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Las mejores mentes

 

En su último trabajo,Trilogía de la guerra (Biblioteca Breve de Seix Barral, 2018), Agustín Fernández Mallo, una de las mejores mentes de su generación, parafrasea un verso de Aullido, de Allen Ginsberg, sustituyendo la palabra «locura» por «Facebook». Para llamar la atención, la frase funciona, más en el contexto en el que nos movemos en este arranque de 2018 y en el de la novela en concreto. Una maravilla, la novela, pero la frase citada no creo que encierre verdad alguna, aunque nos fuerce a pensar sobre el tema.

No creo que las mejores mentes de mi época hayan sido destruidas por Facebook, Twitter o LinkedIn. Las redes sociales nos han traído un montón de cosas buenas, como la capacidad de identificar a las peores. Como dirían los Lehendakaris muertos, son un buen detector de gilipolleces. Nos muestran cómo somos y eso no siempre es agradable.

En una sociedad que sigue el ritmo de Benjamin Button, que es más infantil cada día que pasa, lo de culpar a los demás de nuestras miserias funciona. Ahora la moda es defenderse de las decisiones propias culpando a un algoritmo: «Voté a Trump, al Brexit o a la cabra de la legión porque Facebook me manipuló»; «Perdí las elecciones a la comunidad de vecinos porque los demás se dejaron llevar por las redes sociales».

Si piensas así, puede que no seas una de las mejores mentes de tu generación, pero sí una de las más irresponsables. Que las redes sociales usan los datos de sus usuarios para ganar dinero no es nuevo, es su modelo de negocio, mucha gente invierte en él, cualquiera con ahorros, si es que los ahorros siguen existiendo, puede hacerlo. Que las redes sociales ofrecen un servicio útil a cambio de esos datos también es innegable, aunque muchos las usen sin pies ni cabeza. Descubrir ahora que las plataformas digitales son empresas con cuenta de resultados, y no ONGs, demuestra la imbecilidad de muchos, algunos con firma en medios de comunicación importantes.

Quiero pensar que las mejores mentes de mi generación no caen en el timo del tocomocho, saben que la homeopatía es la ultima pantalla en el juego de las noticias falsas, que la tierra es redonda y que los políticos, las marcas, el tendero de la esquina o su familia y amigos quieren influir en las tomas de decisiones. Espero que las mejores mentes de mi generación se hayan caído del guindo.

Una cosa es que se usen nuestros datos de un modo ilícito e incluso ilegal y otra que seamos tan tontos como para ofrecer resultados satisfactorios porque sí a quien quiere influir en nuestro día a día a través de un mensaje patrocinado. El algoritmo es el nuevo deus ex machina. Culparle a él del giro de los acontecimientos que no nos gustan es un síntoma de irresponsabilidad, de infantilismo, algo muy extendido entre las peores mentes de nuestro tiempo, esas que tampoco entienden la sátira, la parodia o la más simple ficción, esas que lloran cada vez que escuchan algo que no les gusta.

Lo que destruye mentes no es Facebook, ni la tele, a quien se culpaba antes. Es la tontería sumada a la soberbia. Hay quien sigue pensando que ‘los malos’ ganan elecciones por culpa de una fórmula matemática capaz de manipular a los demás, ya que nadie admite haber sido convencido por un enlace promocionado. Eso relaja mucho, nos descarga de responsabilidad, le pasa la pelota a «los demás» y a una secuencia de unos y ceros, pero sigue abonando el terreno de la estupidez.

Quiero creer que las mejores mentes de mi generación deciden por sí mismas y leen a Agustín Fernández Mallo y a muchos más.

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