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El Inspector Bucket y el largo dedo de la ley

El Inspector Bucket y el largo dedo de la ley

Amado por lectores de todos los rincones del globo, reside entre la inmortalidad y casi el mito –además de en el 221B de Baker Street, Londres–, uno de los personajes literarios predilectos de muchos ruritanos. Ha pasado a la historia como el detective por excelencia: Sherlock Holmes. Otro grande de las pesquisas, Auguste Dupin, su predecesor creado por Edgar Allan Poe, no ha logrado la fama del investigador de ficción londinense –ni la que alcanzaría su autor, el escocés sir Arthur Conan Doyle en vida–, pero comparte con él tanto su propensión a la excentricidad como su extraordinario ingenio. Pero antes de ellos dos hubo otro. El primer gran detective de la literatura no se apellidaba Holmes, y su creador fue el mismísimo Charles Dickens. Habitante de su variopinta y densamente poblada galería de personajes, un tal inspector Bucket mora en las páginas de Casa desolada (1852-1853), una de sus obras más complejas, profundas y alabadas por la crítica.

Los inicios de la novela detectivesca o policiaca se suelen situar en la década de 1820, en Francia, con el llamado roman policier. Al tiempo que nacían las primeras fuerzas policiales específicas en Francia e Inglaterra, lo hacían también las “novelas de Newgate” y relatos similares. Éstas ensalzaban las peripecias de célebres criminales, bebiendo de la tradición novelística gótica e histórica, y tomando datos de fuentes como The Newgate calendar que llevando por subtítulo El sangriento registro de los malhechores, era una especie de recopilación de crímenes célebres reales. Fue preciso esperar a la llegada de los primeros detectives y a que su profesión se asentase para que este tipo de literatura y personajes emergieran.

Edgar Allan Poe y sus  cuentos Asesinatos en la Rue Morgue  y El misterio de Marie Roge (1843) suelen obtener el título de ser considerados los primeros relatos detectivescos en lengua inglesa, en una época en la que el término “investigador” ni siquiera se usaba aún. La piedra lunar (1868) de Wilkie Collins –amigo íntimo y compañero de correrías nocturnas del insomne Dickens– es, según críticos como T.S. Eliot, la primera novela del género, mientras que el inspector Bucket de Casa desolada le vale a Dickens el honor de haber dado vida al primer detective de ficción propiamente dicho. No será hasta 1887 cuando Holmes haga su triunfal entrada en Estudio en escarlata, inaugurando la edad de oro de la novela policiaca británica.

Sin embargo, la importancia de Bucket, quien a menudo pasa desapercibido entre otros personajes dickensianos mucho más célebres (no en vano un “Scrooge” es un avaro en lengua inglesa, por citar a uno de los personajes más conocidos, junto con David Copperfield o la pequeña Dorrit) radica no sólo en ser el primero: es quien señala el camino que recorrerán sus futuros y célebres descendientes.

Casa desolada es una novela muy compleja, con muchas tramas, demasiado repleta de ironía, sátira y feroces ataques apenas velados al encorsetado sistema social y a la lentitud del sistema judicial imperante como para ser recordada solamente por el elemento policial. Un amplísimo espectro del comportamiento humano se muestra a través de su espléndida galería de personajes. Con dos narradores, entre ellos el único femenino que se puede hallar en toda la obra dickensiana (la cual daría para su propio análisis), y a través de una trama principal y numerosas secundarias, la novela nos muestra una descarnada crítica a la sociedad victoriana y al sistema legal de la época, parte de la cual era el propio Bucket. Habría que esperar hasta la década de los 70 para que llegue la ansiada reforma legal, pero Los papeles póstumos del Club Pickwick y Casa desolada contribuirían a reforzar el movimiento que reclamaba un cambio con urgencia.

Fascinado por la recién creada profesión de detective, Dickens, que pasará a la historia como el gran genio de la literatura victoriana pero también era un periodista incansable, escribió una serie de artículos que se publicarían en el diario Household Words tras acompañar en sus rondas nocturnas a algunos de los primeros integrantes de un Scotland Yard que, recién fundado, daba tambaleante sus primeros pasos. A estos autores, a esta época, a esta profesión que arrancaba en los despachos de Bow Street y otras ciudades, debemos los inicios de la literatura policial propiamente dicha.

La Policía Metropolitana fue fundada por Robert Peel en 1829, e inicialmente no fue muy bien acogida entre ciertos sectores de la ciudadanía que miraban con recelo a estos nuevos bobbies que podrían espiar impunemente a los honrados ciudadanos en beneficio del gobierno británico. Enfocada hacia la prevención del crimen, según sus propios miembros afirmaban, era vista como una fuerza innecesaria, y el disponer de un departamento totalmente centrado en la investigación se consideraba superfluo. Habría que esperar hasta 1842 para que, al fin, la llamada Detective Branch, formada por dos inspectores, seis sargentos y cierto número variable de agentes, integraran el primer equipo propiamente dicho, desatando una insaciable curiosidad entre los periódicos de la época. 

Uno de los que mostraría un mayor entusiasmo sería Charles Dickens. Pronto estrecharía lazos con algunos de los miembros de esta nueva unidad, y en 1851, en las páginas del mencionado Household Words –si les resulta familiar la expresión, sepan que se inspiró en una frase del Enrique V de Shakespeare: “Familiar in his mouth as household words”– aparece un artículo titulado “On duty with Inspector Field”. Esa breve pieza es la carta oficial de presentación de Charles Frederick Field, amigo del gran escritor británico e integrante de la recién creada fuerza de Scotland Yard.

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Imagen de “Household Words”. Reproducción de los “Dickens Journals Online”, archivo facilitado por la Universidad de Buckingham (a quien pertenece el copyright).

Será el hombre en el que Dickens se basará para insuflar vida al Bucket de Bleak House. Se ha sugerido incluso que otro escritor británico, R.D. Blackmore podría haber basado también al inspector John Cutting que aparece en la novela Clara Vaughan, en Field.

Ambos compartían un pasado juvenil de pasión por el teatro y la actuación, ya que tanto el escritor como el detective intentaron ser actores. Se dice que Dickens estuvo años yendo cada noche sin falta a ver representaciones (ocasionalmente aceptaba desempeñar algún papel en obras de amigos, como el aristocrático Edward Bulwer Lytton y su “Not so sad as we seem”), mientras que Field solía aprovechar el trabajo de campo para disfrazarse, a pesar de que, según el propio Dickens, no siempre era preciso hacerlo. Al igual que Dickens, Charles Field (1805-1874) no haría carrera en las tablas –su falta de recursos económicos sería determinante–, y entraría a trabajar como sargento en la Policía Metropolitana y posteriormente como inspector en el puerto londinense de Woolwich. En 1846 se uniría al Departamento de Detectives, retirándose como jefe del mismo en 1852 y pasando a ejercer como detective privado a partir de entonces. Sus restos yacen en el cementerio londinense de Brompton.

Para el lector del siglo XIX, una época de cambios drásticos, de tremendas turbulencias, el inspector Bucket que resuelve el misterio de Casa desolada debió de convertirse en poco menos que una brújula moral, la vara con la que medir a todo el cuerpo policial. Decente, discreto, hábil, corpulento, de mediana edad, de voz ronca y apariencia amigable, Bucket es descrito como un hombre de temperamento filosófico y benigno, tolerante con las debilidades ajenas y estudioso de la naturaleza humana, aunque tenaz, paciente y tremendamente observador. En una época de profundos contrastes sociales, nuestro detective es amistoso con sus congéneres sin hacer distinción de clases y está dispuesto a compartir un trago con la mayor parte de ellos.

Victoria Bucket in Bleak House

El inspector Bucket, ilustrado por Kyd

Con su cómico nombre por bandera –su apellido significa “cubo” en inglés–, el inspector Bucket encarna muchas cualidades de las que harán gala posteriores detectives de ficción, y convierte en su misión sacar a la luz toda clase de secretos. Su primera aparición en la novela ya nos hace mirarlo de forma diferente, y hay algo fantasmal en su llegada. No es como los demás, hay algo enigmático e impredecible en su presencia, en su cara atenta, en su mirada aguda, en la forma en que repara absolutamente en todo.

“Es un hombre de mirada penetrante, un hombre vivaz y sagaz, que devuelve la mirada de todos y cada uno de ellos al mismo tiempo, de una forma que demuestra que se trata de un hombre notable”

Cuenta, además, con un singular don: su seguridad inspira una confianza casi hipnótica, imposible de evadir. Algo que hace que culpables o inocentes se presten, simplemente, a ir con él. Camaleónico, puede fundirse con el paisaje o el fondo de una sala. De talante sereno, oyente silencioso, paseante atento que “invade gran número de casas, y recorre una infinidad de calles, y a ojos de un observador ignorante se pasea porque no tiene nada mejor que hacer”, es capaz de mutar en cuestión de segundos en un hombre de encanto chispeante, alma de cualquier fiesta… Y realizar un arresto al final del mismo capítulo pensando que, tal vez, tiene a su sospechoso entre manos. Parte de su genialidad radica, precisamente, en su capacidad para atrapar a la gente con la guardia baja.

Su capacidad de adaptación es una de sus mejores armas, pero muestra muchas otras cualidades que veremos en futuros detectives de ficción: minuciosidad, tenacidad, propensión a desaparecer en un instante, un excepcional sentido de la orientación, pasión por la labor detectivesca y una inteligencia muy superior a la media: una mirada, un gesto, una palabra, un objeto… pueden ser más que suficiente para él.

Muestra, sin embargo, algún rasgo menos común en sus descendientes de ficción. El más inusual, quizás, sea no ya el hecho de ser un hombre sociable y felizmente casado, sino que la propia señora Bucket, “de genio detectivesco natural”, será quien le ayude a resolver el caso, un hecho que no ha vuelto a repetirse entre los detectives más célebres que le sucederán. De corazón amable, este primer detective es lo suficientemente humano como para ser falible. Por ello, su perseverancia y su tenacidad son cualidades cruciales, ya que trabaja incansablemente hasta llegar a la verdad, para descubrirla sin importar las consecuencias.

Pero si de rasgos se trata, no podemos olvidar uno de los más característicos de este personaje: un largo dedo índice, que a menudo ondula en el aire para enfatizar lo que dice, o se apoya en su rostro mientras su dueño afila sus sentidos o pensamientos.

“El señor Bucket y su grueso dedo índice están celebrando muchas consultas, dadas las circunstancias. Cuando el señor Bucket tiene un asunto de gran interés en estudio, el grueso dedo índice parece adquirir la categoría de un demonio familiar. Se lo lleva a los oídos, y el índice le susurra información; se lo lleva a los labios, y el índice le aconseja discreción; se lo pasa por la nariz, y el índice le aguza el olfato; lo sacude ante un culpable, y el índice lo seduce para que confiese”.

Quienes todavía duden de la relación entre Field y Bucket pueden acudir a la descripción que Dickens aporta en uno sus artículos –en los que solía limitarse a cambiar el nombre del detective– de un tal detective Wield. Los lectores de “Casa desolada” (o los espectadores de alguna de sus adaptaciones televisivas) sabrán apreciarlo:

“…a middle-aged man of a portly presence, with a large, moist, knowing eye, a husky voice, and a habit of emphasising his conversation by the air of a corpulent fore-finger, which is constantly in juxta-position with his eyes or nose.”

Pese a no ser un éxito rotundo de ventas en vida del autor o no gozar de la fama y de la presencia teatral y cinematográfica de la que gozan otras de sus obras, lo cierto es que ya a finales del siglo XIX Casa desolada había sido representada en diversas adaptaciones teatrales. No en vano las obras de Dickens gozaban de una inmensa popularidad, y el teatro, bien en salas propiamente dichas previo pago de entrada, bien mediante representaciones improvisadas en entornos más familiares, era uno de los entretenimientos sociales más extendidos.  

The death of poor Joe, un corto de 1901, es la versión cinematográfica más antigua que ha sobrevivido hasta nuestros días, a la que sucederían otras dos versiones de la era del cine mudo (en 1920 y 1922) y de los inicios del cine con sonido (1928). En 1998 la BBC realizaría una adaptación radiofónica, pero ya antes había comenzado el idilio de la cadena británica con Casa desolada en formato de adaptaciones televisivas, el que hasta el momento mejor ha sentado a esta obra. La primera fue emitida en 1959 en once episodios, repetirían el 1985 –con la fascinante Diana Rigg en el papel de lady Dedlock– y de nuevo en 2005, con un reparto casi impecable en el que destacan Anna Maxwell Martin como protagonista, el inigualable Charles Dance como Tulkinghorn, y Alun Armstrong, un habitual de las adaptaciones británicas de Dickens, en el papel de Bucket.

Victoria DickensianBBC

Reparto de ‘Dickensian’

La versión más reciente del inspector Bucket, aunque no es una adaptación de Casa desolada, la hallamos en Dickensian. En esta última aventura serializada de la BBC, el personaje que mejor perfiló el escritor británico, el Londres de su tiempo, se presenta ante nuestros ojos poblado por muchas de las criaturas de su imaginario, entre las que brilla como nadie un Bucket magistralmente interpretado por el irlandés Stephen Rea. Esgrimiendo el famoso índice, con una dicción elegante y pausada –véanla en versión original si pueden– y haciendo gala de una presencia que el mismo Dickens ensalzaría, el inspector vuelve a cobrar vida y a deambular por las calles londinenses, bastón en mano.

A las casi innumerables adaptaciones cinematográficas de Sherlock Holmes se han sumado en los últimos años series de gran calidad, entre las que destaca la versión de la BBC, con Benedict Cumberbatch brillando en el papel de la criatura de Conan Doyle. Ahora parece haber llegado el turno a su predecesor, el inspector Bucket. Ante semejante oportunidad, no pierdan ocasión de conocer, a través de las páginas de la fantástica obra del incansable Charles o encendiendo sus pantallas y disfrutando de una maravillosa interpretación y la impecable puesta en escena de Dickensian, al primer miembro y fundador del club de los detectives de ficción: el hombre tranquilo… del largo dedo índice.