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Historia de un canalla, de Julia Navarro

Historia de un canalla, de Julia Navarro

¿Alguien había dudado alguna vez de que los escritores europeos fueran capaces de utilizar, con igual pericia y solvencia, los mismos resortes empleados por esos narradores anglosajones que tanta fama han venido cosechando desde tiempo inmemorial? De hecho, aunque el personaje principal de esta novela de Julia Navarro nos remita, con las lógicas reservas, al inolvidable Onofre Bouvila de La ciudad de los prodigios del mejor Mendoza, con ese cierto tono de novela de aprendizaje, es probable que el referente más próximo resida, al menos en la reproducción de la atmósfera, en ese memorable volumen de Thomas Wolfe titulado La hoguera de las vanidades. La acción de este nuevo relato, al que le preceden, conviene recordarlo, éxitos como Dime quién soy y Dispara, yo ya estoy muerto, transcurre en ciudades como Nueva York, Londres y Madrid. Aunque la presencia en estas páginas de la capital española sea casi anecdótica, se produce aquí, sin embargo, ese curioso fenómeno, del que nos legaron una buena muestra autores como Montesquieu y, entre los nuestros, José de Cadalso, de una realidad observada y enjuiciada por ojos ajenos.

A la autora parece no interesarle en exceso hacer alarde de técnicas narrativas. Tiene claro, desde la primera página, que su intención es atrapar al lector, buscar las artimañas para que este acuda confiadamente al texto, y emprender con él un largo y entretenido viaje de casi mil páginas que tiene la virtud, gracias a su agilidad narrativa, a su lenguaje sencillo y directo, y a unos diálogos chispeantes y resolutivos, de transcurrir como un suspiro. Uno de los resortes lúdicos que emplea la narradora consiste en plasmar, en letra cursiva, qué hubiera sucedido si el protagonista hubiera actuado de forma diferente. De palabra u obra. Un constante y permanente “la escena podría haber transcurrido así”, con lo que se quiere dejar constancia de que un simple detalle, un leve gesto, podría darle un giro inesperado a nuestra existencia.

Estamos, como se deja constancia en el propio título, ante la historia de un canalla contada por él mismo sin pudor alguno, ofreciéndonos espeluznantes detalles; alardeando, incluso, de su actitud y sin mostrar el más mínimo arrepentimiento. El mayor reto, pues, de la novela tiene que ver con ese titánico esfuerzo de su autora por conservar intacta, por tan largo espacio, página tras página, y sin caer en la siempre temible inverosimilitud, la coherencia de este personaje que es el modelo perfecto de ese hombre en permanente estado de guerra al que se refiere Hobbes en las páginas de su Leviatán. Thomas Ferguson, que decide contar su historia mientras agoniza, ensombrece a cuantos personajes hay a su alrededor, a pesar de ese elenco de criaturas de raigambre barojiana, a las que se les otorga el don de la existencia con apenas un par de certeras pinceladas, que desfilan por estas páginas: desde su hermano Jaime, cuyo carácter sirve de contraste con el de Thomas, hasta la sutil Madame Agnès, la dueña de un lujoso prostíbulo en donde se dan cita los más renombrados políticos y los tiburones de los negocios que dominan la City. Thomas insiste, una y otra vez, en que el dinero y el poder son una misma cosa. No es honrado ni decente, ni siente deseos de serlo. No tiene amigos y se vale únicamente de su fortuna para mantener a su alrededor a todo un coro de aduladores. Su filosofía consiste en destruir a los demás para garantizar así su propia supervivencia. Al margen de un pórtico inicial y de un brevísimo epílogo en el que se nos da cuenta de lo sucedido un año después, la obra transcurre con arreglo a las etapas de la vida del protagonista: infancia, juventud, madurez y declive, con lo que la autora deja bien patente su deseo de centrarse en el estudio psicológico de la abominable criatura que pone en pie.

Ni qué decir tiene que detrás de estas páginas hay una larga y meticulosa investigación previa. Abundan, sin entorpecer el curso de la narración, las lecciones sobre periodismo, gastronomía y farmacología, sobre técnicas forenses e ingeniería financiera. Y junto a ello, el lector vive en primera persona, a través de un personaje llamado Roy, que parece extraído de la realidad que nos circunda, cómo un ciudadano, sin apenas talento y nula inteligencia, puede llegar a convertirse en un reputado político, aunque tenga que emplear para ello métodos maquiavélicos. América es, como se avisa en estas páginas, el país donde los sueños se cumplen. Lo que no sabremos nunca con certeza es el precio al que se cotiza cada uno de esos sueños.

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Título: Historia de un canalla. Autor: Julia Navarro. Editorial: Plaza y Janés. Páginas: 863. Edición: papel y ebook.