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Literatura de la felicidad

Literatura de la felicidad

Para algunos es una palabra cursi (Josep Pla), otros no pueden ocultar su enamoramiento y la perciben en cualquier momento (Roberto Benigni). La felicidad está presente desde que nacemos, convivimos con ella y nadie se resiste a su poder de seducción.

Lorenzo Saval, capitán de firme timón de la revista Litoral, ha reunido un inmenso talento literario y artístico en La felicidad, un número extraordinario de 153 textos, que conviene tener siempre cerca para alimentarnos de un optimismo informado y que no podemos confundir en ningún caso con un manual de autoayuda.

Bajo el embrujo de una palabra ya estudiada en la cultura clásica, como recuerda Juan Antonio González Iglesias, la felicidad puede ser una virtud o un anhelo que convive —y a veces se retroalimenta— de la alegría, expresión aliada de esos instantes que pueden aparecer en un destello, o convertirse en un motor de la vida… aunque lleguen sinsabores y claroscuros.

"Se suceden en esta obra de arte cuadros, fotografías y esculturas. Y relatos, poesías y vivencias. Una arquitectura emocional que transmite este sentimiento tan extendido"

Antes de estar vinculada a la buena fortuna, la felicitas estaba unida a la fertilidad o la fecundidad; y Horacio dejó escrito dos expresiones que han sobrevivido siglos y que, siendo esencias del pensamiento epicúreo, ya forman parte de lo popular. Sobre todo, el carpe diem (buscar lo bueno, transformada en la contemporaneidad en vive el presente) y también el beatus ille (evitar lo malo), que se puede acabar convirtiendo en beatus ego (yo estoy feliz).

¿La felicidad es un territorio abonado al pasado, o más bien melancolía del futuro? “Pararse y decir: «Qué feliz soy». Es algo que ocurre apenas unas cuantas veces en la vida”, escribe el cineasta Manuel Martín Cuenca en un delicioso retrato de sus primeros días de estudiante de Imagen y Sonido en la Complutense.

Se suceden en esta obra de arte cuadros, fotografías y esculturas. Y relatos, poesías y vivencias. Una arquitectura emocional que transmite este sentimiento tan extendido y que en palabras de Saval es un “arma caliente que nos dispara el corazón, siempre con la complicidad de un buen sueño, que es el lugar donde reposan todos los deseos”.

Me quedo con Elegía, de Felipe Benítez Reyes:

Todo lo perderé salvo el recuerdo
de los días aquellos luminosos
en que la vida aprisionaba con firmeza
la flor caudal y humana
de una ambigua emoción inexpresable
que cada cual concibe
como felicidad.

O mejor aún, con Borges: “No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”. Leer La felicidad es asegurarte una multitud de esos instantes que sirve Litoral, este paraíso.

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