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La anhelada resurrección de “Me hallará la muerte”

La anhelada resurrección de “Me hallará la muerte”

Descubrí la literatura de Juan Manuel de Prada gracias a un artículo de Arturo Pérez-Reverte publicado en la revista El Semanal —ahora XL Semanal, de la que el propio De Prada es colaborador desde hace muchos años—, donde lanzaba lisonjas como espadazos del capitán Alatriste hacia Las máscaras del héroe, la primera novela del escritor nacido en Baracaldo (1970) y criado en Zamora. Aquel texto, titulado Un novelista de pata negra y fechado el 27 de octubre de 1996, despertó mi curiosidad sobre ese «fulano veinteañero, grandullón y borracho de literatura de verdad», según le definió el autor de La Reina del Sur.

Días después compré aquella novela voluminosa de más de 600 páginas que había publicado la editorial Valdemar. La leí en pocos días con cierta inconsciencia temporal de juventud y un asombro constante por aquel texto de gran riqueza léxica y contundencia verbal. Era imposible abandonar la lectura de ese torrente de aventuras, infortunios y otras vilezas protagonizadas por aquellos personajes estrambóticos de la bohemia española de principios del siglo XX, que eran relatadas con fulgor y crudeza por Fernando Navales, la voz también narradora de la última novela de Juan Manuel de Prada hasta hoy, Mil ojos tiene la noche. Desde ese momento no he dejado de seguir su prolífica carrera literaria, movido por la admiración y el estudio atento de su narrativa.

"La obra precedente a Me hallará la muerte había sido El séptimo velo, publicada por Seix Barral en febrero de 2007, novela que fue laureada con el Premio Biblioteca Breve"

En noviembre de 2012 llegó a las librerías la sexta novela del escritor, Me hallará la muerte, «después de cuatro años de pertinaz y abrasadora sequía creativa […], años en los que llegué a creer que nunca más volvería a escribir una obra de ficción, pues tenía la imaginación por completo calcinada, el numen hecho añicos y una acedia que se derramaba sobre mí como un veneno sigiloso», comenta De Prada en la nota final de la nueva edición de la novela. La obra precedente a Me hallará la muerte había sido El séptimo velo, publicada por Seix Barral en febrero de 2007, novela que fue laureada con el Premio Biblioteca Breve.

Tras ese galardón, el escritor deambuló «por los senderos yermos de la melancolía» y de «la disipación», a la vez que acumuló cierta fama popular por sus frecuentes apariciones en «los hospicios aflictivos de las tertulias televisivas», las colaboraciones en radio y sus opiniones en periódicos y revistas, que en los últimos tiempos también han tenido su eco en las redes sociales. Sin embargo, el tropiezo feliz con María Cárcaba, su actual esposa, marcó un punto de inflexión decisivo. «Fue su amor lo que me restauró y me permitió seguir escribiendo hasta hoy. Por ser la primera muestra de mi recuperación, esta novela es tan querida por ambos —la más querida tal vez de todas—, pues está escrita en un momento en que todavía ignoraba si mi capacidad fabuladora se había quedado exhausta para siempre».

"Me hallará la muerte se articula en tres partes —cada una más extensa que la anterior— que pueden adscribirse a géneros claramente diferenciados"

La predilección de la pareja por este título no tuvo su reflejo en las cifras de ventas. Pese a algunas reseñas positivas aparecidas en la prensa, la novela pasó un tanto desapercibida. Quien esto escribe, que la leyó con gran deleite nada más arribar en las librerías, no entendió el ninguneo de la fiel parroquia de lectores del autor de La tempestad. Quizá algunos —o muchos— empezaron a adorar a aquel tertuliano bravío y lenguaraz que con frecuencia aparecía en su televisor y fueron olvidando con paulatina apatía al escritor. O precisamente sus intervenciones —vehementes y nada cómodas— le restaron algunos seguidores. La televisión da una notoriedad desmedida a cada títere que aparece en su teatro rectangular, pero no siempre la cosecha de ese reclamo resulta venturosa. Años después, Juan Manuel de Prada vertió algunas de aquellas vivencias sobre la fama ingobernable de quienes frecuentan los medios y sobre las prácticas navajeras que enturbian el mundo literario en otra novela de singular interés, Mirlo blanco, cisne negro (Espasa, 2016).

Me hallará la muerte se articula en tres partes —cada una más extensa que la anterior— que pueden adscribirse a géneros claramente diferenciados. Si el arranque en Madrid presenta inequívocas resonancias de la novela picaresca, la estancia de su protagonista en la División Azul se adentra de lleno en la narrativa bélica. La tercera y más dilatada parte se transforma una pura novela negra que bebe —como el propio autor confiesa en la nota final de la reedición— del clima seco y sombrío de algunas películas del cine negro español de los años cincuenta, cintas que brillaron en la gran pantalla de la mano de directores tan notables como José María Forqué, Rafael Gil, José Luis Sáenz de Heredia, José Antonio Nieves Conde o Julio Coll.

"Son tiempos de sombra y penuria para los desheredados de cuna y para los que perdieron todo en la contienda que rasgó el país"

La novela comienza en el Madrid en 1942. Un paz helada se extiende España en aquellos primeros años de la posguerra, cuando el hambre, el recelo y la miseria acechan en cada esquina de las ciudades. Son tiempos de sombra y penuria para los desheredados de cuna y para los que perdieron todo en la contienda que rasgó el país. Antonio Expósito es un truhán que vive en un cuchitril de la calle del Amparo —pared con pared de un sucio lupanar— y que sobrevive a base de pequeños robos y timos. Llega un momento en que sus trapacerías dejan de surtir efecto ante la cada vez más escasa ingenuidad de los forasteros, y comprende que necesita un cómplice para perfeccionar sus tretas y afinar sus engaños.

«Antonio apenas tenía veinte años, pero la conciencia de tiempo dilapidado lo abrumaba como una gangrena en perpetua expansión; y sabía que si quería medrar en la mangancia antes de hacerse viejo, tendría que buscarse un compinche». Un día, alrededor de la plaza de toros de Las Ventas, conoce a Carmen, otra buscavidas con la que comenzará a «engatusar a esos ricachos paletos o provincianos que venían a la capital a cerrar sus negocios» para robarles las pesetas, los relojes o las joyas que llevan encima.

Cuando la sinergia entre los delincuentes comienza a prosperar, un terrible incidente sucedido en el parque del Retiro provocará que el joven ratero de Lavapiés necesite desaparecer de Madrid cuanto antes. Mientras pasea por la Gran Vía, ve a un grupo de jóvenes cantando el “Cara al sol” —una estrofa del himno de la Falange Española da título a la novela— junto al portal de la Secretaría General del Movimiento. Allí se topa con un excombatiente, Francisco Cifuentes “Pacorris”, que despotrica contra los jóvenes falangistas: «¡Menudos arcángeles de mierda estáis vosotros hechos!», les increpa mientras se van calle abajo.

"El balance fue atroz: miles de muertos y otros tantos prisioneros españoles constituyeron el botín que las huestes de Stalin arrancaron en Krasny Bor"

Pacorris le cuenta a Antonio su misión en el frente ruso, encuadrado en la División Azul. Batalló como alférez y fue herido gravemente durante la bolsa del Volchov. «La metralla ruski me dejó inútil para el combate y me devolvieron a España», le comenta Cifuentes mientras presume con orgullo de una pantorrilla llena de costurones y una cicatriz que rasga su rostro de norte a sur.

Tras la conversación, Expósito decide alistarse en la División Azul con cierta emoción patriótica y con la espoleta de salir de España rápidamente. Pero Pacorris le previene con gravedad: «Aquella guerra no se parece a ninguna otra que haya habido antes, Antonio. La nuestra, en comparación, fue como de juguete». Tras un largo y penoso viaje en tren, Expósito y sus nuevos compañeros de milicia llegan al frente de Leningrado para luchar contra el demonio soviético junto a las hordas nazis. Allí conoce al alférez Gabriel Medina, un hombre con quien Antonio acabará forjando una cálida y leal camaradería.

En febrero de 1943 tiene lugar la batalla de Krasny Bor, donde los soldados de la División Azul padecieron una derrota devastadora a manos del ejército soviético bajo el frío implacable de la estepa rusa. El balance fue atroz: miles de muertos y otros tantos prisioneros españoles constituyeron el botín que las huestes de Stalin arrancaron en Krasny Bor. Expósito y Medina figuran entre los cientos de cautivos, y durante años deambularán de gulag en gulag, acompañados tan sólo por el hambre, el frío, la inmundicia y algunos camaradas de trinchera. Para dar forma a estas páginas, Juan Manuel de Prada se nutrió de numerosos libros de memorias escritos por los divisionarios españoles que tuvieron la fortuna de sobrevivir para contarlo.

"Más de quinientas páginas de gran literatura aguardan al lector que en su día dejó escapar esta novela"

Tras más de once años de cautiverio, los prisioneros de guerra que continuaban en la Unión Soviética fueron devueltos a España. Expósito y otros doscientos hombres arriban en el puerto de Odesa, donde está atracado el barco. «Semíramis, en honor a la reina que fundó Babilonia, navegaba bajo pabellón liberiano, era propiedad de un armador griego y había sido contratado por la Cruz Roja francesa». Una semana después, la embarcación llegará al puerto de Barcelona, donde es recibida por una gran multitud y algunos jerarcas del Gobierno de Franco. La vida de Expósito, y la propia novela, encaran otro giro de guion para seguir ganando días a la muerte.

Antonio regresa a una capital que está despertando de la siesta macabra de la guerra. «Era un Madrid nuevo, que trataba de parecerse, un poco lastimosamente, a otras capitales europeas, y que las imitaba sobre todo en su apoteosis de feísmo urbanístico, en su alegría de hormiguero, con clases medias que se disputaban hacendosamente las migajas del festín que se embaulaban los chupópteros del Régimen». En esta tercera y última parte, De Prada concibe una vibrante historia policiaca, de pura novela negra, género que aparece en otras narraciones del autor como La vida invisible (2003) o Lucía en la noche (2019). Las manos del protagonista trenzarán juegos malabares con embustes, traiciones y mucha pólvora mientras hace de la mentira un arte y del riesgo una disciplina, avanzando sobre el filo del desastre para conservar la vida y, quién sabe, si alcanzar la gloria.

Más de quinientas páginas de gran literatura aguardan al lector que en su día dejó escapar esta novela, o a aquel que desee regresar a ella con una mirada renovada. La anhelada —especialmente por su autor— resurrección editorial de Me hallará la muerte, catorce años después y de la mano de Espasa, brinda una espléndida ocasión para reencontrarse con una de las cumbres narrativas de Juan Manuel de Prada que, de manera incomprensible, ha permanecido ausente durante muchos años de los estantes de las librerías.

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