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Las mil y una noches americanas

Las mil y una noches americanas

Recuperar los mitos es una manera de preservar la memoria de los pueblos que los han tejido con ese finísimo hilo que es la palabra. Muchos pueblos han desaparecido, pero sus mitos han permitido que su palabra y, con ella, su espíritu, pervivan. Como dice la escritora mexicana María García Esperón, “ahí está el secreto de su inmortalidad”. Continuando con la idea de su Diccionario de mitos clásicos, el cual recupera mitos griegos y romanos, García Esperón ha escrito un Diccionario de mitos de América (Ediciones El Naranjo), en el que compila más de 50 relatos que recorren la geografía cultural de Alaska a la Patagonia, donde se recupera la visión de algunas culturas icónicas y otras casi desconocidas que explican el origen del mundo, los desastres naturales, el sentido de la vida y su relación con el mundo espiritual. Los personajes clásicos europeos, como Caronte, el Fénix, Orfeo, Sísifo y Zeus, muestran ahora su rostro americano, y se llaman Hurakán (también llamado el Corazón del Cielo), Quetzalcóatl y Kukulkán (la Serpiente emplumada), Tláloc, (señor de la lluvia) o los gemelos Hun y Vucub Hunahpú (del Popol Vhu), quienes descendieron al inframundo para ser sacrificados por los señores del Xibalbá. La idea de García Esperón —quien reconstruye historias de tradiciones tan diversas como la hopi de Norteamérica, la guaraní amazónica, la mapuche andina, o la maya y azteca mesoamericana, las cuales coexistieron con otras menos conocidas como la algonquina de Canadá, los taínos de las Antillas, los bribris y cabécares de Costa Rica y selknam de la Tierra del Fuego— es que mientras los mitos de Grecia y Roma han tenido incontables poetas que los han trovado y recreado, los de América apenas han tenido a los arqueólogos y antropólogos, pero no a muchos literatos, así que este libro es para la autora una invitación velada para que haya más fabuladores contemporáneos que a partir de todos estos mitos puedan tejer unas “Mil y una noches americanas”. Si para García Esperón recopilar los mitos clásicos del viejo continente nació con el propósito de valorar la parte occidental que llevan los pueblos americanos en su cultura y en su educación, ahora ha tratado de llenar un vacío, pues faltaba la parte original que viven, comen y respiran en América, y que no suele aparecer en los libros.

NOSTALGIA DE LA CIUDAD PERDIDA

"Recuperar los mitos es una manera de preservar la memoria de los pueblos que los han tejido con ese finísimo hilo que es la palabra"

Con Déjame, su nueva novela publicada por Océano, el escritor y cronista Armando Ramírez (1952), vuelve a su primer amor: el Centro Histórico de la Ciudad de México, un lugar que él concibe como de tres capas y mil enigmas, porque ha podido ver cómo conviven ahí tres culturas en un mismo espacio: la prehispánica, con el Templo Mayor como una afirmación del mundo precolombino, la cultura novohispana, con su inmensa cantidad de edificios barrocos, conventos y palacetes, y el bullicioso México contemporáneo, una convivencia que para el autor resume el ser mexicano. Ramírez es de los que se oponen a la idea de que los aztecas fueron vencidos por los españoles con ayuda de tlaxcaltecas, xochimilcas y texcocanos, y opina que más bien hay que aceptar que hoy los mexicanos tenemos abuelos españoles y aztecas, que no debemos sentirnos “conquistados” y es hora de quitarse el “síndrome de la conquista” que solo crea un complejo de inferioridad. Pero ojo, tampoco está de acuerdo en referirse a España como “la madre patria”. En todo caso, dice, somos como primos hermanos de los españoles, pero no sus hijos. El argumento de su nueva novela se apoya precisamente en una palabra que resume la distancia y la extrañeza, en el caso de la historia que desarrolla, entre un hombre y una mujer, porque “déjame” tiene para el escritor un tono de “no te vayas”, como esos boleros que pueblan la atmósfera de este libro y que son muy del romanticismo latinoamericano. Aquí le canta, con cierta nostalgia, como se cantan estas cosas, a la vieja ciudad que se está yendo, pero también cuenta la relación entre un hombre y una mujer llamada Lucía Buñuel, en quien el autor descubre una tensión emocional que resume la relación conflictiva entre dos culturas que no terminan por reconciliarse, mientras recupera fragmentos de la historia del México antiguo y contemporáneo, al tiempo que rescata su pasión por el habla de la gente, un asunto en el que, con obras como Chin chin el teporocho, Noche de califas, La casa de los ajolotes o La tepiteada, ha demostrado ser un observador privilegiado con un magnífico oído. Salud, maestro.

ROSARIO CASTELLANOS, UNA VIDA

"Rosario Castellanos es una voz imprescindible de las letras mexicanas, una escritora versátil, quien lo mismo hablaba de las lavanderas en Chiapas que de mitología"

Rosario Castellanos (1925-1974) es una voz imprescindible de las letras mexicanas, una escritora versátil, quien lo mismo hablaba de las lavanderas en Chiapas que de mitología o de la infausta matanza de mayo de 1968 en Tlatelolco. Esa versatilidad es lo que ha llevado a la escritora Rebeca Orozco a escribir una novela a caballo entre la ficción, la biografía y el reportaje, titulada El aire que se crece (Planeta), frase que proviene de unos versos de Castellanos, cuya obra poética fue la que mayor reconocimiento le dio en el mundo de habla hispana. Dice así su Monólogo en la celda: “Se olvidaron de mí, me dejaron aparte. / Y yo no sé quien soy / porque ninguno ha dicho mi nombre; porque nadie / me ha dado ser, mirándome. / Dentro de mí se pudre un acto, el único / que no conozco y no puedo cumplir / porque no basta a ello un par de manos. / (El otro es el espacio en que se siembra / o el aire en que se crece / o la piedra que hay que despedazar.)” Orozco ha expresado que quienes lean esta novela van a encontrar conceptos profundos sobre el feminismo, aunque a Castellanos no le gustaba que la tildaran de feminista ni de indigenista —escribió una obra maestra sobre el mundo indígena titulada Balún Canán—, pero con su actitud de abrirse paso en la Facultad de Filosofía y Letras, ser diplomática, escritora y periodista, ejerció una gran influencia en las mujeres mexicanas, pues jamás dejó de luchar por que ocuparan un lugar dentro de los espacios culturales, e incluso escribió una tesis de posgrado en la que propuso la hipótesis de que no existía una “cultura femenina”, sino algo más integral que reunía a hombres y mujeres en un mismo espacio humano de lucha común. Así que quienes lean esta novela encontrarán algunas de las razones de sus joyas poéticas y narrativas, y en especial los jóvenes verán cómo una mujer se abrió camino en la vida a pesar de la familia y de las circunstancias muchas veces adversas, y conocerán las contradicciones de un ser que vivió una relación amorosa tormentosa, pues como bien señala Orozco, la vida de Rosario es tan variada que hay para todos los intereses y descubrimientos.

TOSCANA Y PARRA, DOS VOCES EN PLENITUD.

David Toscana (Monterrey, 1961) y Eduardo Antonio Parra (León, 1965) son dos autores mexicanos en la plenitud de sus vidas literarias. El primero acaba de obtener dos de los más prestigiosos premios que se otorgan en México: el Villaurrutia y el Poniatowska por su más reciente novela Olegaroy. El segundo ha consolidado una narrativa breve deslumbrante y multipremiada, y sus dos novelas, Nostalgia de la sombra y Juárez, el rostro de piedra, no han dejado indiferente a nadie. Ambos se han reunido en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, que termina este lunes 4, para hablar de su creación, y habrá que estar pendientes de su futuro, pues se trata de dos voces que confirman que hay gran literatura mexicana más allá de aquello que suelen iluminar los reflectores. Porque ya se sabe: no es oro todo lo que reluce.

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