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Detalle de Espana al revés, de Jesús Torrecilla

Decía Machado que “ni está el mañana ni el ayer escrito”. Y más aún, podríamos decir que el pasado, a veces, resulta impredecible. Lo digo mirando de reojo la actualidad política y leyendo con asombro un libro de historia que apareció hace poco: España al revés, de Jesús Torrecilla, editado por Marcial Pons. Un buen libro de historia —y este es magnífico— tiene cierto pulso de aventura, regusto de novela. No son pocos los que, en los últimos años, nos han ensanchado la mirada y han colmado nuestras papeleras domésticas de clichés gastados sobre lo que pensábamos que pensamos. Por eso resulta imprevisible. Dejen que les cuente.

"España al revés es la prueba evidente de que el pasado no está escrito, en realidad está muy frágilmente encajado, es un castillo de naipes"

España al revés es la prueba evidente de que el pasado no está escrito, en realidad está muy frágilmente encajado, es un castillo de naipes. Cuenta Jesús Torrecilla en el libro cómo los liberales españoles tuvieron que hacer frente a la acusación de afrancesados, o de agentes de Francia durante la Guerra de la Independencia, y de traidores al volver Fernando VII, cosa sabida. Pero sobre todo cuenta con meticulosidad y rigor cómo quisieron —cómo pudieron— inventar después un patriotismo español progresista, desanclado de Francia, y cómo fue posible que lo hicieran rebuscando entre las raíces de la misma historia de España, por mucho que los absolutistas de entonces, de altar y trono, hubieran vallado esa historia como de su propiedad. Saber cómo cazaron su imaginario en aquel coto privado y en rebeldía es la historia de esta gran aventura, llena de inteligentes intuiciones para el lector de 2016.

Escribieron de nuevo la historia de España desde otro prisma. Así, cuenta Torrecilla cómo encontraron en Al-Ándalus un mito fundacional que contrapusieron a la Reconquista, y en la revuelta de los Comuneros una inspiración para argumentar a favor de una Monarquía limitada y no absoluta, después de que Fernando el Deseado se hubiera ciscado en la Constitución de Cádiz con aquella orden tan baudrillardiana de “no ha existido en el tiempo”, no ha tenido lugar.

El historiador de la UCLA que firma este España al revés —subtitulado “Los mitos del pensamiento progresista (1790-1840)”— ha escrito un ensayo sabroso en detalles que sigue, paso a paso, los poemas, obras de teatro, proclamas y discursos que pusieron en pie un modo de soñar España fuera de las rutas imperiales y antitético. Y es admirable por el tono con el que mide las consecuencias que tuvo esta cuña en el resto de conflictos del siglo que acabaron desembocando en gran tragedia en 1936. Las dos Españas se soñaron desde el principio —desde los principios— en mundos irreconciliables.

Una legión de vencidos cobraba voz en el empeño liberal: comuneros, aragoneses muertos por sus fueros, judíos y moriscos expulsados, catalanes austracistas, indígenas americanos… Todos los excluidos de la historia por la visión monolítica de la España católica que el absolutismo enarbolaba. Pero queda claro que se trataba de una voz mediatizada para ese fin político.

Aun así, merece la pena ver con tanto detalle la fotografía de aquella generación proscrita de liberales prendiendo, para poder respirar, la chispa de un conflicto (la de varios, con tal de mover aquella realidad aplastante) para los cuales aún no tenemos medicina en nuestros días.

Si este libro merece la pena es, sobre todo, por conocer la realidad de los hechos: leer cómo la Reconquista devino en guerra civil a sus ojos no obsta para otorgarles su importancia. Ni tampoco ver a los comuneros blandidos a veces contra Napoleón, otras contra el influjo castellano en Cataluña, o también como herederos del espíritu de las Cortes de Aragón, incluso como meros justicieros de esencias castizas frente a cualquier afrenta. Comuneros sin fronteras, salidos de los privilegios de una edad media que se daba la vuelta una y otra vez como un calcetín.

"Aquellos liberales reformadores, que venían de algunos hombres buenos del XVIII y pasaron de Jovellanos o Goya a Larra y Blanco White, son también antecedentes claros de la Tercera España"

Los discursos eran sumamente maleables, en los fueros y en los huevos. Pero también es cierto que aquellos liberales reformadores, que venían de algunos hombres buenos del XVIII y pasaron de Jovellanos o Goya a Larra y Blanco White, son también antecedentes claros de la Tercera España. Dos de nuestras tres complejidades llevan su aliento.

Resulta, por último, emocionante ese momento en el que, por encima de sus muchas derrotas —y no es la menos dramática haberse equivocado al interpretar el afecto del pueblo—, por encima de toda construcción ideológica, se plegaron a la política posibilista, con patriotismo: son los mismos liberales que nada más ser perseguidos y ejecutados por Fernando VII y muerto el Rey, se aprestan en socorro de la niña Isabel, su hija, y de la Regente, cuando los absolutistas se sublevaron bajo el carlismo. Y entonces ponen en marcha las pocas reformas que pudieron sostener.

Espana al revés, de Jesús TorrecillaPocas veces una obra mezcla en un solo brebaje todas esas palabras. España al revés es un libro de historia cultural, y por ello su lectura es dos veces impredecible, o imprescindible.

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Título: España al revés. Autor: Jesús Torrecilla. Editorial: Marcial Pons. Edición: Papel

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