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La red antisocial (Arresto domiciliario 60)

La red antisocial (Arresto domiciliario 60)

No es lo mismo, ilustraba mi profesor de lingüística, decir “lo mejor que puedo hacer es estar contigo”, a confesar que “estoy contigo porque no tengo otra cosa mejor que hacer”. Y no obstante es igual, técnicamente hablando. No lo tomes a mal, Cuarentenario, pero esta paradoja nos define. Entre pasar las horas en el teléfono, jugando al Toon Blast o charlando contigo, elijo sin dudarlo la opción tres, no porque me resultes más ameno sino porque eres mudo, y ello te hace una opción extraordinariamente competitiva.

"Al igual que viciosos, malandrines y pecadores varios, encuentro que mi exceso es poca cosa comparado con otros en verdad alarmantes"

¿Ya ves lo que te digo? Si mis seres queridos —correclusa, padre, mánager— no pueden verme hablando del Toon Blast sin expresar cierta preocupación, aunque sea a través de un chiste ácido, tú aguardas con querúbica paciencia a que me gaste la última vida para ser acreedor de toda mi atención. Afortunadamente no soy un crack, pese a haber iniciado en el 2017 y estar hoy más allá del nivel cuatro mil. ¿Debería tal vez darme vergüenza? Gracias, en todo caso, por no contestar.

Al igual que viciosos, malandrines y pecadores varios, encuentro que mi exceso es poca cosa comparado con otros en verdad alarmantes. El líder de mi equipo, por ejemplo, acostumbra avanzar cuando menos mil fases por quincena —amén de los cincuenta niveles de rigor—, mientras yo con trabajos logro pasar de las ciento cincuenta. Lo cual en cierto modo me intimida, porque en el chat del juego ni pío digo, aunque a ratos los leo con morbo radiográfico. ¿Cómo viven, qué piensan, qué hacen los auténticos cracks del Toon Blast, si es que les queda tiempo para invertirlo en cualquier otro empeño? Ayer mismo les dio por abordar el tema de la pandemia. Comencé así a entender —es uno lento, a veces a propósito— cómo se las arreglan mis coequiperos más adelantados para alcanzar semejantes puntajes.

"No me digas, viejo Cuarentenario, que nunca has conocido el impulso insensato de malograrte"

—Ese virus no existe —afirmaba la subcampeona del equipo. —Lo que pasa es que los gobiernos quieren aprovecharse de nosotros.

—Puede que en China se hayan muerto unos cuantos, pero eso está muy lejos para que nos afecte —concedía a su vez el cuarto lugar. —En realidad es un catarro cualquiera.

—Pues sí, pero ya sabes cómo somos aquí de escandalosos —terció el número uno, de seguro meneando la cabeza.

Enseguida sentí la muy tuitera tentación de sugerirles que no fueran tan brutos, pero en ese momento me invadió la no menos tuitera certeza de que más tardaría yo en apercibirles que ellos en expulsarme del equipo. Desde luego uno entiende que a quien se pasa el día y la noche construyendo su prestigio de crack no le quedará tiempo para informarse en torno a otros asuntos, como sería el básico cuidado de su vida (con la cantidad de ellas que gana cada día en el Toon Blast), porque al fin así somos los monomaníacos. Una vez zambullidos en el frenesí, jamás tenemos nada mejor que hacer, así nos haga daño y nos aísle del sistema solar. No me digas, viejo Cuarentenario, que nunca has conocido el impulso insensato de malograrte. Una vez más, gracias por tu silencio. Qué descanso, sentirse comprendido. Ahora, con tu permiso, tengo unas pocas vidas por quemar.

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