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Lo que hice por amor

Lo que hice por amor

Ignacio del Valle ha escrito una novela que es un recorrido a lo largo de una historia de amor, desde su arranque hasta su final. Descubrió que necesitaba escribir un relato de esas características durante un viaje a la Costa Azul, sin duda uno de los escenarios más apropiados para este tipo de narración. Y su fuente de inspiración fue, cómo no, El gran Gatsby.

En este making of Ignacio del Valle da los detalles sobre la gestación de Lo que hicimos por amor (Algaida).

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Siempre he estado obsesionado con El Gran Gatsby. O lo que es lo mismo: siempre he estado obsesionado con las historias de amor. Pregúntale al polvo, de John Fante, Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, Saul y Patsy, de Charles Baxter… hay todo un archipiélago de novelas en mi cabeza. La catarsis que dio comienzo a mi novela Lo que hicimos por amor (Algaida) se desató durante un viaje por la Costa Azul en busca de landmarks literarios. Lawrence Durrell, Céline, Anton Chéjov, Jean Cocteau, Henry Miller, Blaise Cendrars, Somerset Maugham, Jean Lorrain, Graham Greene, Henry de Montherlant… una pléyade de autores había recalado bajo aquella luz pura del mediterráneo francés, y entre ellos Scott Fitzgerald. Fue en Antibes, en el lugar donde Fitzgerald había comenzado El Gran Gatsby (ahora un hotel de lujo), donde leí la placa con una frase que había escrito en 1926: “Soy feliz como no lo era desde hace muchos años. Es uno de esos momentos extraños, tan valiosos como breves en los que todo parece ir bien”. Ese fue el momento, el parteaguas.

"También me obsesiona el final del amor, porque no se trata sólo de una separación física: hay todo un universo que desaparece"

Ser feliz. Una empresa tan épica como la batalla de Gaugamela o la de Alesia. Tan grandiosa como la retirada de los diez mil de Jenofonte. Ese era el plan. Contar la historia de un intento de ser feliz, la historia de una pareja, Anabel y Juan, más de una década juntos, los arcanos de la convivencia, el misterio del amor. Leí mucho, recordé mucho, pregunté mucho. Novelas, ensayos; mis propias experiencias; charlas con amigos, con familiares. Conformé un mapa del amor: cuáles son los elementos que lo hacen posible. La atracción, el sexo, el dinero, la comunidad de intereses, la sorpresa y los estímulos. Creación del amor, desgaste, implosión final. Qué hace posible que un amor sobreviva cincuenta años a toda la misilería que recibe a lo largo de la vida. Intimidad, compromiso, pasión. Cuánto de autoengaño también. Los ciclos sexuales apenas duran unos meses, a partir de ahí, la cuesta abajo erótica, y puedes cambiar de pareja para buscar nuevos chutes de dopamina, o asimilar el declive del deseo y plantar la base de una relación duradera. Recuerdo a Clive Owen en la película Closer diciéndole a Jude Law que “tú no sabes lo que es el amor, porque no sabes lo que es el compromiso”. Recuerdo a John Berger diciendo que el amor es un descanso ante el dolor del mundo. Recuerdo a Schopenhauer diciendo que el amor es un mero pretexto para irse a la cama (igual que Philip Roth).

"El amor. Un asunto constante desde que Platón nos lo propuso en El banquete. El amor, que siempre es para siempre, aunque dure diez años"

También me obsesiona el final del amor, porque no se trata sólo de una separación física: hay todo un universo que desaparece. Las costumbres, las memorias, los viajes, los libros, las uniones del cuerpo, los besos y las caricias. Todo ese bagaje implosiona como una estrella que agoniza; puede ser por cansancio, por traición, por celos, porque el amor es frágil, muy frágil. Porque el amor es una obra maestra, como escribía Adriano. Y qué hay del perdón: otra obra maestra. En la novela, la alegoría es el Kintsugi, el arte japonés de convertir la herida en poesía: las tazas se rompen y se reconstruyen, y en lugar de intentar ocultar las cicatrices, se resaltan con finas líneas de oro, que crean una belleza conmovedora, una nueva oportunidad.

El amor. Un asunto constante desde que Platón nos lo propuso en El banquete. El amor, que siempre es para siempre, aunque dure diez años. Deseo, contradicción, aspiración. Pérdida y esperanza. Y siempre con la literatura como horizonte. Siempre con la luz verde al otro lado del malecón. Siempre con Odiseo diciéndole a Calipso que la deja, que se vuelve con Penélope. Siempre con el cónsul Firmin moviéndose a trompicones, empujado por la pluma alcohólica de Lowry, y siempre con su objetivo en mente: “Lograr una obra tumultuosa, tempestuosa, llena de truenos, en ella debe resonar el vivificante verbo de Dios proclamando la esperanza del hombre, pero también tiene que ser equilibrada, grave, y estar llena de ternura, piedad y humor”.

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Autor: Ignacio del Valle. Título: Lo que hicimos por amor. Editorial: Algaida. Venta: Todos tus libros.

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Julia
Julia
2 meses hace

Bonita frase :»El amor, que siempre es para siempre, aunque dure diez años».