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Javier Marías y Woody Allen hablando en París

Javier Marías y Woody Allen hablando en París

La escritora, curadora de arte y ex diplomática de Naciones Unidas Cristina Carrillo de Albornoz, autora de Un beso en Tokio, entre otros libros, reunió en París a Javier Marías y a Woody Allen para un libro de conversaciones encargado por la edición alemana de Vogue. Hace tantos años… Un encuentro mágico que nunca se olvidó, que tampoco olvidarán los que, en diciembre de 2001, tiempos turbulentos en el mundo, descubrieron esta conversación bella e inolvidable. Ahora la encontré de nuevo. Quien la propició, Cristina Carrillo de Albornoz, me ha ayudado a recordarla.

Como si el azar me llevara a encontrarme con esas dos inteligencias, rebuscando donde guardo reliquias de Marías, del que fui editor y amigo, hallé documentos que me llevaron de nuevo a la conversación de estos dos gigantes convocados por Cristina en un hotel de París.

Entre las notas que encontré, Marías, siempre tan ordenado, me indicaba escuetamente (imagino que también a otros amigos con los que se carteaba) lo que era especialmente interesante. Siempre tenía razón. Javier Marías nació en 1951 y murió el 11 de septiembre de 2022. Woody Allen sigue entre nosotros (y en el cine). Cristina Carrillo de Albornoz, la que los juntó, permanece en la vida, en el universo del arte y de la literatura.

Su novela Un beso en Tokio, publicada en 2023 y que ahora llega a la cuarta edición, mereció esta reflexión de Elena Foster, una de las más importantes lectoras y editoras de la cultura de nuestros tiempos. Dijo Foster de la novela de Cristina: “Una reflexión novelada sobre la paradoja eterna de la belleza efímera y el amor imperfecto. Sobre la desazón inesperada del éxito. Sobre la inquietud y la serenidad. (…) La historia inesperada e inacabada de las relaciones de Kengo Ö, el protagonista de Un beso en Tokio, nos seduce y nos hace amarlo”.

Ahora le he pedido a Cristina que revisitara aquel encuentro entre los dos titanes de la literatura y del cine, Marías y Allen, que ella propició para Vogue… Además de ese en concreto, Cristina reunió en sus conversaciones a Mario Vargas Llosa con Fernando Botero, a Desmond Tutu con Bono (de U2), a Miloš Forman con Mijaíl Barýshnikov, a Almodóvar con Geraldine Chaplin… En el encuentro que juntó a Marías y a Allen, Cristina recuerda “una conversación brillante, amena y fluida de dos tímidos encantadores” que se sometieron a una moderación que Cristina recuerda como extraordinaria.

Marías y Allen se mostraron tal y como eran, “preparados y cosmopolitas, con sus pensamientos siempre libres, sin prejuicios, diestros en una conversación que alternaba el interés por un sinfín de temas e ideas tratadas con un envidiable sentido del humor”.

La ligereza de ambos, rememora Cristina, se alternó con la profundidad y “la búsqueda de la belleza también como el hilo conductor de mi novela… Fue”, dice ella volviendo al encuentro de Paris, “desde el principio hasta el final un dialogo fascinante en el que celebramos la vida y cuestionamos cambios del recién estrenado siglo XXI”.

"Los muchos que conocen a Javier Marías pueden imaginar lo que sigue a ese primer momento de la conversación de ambos tímidos"

“Cuando un autor se recluye para escribir un nuevo libro se necesita una muy buena razón para apartarlo de su clausura”, escribe Cristina en el introito de aquel encuentro en diciembre de 2001. “Con Javier Marías bastaron exactamente dos palabras para sacarlo de un pequeño pueblo de la provincia española de Soria y llevarlo a París: Woody Allen. El director americano, quien como cada otoño viaja por Europa, quiso citarse con Javier, ya un escritor de éxito, para la revista Vogue y El Cultural en la capital de Francia (“mi segunda patria”). Un discreto escenario para el primer encuentro de ambos: una habitación del Hotel Le Bristol en la Rue du Faubourg Saint-Honoré. Woody Allen llevaba un pulóver de cachemir beige, unos pantalones marrones y sus inevitables gafas de pasta negra. Javier Marías viste una americana en la que lleva una insignia con la efigie de William Shakespeare, su gran ejemplo. Los dos toman sitio en un sofá”.

Y no podía faltar lo que uno y otro, ya sentados, tuvieron que decirse para quedar perfectamente señalados para la historia de aquel encuentro. Dijo Marías: “Me siento a la izquierda, soy zurdo y como tal tengo esa costumbre natural”. Mientras que el genio norteamericano explicó para el tiempo que iba a venir a lo largo de la entrevista y de la historia: “Perfecto. Oigo muy bien con el oído izquierdo, con el derecho oigo mal. Todavía recuerdo mi trabajo con un cámara sueco que trabajaba para Ingmar Bergman. Tenía problemas con el oído izquierdo, y yo los tenía con el derecho. Nos pasamos toda la película dando vueltas buscando la postura en las que los dos nos pudiéramos comunicar”.

"Me bebí esta conversación, que duró horas, con la alegría de imaginarlos juntos con mi amiga Cristina en Paris, de encontrarme en los tiempos del azar que propicia la vida"

Los muchos que conocen a Javier Marías pueden imaginar lo que sigue a ese primer momento de la conversación de ambos tímidos. Javier le avisó a su interlocutor de que llevaba consigo algunos de sus libros, para que él los usara “o los tirara a la basura”, a lo que Woody Allen, más hecho a improvisar una broma, le espetó al académico que ya era su reciente amigo español: “¡Yo nunca tiraría un libro! Incluso le prometo que voy a leerlos todos. Leo constantemente, y como no sé francés, aquí no veo la televisión, sino que paso mucho tiempo en la habitación leyendo. Además, todavía me esperan algunos viajes en avión”.

Y así siguieron estos titanes de la conversación y de la timidez. Marías: “¿Puede usted leer en los aviones? Yo no. Antes siempre llevaba un periódico cuando volaba, pero entonces empezaron mis angustias porque no veía lo que pasaba a mi alrededor”. Allen: “Yo disfruto con la lectura encima de las nubes. Al despegar me agarro al libro como si fuera un amuleto de la suerte. En cambio, me mareo cuando leo en un coche”.

Me bebí esta conversación, que duró horas, con la alegría de imaginarlos juntos con mi amiga Cristina en Paris, de encontrarme en los tiempos del azar que propicia la vida cuando ésta es de otro mundo y todas las cosas que ya ocurrieron vuelven a ser parte de la vida de este momento. Me dio escalofrío encontrarlos de nuevo, Marías en aquel mundo de imaginación y de búsqueda, Woody Allen escuchándolo como si ambos se hubieran hallado en una carretera del oeste del mundo tratando de regalarse el universo mutuo que vivirían para siempre.

"Cuando terminé de leer lo que hubieran de decirse sentí la enorme nostalgia de saber que ya estos dos personajes no se iban a ver nunca más"

A Marías, que era cine puro y la pura literatura, se le ocurrió al final preguntarle por el cine a Woody Allen. “¿Qué le parece el cine actual?”, le dijo a su interlocutor, cuando ya terminaba el encuentro para el que Cristina Carrillo de Albornoz los había convocado. Respondió Woody Allen: “[El cine actual es] Absolutamente intrascendente. Nadie se interesa ya por la poesía o por la belleza. Los diálogos son o bien banales, o bien los personajes simplemente no conversan. Las imágenes no conmueven. Últimamente las únicas películas que me han gustado son europeas o asiáticas. Hollywood produce sólo películas confeccionadas: frías, carentes de estética, con mucha técnica. Además, ahora se puede interpretar todo virtualmente, la única alternativa que le queda a uno está llena de puntos estéticos superficiales”.

Y esto le dijo Marías, el otro gran amante de la estética que iba en trance de romperse: “La estética tiene una importancia enorme. Cuando escribo, a veces rompo una página cinco veces hasta que consigo algo amoroso y adecuado. Una reflexión intensa pierde toda profundidad si se expresa de una forma torpe y deslucida”.

Terminaron hablando de la ropa, del aspecto y de la vida. Y cuando terminé de leer lo que hubieran de decirse sentí la enorme nostalgia de saber que ya estos dos personajes no se iban a ver nunca más. Nosotros ahora solo soñaremos con lo que se dijeron y también con lo que quizá se quisieron decir.

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Publicado el 14 de agosto de 2026 en Clarín

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Jota
Jota
1 mes hace

Sé que siempre nos quedará lo escrito, es verdad. Pero echo de menos a Javier Marías, la persona, sus encuentros con los lectores en la Feria del Libro de Madrid, presentaciones, nuevas novelas, sus artículos de opinión sobre lo que está ocurriendo, sus anécdotas. Sentí mucho su pérdida…

Teresa
Teresa
1 mes hace
Responder a  Jota

Yo nunca llegué a conocerle en persona pero leo y releo sus libros para seguir conociéndole. No puedo dejar de recordarle. Fue, como dice, una dolorosa pérdida.

Mario Raimundo Caimacán
Mario Raimundo Caimacán
1 mes hace

Javier Marías fue un gran escritor y Wooly Allen es un sobrevalorado cineasta norteamericano, nunca “un genio”, con más pose de intelectual que verdadera densidad intelectual. Su película “Bananas” es la propia visión reaccionaria y racista de la extrema derecha política de Estados Unidos sobre los hispanoamericanos, nos retrato como pueblos primitivos, atrasados, indolentes, sin ningún tipo de virtudes, casi como incapacitados mentales para vivir en Libertad y Democracia, como si la Libertad, la Democracia y el Progreso fueran bienes imposibles para Hispanoamérica por herencia genética, una película esa, “Bananas”, detestable porque está llena de estereotipos y simplificaciones manipuladoras, racismo por todo el cañón. El sobrevalorado Allen ignora o poco le importó que en España sufrieron por décadas a Franco, en Rusia sufrieron por más décadas primero a los sanguinarios Zares, despues a los más sanguinarios Reyes Comunistas (Lenin, Stalin, Kruschev, Breznev, etc) y ahora eligieron a Vladimir Putin, el ex jefe de la criminal KGB en su colonia de Alemania Oriental en tiempos de la extinta Unión Soviética, a quien elegieron con votos para barrer su Democracia e imponer su Autocracia, que en Alemania sufrieron a Hitler (1933-1945) y en Italia a Mussolini (1922-1945) hasta que los aplastó la Segunda Guerra Mundial, que los japoneses creían que su nefasto Emperador Hirohito era un “Dios Viviente”, que en Portugal sufrieron a Salazar y pare usted de contar. Y en lo personal, después de la actuación de viejo verde asaltacunas con su propia hija de crianza, el sobrevalorado “Genio” de un cine que destaca más por querer apartarse de Hollywood que por méritos propios, reveló su verdadera catadura moral, su verdadera condición humana y en mi opinión fue pesado en la balanza y resultó fallido, una total decepción. Yo si pienso que sí se quiere poner de ejemplo o modelo a alguien, tal persona debe tener méritos por sus obras y por su conducta, que no es de gente inteligente apoyar a racistas, a filotiranos ni a fraudes morales, sería contradictorio, incoherente, ilógico, como creer que “Lolita” es una “Obra Maestra” de la Literatura Universal y no una oda en prosa a la pedofilia. Al pan pan y al vino vino, como dice el sabio refrán que en la América Española heredamos de España.

María
María
1 mes hace

El problema no es una película de Allen o una novela de Nabokov, eres tú. Tu comentario destila amargura en un artículo recordando a Marías…

Mario Raimundo Caimacán
Mario Raimundo Caimacán
1 mes hace
Responder a  María

Estimada María:

Quizás tiene usted razón que me moleste la imagen del gran literato Javier Marías en compañía de Woody Allen, tampoco me gustaría asociarlo a la compañía de Maikel Jackson ni a la compañía de Román Polanski, porque los tres (Allen, Jackson y Polanski) eran fervorosos protectores de la infancia abandonada o descuidada, y seguramente los tres leyeron y atesoraron la novela “Lolita” (1955) que el ruso nacionalizado ciudadano americano plagió de un escritor alemán quien murió en 1953.
A mi Woody Allen no me impresiona como supuesto cineasta intelectual y su película “Bananas” lo expone como lo que es: otro racista antihispanoamericano de la mentalidad arcaica tan racista que impera en muchos americanos, la que hoy firma parte de la mayoría del electorado que votó por Donald Trump. Así que exprese mi criterio sobre una detestable película de Allen y usted debería respetar mi opinión aunque no la comparta porque Allen está siendo homenajeado por cineasta y por cineasta es que lo invitaron a participar en una conversación con ese gran escritor español que fue Javier Marías, un hombre de ética intachable, un hombre admirable como intelectual, como literato y como ciudadano.
Por cierto, estimada María, casi olvido decirte que Roman Polanski tiene mejores películas que Allen en su filmografía y sin embargo debió salir huyendo de Estados Unidos, a la carrera como alma que lleva el Diablo en 1977, violando su libertad condicional por estar acusado de violar a una niña de trece (13) años y desde entonces es prófugo de la justicia de dicho país y no pisa su territorio porque lo meterían preso y lo juzgarian por violación de menores y violar la libertad condicional.

Imagino que usted no estaría contenta que en un artículo sobre Javier Marías lo asociaran con el violador de una niña de trece (13) años como es Román Polanski. involucrados el alcohol y las drogas en tan perverso delito, aunque Polanski sea “un genio del cine”

Quizás usted, estimada María, no tiene hijas ni hijos y tal cosa no le parece importante para que alguien pueda expresar “amargura” en un comentario en la Internet y usted se sienta con derecho a descalificar mi opinión. Afortunadamente usted no es censora ni existe ya la Inquisición Papal.

?Sabe usted cual es la causa profunda de “mi amargura” en el comentario que levantó su voz moralizante e indignada por mis palabras?

Que hemos perdido la brújula moral.