que Berceo, sin proponerse “literatura para niños”, opera con un principio afín"

Y aquí encaja, con plena legitimidad, la línea que ya se subrayó en “¿Cuántos tipos de literatura conocemos?” el ideal clásico de prodesse et delectare, “enseñar deleitando”, como tensión constitutiva de la literatura infantil en su dimensión pedagógica y estética. En dicho artículo se recuerda esa máxima y se conecta con una idea clave: el potencial educativo no reside solo en “usar” textos en el aula, sino en que el niño aprenda a recurrir a la lectura como disfrute y se haga lector.

Lo interesante es que Berceo, sin proponerse “literatura para niños”, opera con un principio afín: captar atención, sostener el interés y cerrar con sentido. Esa lógica lo hace compatible con mediaciones juveniles posteriores.

¿Los escuchaban los niños? La recepción: apropiación sin intención

La recepción infantil medieval no se puede probar como se probaría hoy una “estrategia de público objetivo”. Pero sí podemos documentar un fenómeno de apropiación.

Carmen Bravo‑Villasante, en un pasaje célebre, se pregunta qué leerían los niños en la Edad Media y afirma que, cuando el castellano “empezó a balbucear”, escucharían Los milagros de Nuestra Señora; y añade una frase decisiva para evitar anacronismos: esas hazañas entusiasmarían a los pequeños “aunque nadie hubiese pensado en el mundo infantil al componerlas”. En ese mismo tramo, califica el Romancero como “cantera riquísima” para la imaginación infantil.

Esta idea es crucial porque permite una tesis fuerte sin falsificar la historia: no hace falta que Berceo escriba “para niños” para que los niños (oyentes) se apropien de Berceo. La Edad Media, además, favorece el auditorio mixto: los relatos circulan oralmente o en lectura pública; el “público” no está segmentado como hoy. Y en esa escena de escucha, un relato breve, tenso y maravilloso es material propicio para la fascinación juvenil.

La objeción seria: el riesgo de anacronismo

Hasta aquí, Berceo parece casi “hecho” para la etiqueta juvenil. Pero si queremos un artículo sólido, hay que integrar la objeción fuerte: la LIJ como institución cultural no existe en el siglo XIII con nuestros rasgos contemporáneos.

"El romance facilita la difusión, sí, pero no para “entretener a niños”, sino para instruir y mover a devoción"

La propia BNE lo expresa indirectamente cuando sitúa la consolidación de la literatura infantil como recreo en el siglo XVIII. Por tanto, llamar “literatura juvenil” a Berceo en sentido estricto —como si fuese un autor que escribe pensando en un lector niño— sería proyectar categorías modernas sobre un mundo que no las concibe.

A esto se suma el destinatario original: Los milagros son literatura devocional y doctrinal, orientada a la comunidad cristiana en sentido amplio. El romance facilita la difusión, sí, pero no para “entretener a niños”, sino para instruir y mover a devoción. La objeción, sin embargo, no destruye la hipótesis. Solo obliga a formularla mejor.

La clave que resuelve el debate: “literatura ganada”, “creada” e “instrumentalizada”

Ya se presentó en el artículo anteriormente citado como clasificación muy implantada la de Juan Cervera (1989) distinguiéndose: literatura ganada o recuperada, literatura creada para niños y literatura instrumentalizada.

El propio Cervera (en tradición crítica posterior) utiliza la expresión “literatura ganada” para referirse a textos que, sin ser originalmente infantiles, pasan a ese repertorio por apropiación y mediación. De hecho, en un texto de Cervantes Virtual se recoge que “a partir de la literatura de tradición oral o la escrita no necesariamente para niños, se construyó lo que luego hemos llamado literatura ganada por o para los niños”.

Con este marco, el dilema se deshace:

Berceo no sería “literatura creada para niños” (porque no existe ese destinatario explícito medieval en sentido moderno). Pero Berceo puede ser, de manera muy defendible, literatura ganada: una obra nacida para un público general devoto, que por su forma y accesibilidad se deja apropiarse por jóvenes, y que la escuela y la edición contemporánea pueden reconducir a circuitos infantiles y juveniles.

Dicho así, la tesis deja de ser un eslogan y se vuelve académicamente sólida: Berceo no es “juvenil de origen”; es un clásico particularmente ganable por la juventud.

"Una Virgen que ayuda, que se enfada, que interviene con fuerza, y un Teófilo que llega a entregar su alma al diablo en una carta"

Entonces, la idea de “literatura ganada” se vuelve más convincente cuando se observa su huella editorial. Y aquí hay un dato contundente: Los milagros han sido adaptados explícitamente para lectores escolares.

Por ejemplo, Milagros de Nuestra Señora contados a los niños (Rosa Navarro Durán; ilustraciones de Francesc Rovira) figura como edición de Edebé (Barcelona, 2011) con ISBN 978‑84‑236‑9649‑9 en registros bibliográficos.

La base Lupa del cuento lo sitúa además con orientación clara de edad (“De 9 a 10 años”), extensión (172 páginas) y un resumen editorial que, sin complejos, presenta el material como relatos atractivos: una Virgen que ayuda, que se enfada, que interviene con fuerza, y un Teófilo que llega a entregar su alma al diablo en una carta.

Esto no “demuestra” que Berceo fuera juvenil. Demuestra algo más interesante: que su narrativa admite mediación juvenil sin romperse. Y eso solo ocurre con obras que tienen, en su arquitectura, una potencia de relato muy estable.

Entonces… ¿pionero o no?

Si “pionero” significa “autor que inaugura conscientemente la literatura juvenil como campo”, la respuesta debe ser prudente: no, porque la LIJ como institución cultural y como literatura de recreo se consolida mucho después.

"En definitiva, el debate no se resuelve imponiendo una etiqueta, sino distinguiendo planos"

Si “pionero” se entiende en un sentido histórico-formal —como precursor de algunas condiciones que facilitan la posterior construcción de un repertorio juvenil—, entonces Berceo sí puede ocupar un lugar temprano, con el adjetivo exacto: Berceo es un clásico medieval que funciona como “literatura ganada” por la infancia y la juventud.

Y esa formulación no rebaja su densidad devocional ni lo infantiliza: simplemente describe su versatilidad cultural.

En definitiva, el debate no se resuelve imponiendo una etiqueta, sino distinguiendo planos: intención medieval, forma narrativa, escena de recepción y mediación moderna. Cuando se hace ese trabajo, la paradoja se vuelve fértil: Los milagros de Nuestra Señora nacen como instrumento de devoción y de edificación general, pero sobreviven también como relatos breves, tensos y maravillosos, capaces de entrar —con adaptación— en la biblioteca juvenil contemporánea.

***

Referencias

Amor del Olmo, R. (2022). ¿Cuántos tipos de literatura infantil conocemos y cómo la aplicamos? The Conversation.
https://theconversation.com/cuantos-tipos-de-literatura-infantil-conocemos-y-como-la-aplicamos-185608

Biblioteca Nacional de España. (n.d.). La literatura infantil y juvenil: Introducción.

Berceo, G. de. (n.d.). Vida de Santo Domingo de Silos; Vida de Santa Oria [Edición digital]. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Cacho Blecua, J. M. (n.d.). Género y composición de los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Cervera, J. (1989). En torno a la literatura infantil. Cauce: Revista de Filología y su Didáctica, (12), 157-168.

0/5 (0 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios