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Goodbye, cowboy

Goodbye, cowboy

Dicen los arqueólogos que si clavasen un pico en cualquier calle de Jerusalén, con total seguridad encontrarían algún nuevo yacimiento. Es evidente que estos exploradores del subsuelo y de la historia no conocen Salamanca. Algo inexplicable cuando se trata de autóctonos.

"Hoy es día de mercado, hay bullicio de gentes y continuamos nuestro paseo por la Rúa Mayor después de que un pícaro lazarillo de Tejares nos tratase de levantar la compra"

Arrancamos un paseo mágico e imaginario desde la plaza del Corrillo en dirección a Meléndez; a la espalda dejamos las trifulcas a navajazos de los bandos, pues hace ya mucho que Sahagún apaciguó esas aguas. Nos cruzamos con Hernán Cortés, el marqués de Villena y el conde-duque de Olivares, todos acompañados de buenas mozas. Detrás de ellos van el padre Putas, Francisco de Vitoria, fray Luis de León y Torres Villarroel, tratando de encauzar sus almas al camino de la abstinencia carnal, pero Diego es de esos que antes que santo fue un poco demonio y aprovecha para pellizcarle el trasero a una muchacha. En las escaleras de la Clerecía están Fernando de Rojas, Mateo Alemán, Góngora, Beatriz Galindo, Calderón de la Barca, Azorín, Unamuno y Cervantes; comentan unas líneas que ha empezado a redactar el último, algo sobre un lugar de La Mancha.

Hoy es día de mercado, hay bullicio de gentes y continuamos nuestro paseo por la Rúa Mayor después de que un pícaro lazarillo de Tejares nos tratase de levantar la compra. Un tal Aníbal nos mira suspicaz de arriba abajo, estudiando si vamos armados; precavido, descansa la diestra en el pomo de su espada. Escuchamos a Maldonado anunciar otra expedición. Miramos a la derecha, hacia la prisión, y vemos, tras los barrotes, las caras apagadas de los próximos infelices que serán ejecutados. A nuestra izquierda un tal Julián Sánchez discute a viva voz con un estirado militar irlandés cuál es la mejor manera de atacar a los gabachos en Arapiles. El primero, audaz, sugiere un ataque salvaje y directo de caballería, el segundo quiere una estrategia más cautelosa.

"El tío es instruido, sabe de lo que habla. Pronto lo reconozco y le comento que a mi hijo le encantaba verlo en los concursos de la tele"

Entonces un fornido pero afable ganadero apellidado Pinto nos cierra el paso con sus vacas y nos cuenta, mientras estas siguen indolentes su camino, que en ocasiones se comportan como los elefantes del cartaginés. El tío es instruido, sabe de lo que habla. Pronto lo reconozco y le comento que a mi hijo le encantaba verlo en los concursos de la tele. Asiente nostálgico y esboza una sonrisa ligera como si supiera que aún le quedaban muchas respuestas que dar. “Es así, el de arriba manda”, y se despide palmeando el anca de un ternero y deseándonos un próspero paseo.

Y es que lo que la naturaleza no da Salamanca no lo presta, que esta Roma chica, esta Atenas de occidente, de todas las ciencias es primera, y solo nos falta obrar milagros para que el que venga jumento vuelva sabio.

 

A la memoria de José Pinto, D.E.P

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