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La casa de Cervantes inundada por el Esgueva en 1936

La casa de Cervantes inundada por el Esgueva en 1936

Fue una de las frecuentes agresiones que hacía el río Esgueva a la ciudad de Valladolid. Ocurrió en el mes de febrero de 1936 (ha hecho ya 90 años), y los lectores de El Norte de Castilla pudieron leerlo en la sexta página (entonces las llamaban planas) del número del sábado 22. Muchos vallisoletanos se habían asomado el día anterior a las inmediaciones del lugar para verlo de cerca y personalmente, que es como verdaderamente cunden los sucesos peligrosos.

El periódico anunciaba en Primera que la edición iba a diez páginas al precio de 15 céntimos. La sexta plana se abría con estos titulares: “El desbordamiento del Esgueva y la crecida del Pisuerga. Ambos ríos descienden de nivel, renaciendo la tranquilidad. Los daños producidos por la inundación en la Casa de Cervantes”.

A continuación entra en el relato de los hechos, advirtiendo por nuestra cuenta que en la actualidad la famosa casa en la que vivió con su familia Miguel de Cervantes se encuentra en lo que pudiéramos llamar una hondonada, debido al crecimiento de la ciudad y el aumento de la cota cero del tejido urbano. Volvamos a la crónica periodística.

"El señor Piñeiroa, con el bibliotecario de la casa, señor Sanz y Ruiz de la Peña, entraron en el edificio, salvando algunos libros que flotaban sobre las aguas"

“Como ya indicábamos en nuestro número de ayer, desde las primeras horas de la tarde una brigada de obreros, a las órdenes del contratista de obras don Félix San José se dedicó a hacer un muro de contención en la calle del Perú para impedir la posible bajada del agua por la calle del Rastro hasta la Casa de Cervantes. En ésta se elevaron tapiales de contención en las puertas, como medida de precaución. Posteriormente acudieron los técnicos municipales con brigadas de obreros, que cuando ya era inminente la llegada del agua, se dedicaron a engrosar el muro colocando sacos terreros que eran transportados por camiones. Se consiguió con estos trabajos dirigir la corriente por la calle del Perú, y hubiese resistido la obra realizada el ímpetu del agua, a no ser por la precipitación con que por algunas personas, temerosas de los efectos de la inundación, hubieron de retirar algunos de los sacos. El agua se precipitó por la pendiente (de la calle del Rastro, llamada en tiempos de Cervantes calle del Rastro de los Carneros) al abrirle la puerta algunos vallisoletanos irresponsables, alcanzando en escaso tiempo una altura de dos metros, rebasando los muros hechos en las puertas e inundando hasta la referida altura la magnífica Biblioteca Popular, instalada en la planta baja del edificio (donde vivió Cervantes)”.

“Los sumideros no funcionaron por causa de la presión que sobre el tubo de drenaje hacía la corriente del Pisuerga, y agravó la situación la rotura de las cañerías interiores. Pese a los esfuerzos realizados por el personal de la Biblioteca, no se pudieron salvar de los efectos destructores más que escasísimos volúmenes y nada del mobiliario de época, bargueños, mesas, sillones y esteras, instalados en la planta baja. Después de las tres de la madrugada, y merced a la oportuna intervención del Capitán de Asalto, señor Piñeiroa, que acudió con fuerzas de la Guardia Civil, se emprendieron nuevamente los trabajos de contención realizados por un grupo de obreros, que rivalizó en denuedo y entusiasmo. El señor Piñeiroa, con el bibliotecario de la casa, señor Sanz y Ruiz de la Peña, entraron en el edificio, salvando algunos libros que flotaban sobre las aguas”.

“Se espera el informe de los técnicos que dictaminen los posibles daños sufridos por el edificio, que a lo que parece no ofrece peligro de hundimiento”.

"Los daños sufridos por la Casa de Cervantes no se hubieran producido de no mediar la intervención apañadora de algunos ciudadanos"

Debajo de este texto se da cuenta del estado en que se encuentra la suscripción municipal abierta en la Depositaría del Ayuntamiento en favor de los damnificados por la inundación del río Esgueva. La suma anterior daba la cantidad de 167.518,63 pesetas, a las que, sumada la nueva relación en la que hay cantidades de 30 pesetas, pero también de 1,50, se alcanza la sustanciosa cantidad de 170.955,53 pesetas.

Se informa de que las aguas del Esgueva han decrecido notablemente. “Las calles inundadas, una vez abiertos los colectores y las colaguas, quedaron en pocas horas totalmente limpias de agua. En algunas casas se volvieron a meter los muebles que se habían sacado horas antes ante el temor de una crecida del nivel de las aguas. Se restableció la normalidad en las calles Pi y Margall (hoy Panaderos), Ruiz Zorrilla, plaza Circular y parte de la de Tudela. También quedó expedito el paso hacia Las Delicias por el Portillo de la Merced. La parte de las eras en el barrio de La Pilarica y en el límite del de San Isidro continuó durante todo el día inundada, aunque el nivel de agua bajó”.

Los daños sufridos por la Casa de Cervantes no se hubieran producido de no mediar la intervención apañadora de algunos ciudadanos que se llevaron a sus casas los sacos terreros que contendrían y encauzarían  las aguas por la calle de Perú y abrieron hueco para que descendiera por la calle del Rastro. El cronista lo dijo con mucha elegancia: “… a no ser por la precipitación con que por algunas personas, temerosas de los efectos de la inundación, hubieron de retirar algunos de los sacos”.

Así de mal estaban las cosas en Valladolid por culpa de nuestros dos ríos urbanos. El Norte de Castilla dedicó una página a los efectos de las inundaciones del Pisuerga y el Esgueva, publicando ocho fotografías muy elocuentes de “nuestro redactor señor Cacho”, de la calle Pi y Margall, el Portillo de la Merced, las vías del ferrocarril ocultas por el agua, una calle del barrio de San Andrés, el puente de La Pilarica y las piscinas Samoa cubiertas por el agua.

Pero no piensen que solo pasaban estas desgracias en Valladolid. En la pagina 4 del número del día 21 de febrero de aquel año 36 de El Norte de Castilla se daban los siguientes titulares: “En Sevilla continúa lloviendo torrencialmente y aparecen inundados varios barrios de la ciudad y pueblos de la provincia. En Badajoz crece el Guadiana. En Tordesillas y Zamora, el Duero aumenta su nivel en tres metros. Nuevo desbordamiento del río Cea”.

"Curioso resulta que junto a esta información de la catástrofe de la Casa de Cervantes, el periódico publicaba la información deportiva"

Estos eran los titulares del día. Pero en el desarrollo de algunas de las noticias se escribe que el río Alberche lleva en Ávila seis metros sobre su nivel ordinario; en Pollos, desbordamiento del río Duero por tercera vez en lo que va de año (estábamos en los días previos a la declaración de la guerra incivil).

Los daños y las pérdidas, incluso de alguna vida, ya se advertían el día anterior, el 19 de febrero, en la 6ª pagina del periódico pinciano: “Las crecidas de los ríos. En Madrid se desborda el Manzanares. Alarmante crecida del río Alberche. En Sevilla las aguas invaden varias casas, y a consecuencia de los fuertes aguaceros se derrumban algunas chozas del barrio de Amate. En la cuenca de los ríos Sar y Ulla las aguas arrastran a una mujer, que perece ahogada. En la provincia de Salamanca se inundan más de cien casas, y la situación en muchos pueblos es angustiosa. Llueve torrencialmente en Zamora”.

Si desean ustedes saber todo lo que se puede saber sobre las crecidas del Esgueva y del Pisuerga, les aconsejamos que lean el trabajo publicado en el número 7 de la colección Cuadernos Vallisoletanos (1986), firmado por la académica y profesora de la Universidad María Antonia Fernández del Hoyo, titulado Inundaciones, incendios y epidemias. En él ofrece información de las inundaciones más dramáticas de nuestra historia, esto es, las de los años 1636 (el agua del Pisuerga llegó hasta la fachada del convento de Santa Teresa, donde hay un testimonio en piedra), 1730, 1788, 1924 y 1936; y también da información documentada de las más recientes y menos trágicas de los años 1947, 1948 y 1960.

"¿Cuál fue el resultado del encuentro? La primera parte terminó cero a cero, pero en la segunda nos calcaron tres goles de tres zapatazos inteligentes"

Curioso resulta que junto a esta información de la catástrofe de la Casa de Cervantes, el periódico publicaba la información deportiva. Ésta se limitaba a una columna en la que daba cuenta del partido de fútbol que el equipo local iba a disputar en el campo de El Parral frente al Nacional madrileño, valedero para la Copa de España. Al campo de El Parral se le llamaba también “de la Fuente del Berro” y estaba cerca de la calle Doctor Esquerdo. Era un partido que se había retrasado por razón de las elecciones generales verificadas el domingo anterior. El equipo local (creo que ya se llamaba Real Valladolid Deportivo), alineó a los siguientes jugadores: Miguel (un portero nuevo); Tamayo, Jesusín, Villita; Villanueva, López; Fernandito, Barrios, Hoyos, Alonso y Emilín. Para darle ánimos al portero recién fichado, el informador escribió: “Miguel, el nuevo y buen portero, debutará dispuesto a jugarse la “caspa” bajo el marco, antes que dejar pasar un balón”.

Si termino aquí este artículo se me echará en cara que dejo un cabo suelto. ¿Cuál fue el resultado del encuentro? La primera parte terminó cero a cero, pero en la segunda nos calcaron tres goles de tres zapatazos inteligentes del debutante del Madrid, un tal Pitux. Los nuestros no mojaron y regresaron bolos. ¡Qué manera de truncar el disfrute! Si hubiéramos dejado este texto sin los pormenores, la cosa hubiera quedado en el aire, en una placentera incógnita, casi en una hipotética victoria. Pero la verdad y la historia son implacables.

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