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30 LiteraSeries USA de esta década (1)

30 LiteraSeries USA de esta década (1)

En lo que va de década, desde 2010, se han hecho para la televisión estadounidense más de 60 series basadas en libros. En este artículo se mencionan unas cuantas, y se enlaza a las reseñas escritas sobre ellas en el blog TVSeriesUSA.

He preferido decir “series basadas en libros” y no en “literatura” porque a veces hay ciertas colecciones de páginas impresas con portada a las que resultaría un tanto difícil llamar “literarias”. Quizá uno de los mayores ejemplos sea Shit my dad says, una telecomedia que adaptaba un libro hecho con los tuiteos que un tipo hacía sobre las idas de olla políticamente incorrectas de su padre. Pero en fin, metiéndonos más en materia, podríamos empezar, por ejemplo, por La Reina del Sur, y no me refiero a la Queen of the South rodada en inglés que se estrenó en junio de 2016 y cuya trama tiene poquísimo que ver con la novela de Arturo Pérez-Reverte, traspasándola completamente a Estados Unidos sin ir jamás por España. Me refiero a la telenovela de 63 episodios, que tiene cabida aquí porque, en efecto, a pesar de estar rodada en español, fue hecha por una productora estadounidense, y su último capítulo batió cifras de audiencia incluso de programas en inglés al norte del Río Grande. Con la población latina creciendo cada año más, no será el último gran proyecto en español hecho en los EE UU de A.

En otro tipo de tono están premiadas miniseries de prestigio, como Olive Kitteridge o Mildred Pierce, ambas hechas por la HBO, donde actrices de gran calibre como Frances McDormand o Kate Winslet arrasan con Emmys y Globos de Oro, interpretando a dos mujeres de vida pequeña y dificultades cotidianas. Con cuatro y cinco episodios respectivamente, da tiempo para relajar el ritmo del relato y dar protagonismo a las interpretaciones mesuradas sin hacerse excesivamente lento.

Grandes “marcas” de la Literatura Universal, esta sí con mayúsculas también han sido adaptadas hace poco, con grados variables de calidad. Si uno menciona Camelot, Drácula, Sherlock Holmes o Sleepy Hollow seguro que todos estos ya se conocían antes de ver estas nuevas propuestas, lo cual dificulta mucho el éxito, dadas las altas expectativas. Camelot, por ejemplo, tiene un Arturo joven y rubito de anuncio de champú, pero a cambio una Eva Green tan espectacular y tan dándolo todo como acostumbra. Y hablando de la Green, mencionemos obviamente Penny dreadful, que no está basada en ningún libro en concreto, pero sí en muchos de los personajes de la edad de oro de los relatos de terror a caballo del XIX y el XX: Frankenstein, el doctor Jekyll, los hombres lobo, Drácula, etc. Intensa, visualmente magnífica y con carne temática a la que hincarle el diente. Por su parte, el Dracula de la NBC es un disparate tan grande (el conde aquí se mete a magnate de las energías renovables con acento yanqui, chúpate esa) que merece la pena verse con el chip cambiado para echarse unas risas. Y quizá también por la rubia mamporrera de los corpiños escotados. Tanto el vampiro como el rey fueron cancelados tras su primera, y única, temporada, mientras que Penny ha durado tres, por decisión del propio creador.

Elementary, que casi llega a los 100 episodios ya, y está renovada por una quinta temporada, nos presenta a un Sherlock Holmes aún británico, pero cuarentón, viviendo en Nueva York en la actualidad junto a una doctora Watson convertida en mujer asiático-americana que en principio viene a ayudarlo con sus adicciones. De vez en cuando aparecen el resto de personajes del canon (puede resultar interesante la vuelta de tuerca que se les da a Irene Adler y Moriarty, por ejemplo), pero la serie principalmente convierte a Holmes en un rápido resolvedor de casos de la semana al estilo de un CSI cualquiera, que por otra parte era el modus operandi también de los relatos originales de Arthur Conan Doyle. Sleepy Hollow, con 50 episodios a cuestas y renovada por una cuarta temporada, expande el relato original de Washington Irving en una trama donde el pueblo del título, al estilo del de Buffy, cazavampiros, parece ser un punto especial de congregación de todo tipo de monstruos, fantasmas y seres sobrenaturales con origen en (y flashbacks a) la Guerra de la Independencia contra los británicos (su versión de George Washington, al parecer, sabía más de este tema de lo que nos han contado los libros de Historia).

En el capítulo de personajes ultrafamosos antes de hacerse la serie cabría hacer mención especial a Hannibal Lecter, cuyo tratamiento televisivo merece alabarse, sobre todo por el logro que supone haber conseguido filmar para una cadena en abierto como la NBC 39 episodios llenos de una imaginería barroca, demencial, estomagante y a la vez bellísima en torno a varios asesinos en serie, entre ellos el famoso caníbal del título. No es para paladares delicados, desde luego. O sí, pero en otro sentido del término.

Tranquilos, que no se va a dejar sin mencionar Juego de tronos. Se ha hecho tan conocida que poco más hay que decir sobre ella, salvo que es otro gran logro, a nivel técnico, narrativo e incluso de conexión global en internet, de esta época dorada de la ficción filmada por entregas. A veces irritante tanto para “muggles” del tema como para frikis nivel experto, tiene puntos cumbre que serán memorables durante generaciones, y ha atraído a la ficción fantástica a gente que no se acercaría a un enano o a un dragón ni con una pértiga. A su estela han nacido otros proyectos de corte más o menos histórico que lo van a tener bastante difícil a partir de ahora, porque todo lo que lleve una espada se va a comparar, sea real o no, con JdT. Entre ellas están, por ejemplo, Vikings, con sus raíces mitad en legendarias sagas escandinavas mitad en vikingos reales de los que asaltaban París en drakkar, The last kingdom, basada en su propia serie de novelas históricas sobre la Inglaterra sajona del siglo IX, Outlander, también colección de novelas comenzada en los años 90, con un toque de magia y/o ciencia ficción aún no aclarado y fuerte protagonista femenina rodeada de kilts en las Tierras Altas escocesas, e incluso, y aquí ya completamente fuera de las conexiones librescas, The bastard executioner, del creador de Sons of anarchy, que él mismo canceló tras la primera temporada. Y de las comparaciones con la Canción de hielo y fuego no se escapan ya ni las series bíblicas. Entre los últimos peplums modernos del tema están The Bible, The red tent y Of kings and prophets, algunas más revisionistas, y otras más al pie de la letra y hechas por cristianos practicantes.

Otro nombre importante, esta vez de autor, que es adaptado incesantemente, es Stephen King. A la larga lista de películas y series que sobre libros suyos se han hecho, esta década ha visto añadirse en Estados Unidos Under the dome, uno de sus típicos extraños acontecimientos misteriosos, que comenzó fuerte y se vino abajo estrepitosamente, y la más compacta y mejor formada 11.22.63, donde se viaja en el tiempo para intentar evitar, de todas las cosas posibles, el asesinato de Kennedy.

Y acabamos por hoy, con el tema de las adaptaciones de sagas de novelas de aventuras fantásticas y sobrenaturales más o menos juveniles, donde hay mucho y abundante para elegir, que hay que empezar a amamantar desde temprano a la próxima generación de dragoncillos. The nine lives of Chloe King va de poderes gatunos, The secret circle va de brujas, Once upon a time es un megamix de cuentos de hadas, mitad hoy mitad en un lugar muy lejano, Grimm tiene una tenue conexión, más en tono que otra cosa, con los grim-osos cuentos de los famosos hermanos alemanes, Eye candy contiene ciberhackers y otra fauna similar, The Shannara chronicles es otro intento de remedo de Tierra Media con elfos, árboles sagrados y demás, Shadowhunters va de ángeles y demonios y hadas y vampiros y brujos y todo lo que pase por ahí (“All the legends are true” es su lema), Beauty and the beast es una cosa romanticona donde hasta la bestia es un guapetón, y The magicians, la más recomendable de este grupo, comienza como una especie de Harry Potter en una universidad americana donde la magia tiene muy mala leche y mucho peligrito si no se sabe lo que se hace.

Y como me falta una para las 30 exactas, mencionaremos Revenge, sugerida por (más que basada en) el motivo del personaje que regresa de un largo encarcelamiento inmerecido y ahora se dedica a vengarse concienzudamente de quienes le hundieron la vida. Pues sí, es la simiente de El conde de Montecristo, pero convertido aquí en una rubia joven en una de las zonas más pijas de Estados Unidos en la actualidad. No, para bien o para mal, ya no se hacen adaptaciones como las de antes.

Quedan todavía otras tantas por mencionar para otro artículo (e insisto en que esto es solo producción estadounidense estrenada por primera vez en los últimos siete años: si nos metemos con lo británico, por ejemplo, no acabamos nunca), pero de momento tienen ustedes para un rato. En la próxima entrega: policiacos, ciencia ficción, terror y neoyorquinas que empinan el codo, entre otras cosas.

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