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La mujer no necesita alas para volar

La mujer no necesita alas para volar

En los últimos días de su vida, exiliada y casi ciega, Clara Campoamor decide contar la verdad sobre su lucha y sus derrotas. Su relato revive el enfrentamiento con Victoria Kent, aliada y antagonista en la defensa de la igualdad. Una herida política y personal que, décadas después, aún no ha terminado de cerrarse.

En este making of Ana G. Herráez explica cómo escribió Donde habita tu reflejo (Espasa).

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El título de este texto ha surgido de forma espontánea, inspirado por el nombre de un ensayo que Clara Campoamor escribió en torno al año 1942. Lo llamó “La mujer quiere alas” y en él hablaba de cómo las féminas iban haciéndose un hueco en ámbitos que antes les estaban vedados. Tal era el caso de las pioneras estadounidenses que empezaron a trabajar como pilotos durante la Segunda Guerra Mundial. Estos días, ya inmersa en la promoción de mi nueva novela, Donde habita tu reflejo, protagonizada por Campoamor y Victoria Kent, las primeras diputadas de España, no paro de pensar en ellas y en todas esas mujeres que se dejaron (y se dejan) el alma no ya para romper el techo de cristal, sino las paredes y hasta el suelo de acero que ciertos sectores de la sociedad construyen a su alrededor para impedirles volar libres como aquellas aviadoras.

Cuando comencé a planificar mi narración, solo sabía que quería hablar de las dos políticas, pero no tenía claro qué podía decir sobre ellas que no se hubiera contado ya. Empecé sumergiéndome en los libros escritos tanto por la madrileña (La revolución española vista por una republicana y Mi pecado mortal: El voto femenino y yo) como por la malagueña (Cuatro años en París). Después, devoré todos los artículos y ensayos que pude encontrar sobre ellas. Y finalmente, compré un billete de avión. Con alas prestadas, volé a Lausana, destino de Campoamor en dos momentos clave de su vida: cuando hubo de salir de España junto con su madre y su sobrina en julio de 1936, y en 1955, cuando regresó de Argentina y acabó quedándose para siempre a orillas del lago Lemán, dado que el retorno a la península resultaba imposible mientras siguiera vigente la condena que el régimen franquista había decretado contra ella in absentia, convirtiéndola así en una proscrita. Durante mi estancia en esa ciudad de cuestas imposibles y elegancia extraordinaria, me emocionó imaginar a Clara caminando por sus calles agarrada del brazo de la abogada Antoinette Quinche, quien en las dos ocasiones le abrió las puertas de su hogar, que ambas compartieron hasta el fallecimiento de Campoamor en 1972.

"Mi siguiente viaje me llevó hasta una de esas franquicias que el infierno posee en la tierra: el antiguo campo de concentración de Ravensbrück, cerca de Berlín"

Después, seguí los pasos de Victoria Kent por París, en sitios como el Bois de Boulogne, donde hubo de ocultarse durante un tiempo mientras los nazis ocupaban la capital francesa. También me acerqué a la agradable playa de Argèles-sur-mer, donde en el pasado existió un campo de concentración en el que muchos de los españoles que habían huido tras el golpe de Estado del 36 acabaron sus días abandonados a su suerte. Quien la visite hoy en día nunca sospecharía qué tipo de instalaciones se extendían por esa misma arena que ahora acoge a bañistas. Kent, que como miembro del Gobierno de la Segunda República se ocupó de la evacuación de familias desde Francia hacia América, por fortuna no acabó internada allí, aunque, al igual que muchos de sus compatriotas, vivió en carnes propias el dolor del exilio y, como Campoamor, nunca volvió a residir en España.

Pero no todo fueron visitas a lugares agradables durante el proceso de documentación. Mi siguiente viaje me llevó hasta una de esas franquicias que el infierno posee en la tierra: el antiguo campo de concentración de Ravensbrück, cerca de Berlín. La idea de ir a conocerlo había ido surgiendo a medida que me alejaba de los datos históricos más conocidos de la vida de las dos diputadas y me adentraba en el terreno de la ficción.

"A lo largo del camino podréis acompañarlas no solo a ellas, sino también a tantas otras personas que arriesgaron o perdieron la vida para intentar hacer de este mundo un lugar mejor"

A partir de entonces, supe que para trazar la línea argumental habría de transitar por dos sendas paralelas que, de tanto en tanto, confluirían y volverían a divergir. En una, la Historia (así, con mayúsculas) me condujo por sucesos como el alzamiento franquista contra el Gobierno de la República, la lucha contra el nazismo tanto en Europa como en Latinoamérica y la firma de los Pactos de Madrid (1953). En la otra, la imaginación, dotada de sus propias alas, guio mis pasos y me permitió hacerles un regalo a estas dos formidables mujeres que en la vida real perdieron su hogar, su posición social y también la profesional: les ofrecí la posibilidad de seguir defendiendo sus ideales a través de actividades que no revelaré aquí y que podrían perfectamente haber llevado a cabo durante los años que pasaron fuera de España. Después de todo, en algunos momentos de su existencia (la verdadera) las dos exdiputadas guardaron tal silencio que resulta difícil saber a ciencia cierta a qué se dedicaron, por lo que nada me impedía idear una hipótesis literaria sobre sus andanzas.

Así pues, quienes os aproximéis a las páginas de mi novela, encontraréis a Campoamor y Kent (o a “la Clara y la Yema”, como se refirieron a ellas en la revista de humor político Gutiérrez tras su enfrentamiento en el Congreso en octubre de 1931) recorriendo el peligroso mapa de las décadas de los 30, 40 y 50 del siglo XX, en el que las guerras, los totalitarismos y la lucha por las libertades y la dignidad humanas servirán de telón de fondo para sus trayectorias vitales durante el exilio al que ambas se vieron abocadas. Y a lo largo del camino podréis acompañarlas no solo a ellas, sino también a tantas otras personas que arriesgaron o perdieron la vida para intentar hacer de este mundo un lugar mejor. Ahora nos toca a nosotros recoger el testigo y aprender a volar, como aquellas valientes aviadoras. Como Clara y Victoria.

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Autora: Ana G. Herráez. Título: Donde habita tu reflejo. Editorial: Espasa. Venta: Todos tus libros.

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