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Lavarse las manos, de Carmen Ramos

Lavarse las manos, de Carmen Ramos

Diecisiete meses antes del confinamiento forzado por el coronavirus; antes, por tanto, de que obligados y encerrados en casa aprendiéramos por fin a lavarnos a conciencia y a desinfectarnos una contra la contraria las palmas y los dedos, la escritora Carmen Ramos y la editora Lidia López Miguel —al frente de Lastura— sacaron una larga hilera de microrrelatos adosados: Más de veinte maneras de lavarse las manos se titulaba ese libro de octubre de 2018.

Yo conté 64 maneras, como los escaques de un tablero. Y, como las casillas de ajedrez o del juego de las damas, iban y van una adherida a la otra, pero por dentro eran visiblemente distintas. Es decir: el segundo cuento se inicia con las últimas palabras del primero, y el tercero —de personaje y temática diferentes— con las que completaban el segundo, etcétera. Se acoplan, se engarzan —como las piezas que ensamblan un puzzle o como las paredes que unen algunos chalets— y forman un libro de sustancia y organización original. Que refleja la teoría del psicólogo neoyorkino Jerome Bruner en La fábrica de historias: Derecho, literatura, vida. Los seres humanos, asegura, somos «fábricas de historias», y nos permiten las «interacciones sociales», el roce y la convivencia con el prójimo.

"Además de una poderosa unidad, estos sesenta y tantos microrrelatos muestran continuidad. Y también identidad"

Pero al restar mentalmente las páginas dejé fuera un detalle. Aunque la última narración viene en la 77, y la que inicia el collar —el bucle— de microrrelatos en la numerada con el 13, no caí en la cuenta de que el minuendo y el sustraendo (¿se siguen llamando así?) son también cuentos. Realidades. O ficciones de realidades. Fabricaciones. Manufacturas. Sesenta y cinco, pues.

No todos los personajes de este libro acaban lavándose las manos. Otros se quedan con la pastilla de jabón. Otros no tienen casi nada, ni agua apenas. Y además el gesto de restregarse con espuma los dedos y las palmas indica en esta colección de sobresalientes miniaturas bastante más que el cobarde desentenderse de alguna responsabilidad o el no inmiscuirse en un asunto. Otro de los méritos del libro.

Porque, además de una poderosa unidad, estos sesenta y tantos microrrelatos muestran continuidad. Y también identidad: la identidad que nos da el poder contar historias sobre nosotros mismos, de la relación con los demás o incluso con el pasado propio y el de otros. Carmen Ramos abre su población de cuentos y retratos, esa humanísima factoría, con una cita de Jerome Bruner. Y con unas cortazarianas «Instrucciones para lavarse las manos».

"Como resulta distintivo de este género tan minúsculo, en un microrrelato se sugiere más de lo que se explica"

Como resulta distintivo de este género tan minúsculo, en un microrrelato se sugiere más de lo que se explica. A partir de pequeños indicios, quien lea debe reconstruir qué ha ocurrido antes y hacerse idea de qué se proyecta, de qué hay aunque no esté. De esta pieza que habrá leído ya usted —sin título, como todas las «maneras» del libro— inferimos que el chico protagonista se ha caído o que ha recibido un golpe. Y por haber hecho algo que no debía. Y, como otras veces, improvisará una excusa para cuando llegue a casa y su madre le pregunte cómo le ha ido el día. Al padre no se le menciona. No sigo para no desvelar más: lea usted el cuento, no estos párrafos míos.

Dos detallazos me parecen magistrales: «esta vez» y «suspiró». A mí este verbo de la historia del chaval me conmueve. No sé bien por qué: si por la preocupación o la frustración o por notar una injusticia en sus propias venas o por la resignación o incluso la entereza del muchacho o porque no dirá la verdad entera o porque ve y sabe lo inevitable de que las cosas acaben desvelándose dentro de no demasiado tiempo.

El tiempo es frágil, como los cuerpos. Vulnerable. Y en la infancia y la adolescencia las heridas pueden limitar las formas de la vida.

"Fabricar historias, según sabemos, puede caer en contradicciones y discordancias muy humanas. La raíz etimológica de ficción es fingir"

Fabricar historias, según sabemos, puede caer en contradicciones y discordancias muy humanas. La raíz etimológica de ficción es fingir. Mentir o la intención de ocultar la realidad hace tantas veces funcionar esa maquinaria de la narrativa… El chico planea contar la historia de Pepe y la de Marisa para desviar la conversación. Esta actitud ensarta la idea de que a veces se miente para protegerse o para proteger a otros. Esa es la verdad. Y el riesgo. Como les ocurre, genéticamente, a quienes necesitan evitar actividades que pueden acabar con heridas y sangres.

Carmen Ramos (1968), onubense de Gibraleón afincada en Sevilla, economista de profesión, columnista, coordina desde 2015 el proyecto literario «Completamente viernes» y orienta talleres de fomento de lectura y de composición de poesía. Muy reciente es su guía Manual de escritura poética (Ejercicios prácticos para la creación de poemas), que resume su experiencia de años en esas labores. Autora de hasta ahora cinco poemarios, publicó también sus originales Más de veinte maneras de lavarse las manos, un libro que merece, con las puras manos de los lectores, aplausos para ella y sus valientes editoras, Lidia López Miguel y Ana Orantes, de Lastura. Porque ninguna de estas tres mujeres esquiva riesgos. Al revés: se remangan limpiamente los brazos para la acción.

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Más de veinte maneras de lavarse las manos, página 27

Se acarició el brazo derecho justo allí donde había nacido el último moratón. Cerró los ojos y pensó qué le contaría esta vez a su madre. Entraría en casa y se lavaría rápido las manos. Se sentaría a la mesa y dejaría que le preguntase cómo le había ido el día. Él le contaría lo de Pepe y la cagada de Marisa, para distraerla. No se quitaría el jersey, para que no lo viese. Pero sabía que no podía disimular por mucho tiempo, que alguien se lo terminaría por contar a su madre.

Suspiró. Realmente era un fastidio tener hemofilia y no poder montar en bici. ■

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Autor: Carmen Ramos. Título: Más de veinte maneras de lavarse las manos. Editorial: Lastura. Venta: Amazon

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