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Isabel Coixet: “Hacer películas sobre buenas personas es cada vez más difícil”

Isabel Coixet: “Hacer películas sobre buenas personas es cada vez más difícil”

Me acerco a la librería 8 1/2 de Madrid —la de mi querida María Silveyro, y mi añorado y siempre recordado Jesús Robles— pensando en que no puede haber mejor sitio para entrevistar a Isabel Coixet a propósito de su última película, La librería. Nada más llegar compruebo que la directora catalana había colgado unas horas antes en Instagram este vídeo que hizo durante su viaje en AVE a Madrid. Después de ver ese amanecer siento que hay una conexión entre nosotras porque yo acabo de ver también el sol colándose entre las calles del barrio de Argüelles, sorprendentemente tranquilas y silenciosas, destilando vecindario, café de la mañana y tiendas abriendo sus puertas, encaminándome a la vez que ella hacia allí. La espero junto a la fotógrafa de su película, Lisbeth Salas, que la retratará para esta entrevista, y, apostadas en la puerta, vemos enfilar la calle a Isabel Coixet, tirando de su maleta, y llegar hasta nosotras, exhausta. Tan temprano. Sí, tan temprano y tan exhausta. Al encontrarme con ella entiendo el hashtag #exhausta que viene utilizando en muchas de sus últimas entradas en Instagram, donde, además de bellísimas fotografías, también cuelga lo que publica en la prensa (XL Semanal, El Dominical del diario ABC, y El País). La directora ha estado esta temporada en el punto de mira debido a las reflexiones y declaraciones con las que ha expresado sus vivencias sobre el proceso catalán y los últimos acontecimientos derivados de él. Y todos estos hechos han coincidido con la promoción de La librería, que inauguró el pasado 21 de octubre el Festival de Cine de Valladolid, y que se estrena el viernes 10 de noviembre, día de las Librerías en España. A estas alturas me dice que “está harta del temita y que lo único que quiere es hablar de su película”. A ello vamos.

 

La Librería no se ha estrenado aún y acaba de ganar el premio a la mejor adaptación literaria en la Feria del Libro de Frankfurt; y eso teniendo un final diferente.

Es verdad. Pero cuando te planteas una adaptación siempre estás dividida entre ser muy fiel a la novela, por lo menos al espíritu que tú ves en la novela, y hacer una película. Y a la hora de hacer una película yo creo que el espectador necesita, o al menos yo necesitaba, otra resolución. O sea, creo que el nihilismo que apunta la novela, y que subyace en muchas de las cosas que escribió Penelope Fitzgerald, en una pantalla no funciona, o al menos no funcionaba para mí. Lo hablé con los herederos de la autora, de hecho el personaje de la niña está basado en Tina, la hija de Penelope. Para mí era muy importante ser respetuosa con ellos, porque nos ayudaron mucho. Entendieron que una película es una película y cuando la vieron y les gustó fue importante para mí. Yo creo que es bastante fiel al espíritu de Penelope. Pero sí, el final es diferente.

Qué le parece un personaje como Penelope Fitzgerald, ¿no tuvo tentaciones de hacer una película sobre su vida o al menos incluirla de alguna manera?

Es un personaje tan complejo, tan interesante, tan inteligente, con esa vida tan dura, que hacer algo con ella a mí me parece una hazaña. Para mí, desde luego, irrealizable. Pero estoy convencida de que algún día alguien llevará su vida a la pantalla, seguro.

Isabel Coixet y Bill Nighy

¿Cómo encontró el libro y cómo decidió convertirlo en película?

Lo compré por el título. No conocía a la autora. Fue en una librería en Londres. Leí la contraportada y dije: “bueno”. De esto hace 10 años. Luego ya en España vi que lo tradujo Impedimenta, y que la gente lo valoraba. Por casualidad uno de los productores de la película, que antes me había ofrecido un proyecto, pero yo no lo veía, me dijo: “¿habría algún tema, alguna novela, que te gustaría adaptar?”. Y resultó que él estaba leyendo la novela, que yo ya había leído, y le comenté: “a mí parece que aquí hay una película”. Es verdad que yo estaba convencida de que los derechos los tendría, no sé, la BBC, por ejemplo. No pensé que iba a ser tan fácil como llamar a Londres, conectar con el yerno de Penelope Fitzgerald, que se ocupa de su gestión, y en seguida conseguirlos.

"Hacer películas sobre buenas personas es cada vez más difícil; parece que si haces una película sobre un serial killer lo tienes mas fácil."

¿Ha sido un proyecto largo?

Es que todos los proyectos son largos, a menos que quieras hacer Los Vengadores parte 7 o una comedia con muchos chistes. Es difícil hacer películas como las que a mí me gustan, es cada vez más difícil. Es que parece que hay menos público o que buscan otras cosas. Conseguir financiación para hacerla fue muy largo, con muchas dificultades en el camino; al final, en la película hay desde coproductores ingleses hasta alemanes y dos productoras españolas. Porque no es una película fácil para este momento de la historia del cine, protagonizada por una mujer de mediana edad que acaba de una manera que no es el final apoteósico. Hacer películas sobre buenas personas es cada vez mas difícil; parece que si haces una película sobre un serial killer lo tienes mas fácil.

¿Qué espera de La librería, cómo cree que la va a recibir el público?

Cuando uno hace algo lo que espera es conectar. Que le toque a la gente. Que vea ahí algo que tiene que ver con sus vidas, con los libros y las historias que aman.

¿Y de la crítica, qué espera?

De la crítica espero ser entendida. Yo siempre digo que a mí no me duelen las malas críticas, sino las críticas que no entienden, o no quieren entender, lo que uno quiere decir. Los que van con una idea premeditada al cine, que no se dejan tocar por una película. Eso es, para mí, lo peor.

¿Cómo gestiona las malas críticas?

Pues fatal. Todavía no he conocido un director que las gestione bien; ni los consagrados, ni los menos consagrados. Pero ni las buenas ni las malas. Yo creo que hay gente que las buenas se las cree demasiado y las malas le hieren demasiado.  Con la distancia es como tienes que ver lo que has hecho y tienes que pensar: “bueno, esto es lo que yo quería hacer, no he llegado al cien por cien sino al ochenta, pues ya es bastante”.

Isabel Coixet y Emily Mortimer

Es una creadora multifacética, lo mismo trabaja con guiones originales que con  adaptaciones, ¿dónde busca las ideas?

Las ideas que se buscan, al final no cuajan. Yo creo que las ideas que cuajan son las que de repente se cruzan en tu cabeza, donde hay cosas muy diferentes y contradictorias, que tu cerebro, por alguna razón misteriosa, en un momento crea el nexo entre ellas.

"La inspiración te tiene que pillar trabajando. Yo funciono por plazos."

¿Y dónde busca la inspiración?

La inspiración te tiene que pillar trabajando. Yo funciono por plazos; si sé que tengo que entregar un día, lo hago. Pero si no tengo un plazo puede ser mortal. Está bien conocerme y saberlo, y así funciono. 

¿Para escribir sigue algún ritual, tiene manías?

Sólo pido que la silla sea cómoda y que haya café. No mucho más.

Y a la hora de leer ¿cuáles son sus preferencias?

No lo sé. A mí me gusta mucho deambular por librerías, buscar en la mesa de novedades, en las estanterías, y siempre hay un par de libros, o cuatro, o seis, que me acabo llevando. Pero, además de novelas, también busco ensayos que me enseñen algo sobre el mundo, que me ayuden a entenderlo un poco más. Y no sé, me dejo llevar bastante, y, desde luego, no suelo leer las críticas literarias.

¿Qué libro, o libros, está leyendo en este momento?

Estoy acabando un libro que se llama Laëtitia o el fin de los hombres (Anagrama), escrito por un sociólogo francés (Ivan Jablonka), que me está gustando mucho. Habla de un caso real, el de una chica que fue asesinada en un pueblo de Francia hace diez años y cómo ese caso provocó una investigación sobre el sistema judicial. Porque el crimen fue utilizado por el gobierno de Sarkozy para cambiar aspectos del sistema judicial de una manera subrepticia. Me gusta porque es un libro que respeta mucho a la víctima. Es que hay momentos en libros de investigaciones judiciales, incluso novelas negras, en que parece que el autor se está regodeando en la basura. Y en este libro me ha impresionado cómo él, haciendo un fresco, refleja cómo en un momento determinado de la historia de Francia un crimen puede desencadenar una gran tormenta política. 

¿Cuál es el último libro que ha regalado?

La librería, claro. 

–¿Y el que le han regalado a usted?

Un libro de poemas de Philip Larkin.

¿Hay algún libro que deseara llevarlo a película y no pudo ser?

Hay dos. Uno porque explícitamente renuncié a ello porque no me atreví, que es Hacia la boda de John Berger (a quien ha dedicado La librería, en cuyo homenaje participó el pasado 21 de septiembre en el Círculo de Bellas Artes de Madrid). Y el otro es La violeta del Prater de Christopher Isherwood, que es un libro que me gusta mucho, sobre el rodaje de una película en la Europa del año 28 que está rodando un cineasta judío y en el que se ve el nacimiento del nazismo de una manera muy inteligente y muy bonita.

Isabel Coixet

¿Su siguiente película será un guión original o adaptado?

Yo espero que sea un guión original. Para mí es mucho más fácil, porque empezar de cero es empezar con más libertad. Uno adaptado tiene más condicionantes, es como repensarlo, es mas difícil.

"Y hoy día si un proyecto no tiene una cadena de televisión detrás es complicado desarrollarlo. Sacar adelante un proyecto personal es igual de difícil aquí que en Estados Unidos."

¿Qué es lo más difícil de sacar adelante de un proyecto cinematográfico?

Yo creo que es el mercado. O sea, las películas son caras. Incluso las baratas, y yo he hecho películas muy baratas, cuestan dinero. Y hoy día si un proyecto no tiene una cadena de televisión detrás es complicado desarrollarlo. Y es aquí, y en Estados Unidos, donde hay toda una industria. Sacar adelante un proyecto personal es igual de difícil aquí que allí.

¿Tiene muchos sueños aún por cumplir?

Soy una mujer de mediana edad tirando a la tercera y pienso en todas las películas que me gustaría hacer, pero también en la energía que hay que meter en cada proyecto, y es como empujar la piedra esa de Sísifo. Ahora creo que voy a plantar más olivos, que es algo me gusta mucho, sí, tengo olivos y hago aceite, y creo que voy a plantar más. Tampoco tengo tantos sueños, la verdad. Alguna película más. Y sí me gustaría acabar unas historias, a ver si me voy unos meses y puedo concentrarme en lo que tengo que concentrarme. Y nada más.